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Inaoe: 45 años de ciencia en México

Elena Poniatowska

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ace 45 años, cuando el doctor Guillermo Haro transformó el antiguo Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla en el actual Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (Inaoe), gracias al apoyo del entonces secretario de Hacienda, Hugo Margain, tuvo la certeza de que nuestro país sólo saldría adelante si era capaz de hacer su propia ciencia y decidió ampliar el cielo del observatorio a la óptica y la electrónica, indispensables para la modernización de México. Alcanzar los niveles científicos del primer mundo fue su triunfo. Antes que otros, Haro supo que la llamada ciencia pura tenía aplicaciones prácticas y contribuía al avance de un país. De ahí que insistiera en que todas las instancias gubernamentales, Pemex, Cemex, Secretaría de Pesca, Bellas Artes, tuvieran un laboratorio y recibieran a investigadores formados en el extranjero. Haro estuvo detrás de los suplementos culturales dedicados a la ciencia que dirigió Fernando Benítez. Alegaba que cualquier científico podría escribir una novela y en cambio, ningún novelista podría hacer ciencia. La formación científica era la más alta de las disciplinas. A un chavito que quería dedicarse al cine le dijo: No, manito, eso se estudia en el baño, tú te fajas y te vas a Rochester, quieras que no. ¿No sabes inglés? Toma un curso intensivo.

¿Imaginaría en 1970, frente a sus amados volcanes –el Popocatépetl y la Iztaccíhuatl, en el valle de Cholula–, los alcances del actual Inaoe en el que hoy trabajan más de 140 investigadores entre ingenieros y tecnólogos y del que han salido este 2016, 90 hombres y mujeres, entre maestrías y doctorados? ¿No le enorgullecería saber que 87 por ciento de la planta del Inaoe está formada por investigadores titulares? ¿Qué pensaría al ver que visitantes de España, Inglaterra, Argentina emocionados por su temporada en el Inaoe ruegan a Santa María Tonantzintla –rodeada por los ángeles frutales del mejor barroco mexicano– regresar una vez más al Inaoe antes de morir?

Cuando el doctor Haro creó dentro del Inaoe el Departamento de Óptica (la parte de la física que estudia las leyes de los fenómenos de la luz) no contaba con especialistas que se dedicaran de tiempo completo al taller, así lo recuerda el doctor Alejandro Cornejo Rodríguez, uno de los pioneros del Instituto a quien Guillermo Haro propuso salir a la Universidad de Rochester, Nueva York para luego hacer el doctorado en ciencias con especialidad en óptica en el Instituto Tecnológico de Tokio. En 1982, Cornejo se convirtió en uno de los primeros doctores en óptica en México. Desde entonces aporta su conocimiento al Inaoe como también lo hacen otros notables pensadores que le han entregado su vida a la ciencia: Luis Rivera Terrazas, quien observaba la manchas del Sol; el doctor Octavio Cardona, a quien todos recordamos con cariño y admiración; el entrañable doctor Emmanuel Méndez Palma, graduado en Caltech; los hermanos Guido y Luis Munch; los ópticos Daniel Malacara y Oswaldo Harris; Braulio Iriarte; Enrique Chavira; Luis Carrasco; los ingenieros Pepe Alva y César Arteaga; las hermanas Guillermina y Graciela González, quienes examinaban las placas tomadas durante la noche –la vieja guardia–, y un sinfín de jóvenes científicos que después de una estancia memorable decidieron regresar a su país a pesar de ser requeridos en Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética en la temible fuga de cerebros.

¿Cuáles han sido los alcances científicos del Inaoe?

1. La creación de un páncreas artificial que ayude a regular la dosis de insulina para los pacientes diabéticos. En junio pasado, el doctor en ciencias Eduardo Tepichín Rodríguez anunció que a partir de la colaboración interinstitucional, los médicos que tienen necesidades específicas para atender la diabetes se apoyan en ingenieros que pueden aplicar desarrollos tecnológicos en beneficio directo de la población.

2. La puesta en órbita a finales de este año del nanosatélite Ulises I, en el que se trabaja desde 2011 y que fue presentado en el Inaoe en 2014. Se trata de una iniciativa con el Colectivo Espacial Mexicano, integrado por 11 artistas de renombre. La misión científico-cultural del Ulises I consiste en transportar y transmitir fuera de la Tierra el arte sonoro creado por los artistas del mencionado colectivo.

3. El equipo de jóvenes científicos del Inaoe QuetzalCuauhtli obtuvo en China el segundo lugar en la competencia internacional de dronesen la International Micro Air Vehicle Conference and Competition 2016.

4. El joven Alejandro Rosales Pérez, egresado del doctorado en ciencias computacionales del Inaoe, obtuvo el primer lugar en la categoría de tesis doctoral en el 29 Certamen Nacional de Tesis de Informática 2016 de la Asociación Nacional de Instituciones con Educación e Informática y el segundo de tesis de doctorado en inteligencia artificial de la Sociedad Mexicana de Inteligencia Artificial. Sus asesores fueron Jesús González Bernal y Carlos Alberto Reyes García investigadores del Instituto.

5. Más de 300 niños de prescolar asistieron al Inaoe el mes pasado durante la Semana Internacional de Ciencia y Tecnología 2016 y aprendieron sobre astronomía, física y electrónica a partir del juego y la difusión científica en una actividad que el Instituto organiza desde 1994.

Los logros del Inaoe, creado por decreto presidencial el 11 de noviembre de 1971, que buscaba –entre otras cosas– la descentralización de la ciencia en México, son tantos que no caben en unas pocas páginas. Punta de flecha en la investigación científica, el Inaoe cuenta con una colección de más de 15 mil placas astrofotográficas obtenidas con la cámara Schmidt, una de las adquisiciones que enorgullecían a Guillermo Haro y que fue el inicio de la astronomía moderna a la que tanto aportó, así como sus colegas, la maestra de futuras generaciones Paris Pismish, Enrique Chavira, Braulio Iriarte, Deborah Dulzin, Arcadio Poveda, José Franco, Manuel Peimbert, Silvia Torres, Lucrecia Maupomé, Christina Allen, Eugenio Mendoza, Eduardo de la Rosa, puntero en electrónica, cuya muerte temprana afectó a Haro una barbaridad; Luis Felipe Rodríguez, que ilumina el cielo de Morelia; Luis Carrasco, Rafael Costero y tantos otros que disfrutaron de la magnífica lente de la cámara Schmidt en una época en que la limpieza del cielo poblano permitía una buena calidad en la observación que ahora queda en manos de los excelentes Alberto Carramiñana y Leopoldo Altamirano Robles, sus últimos directores.

El sucesor de la cámara Schmidt es el gran telescopio milimétrico Alfonso Serrano –el más complejo y el de mayores dimensiones en el mundo– diseñado en México con el apoyo de Estados Unidos. (A ver qué dice Trump.) Ubicado en la cima del volcán Sierra Negra, en el límite de Puebla y Veracruz, a unos 4 mil 600 metros sobre el nivel del mar, es un orgullo para México.

En estos días en que nos enteramos de que el presupuesto 2017 para ciencia y tecnología sufre un recorte de 23.3 por ciento –que en términos económicos representa un aproximado de 7 mil 500 millones menos– es indispensable recordar al Inaoe, que cumple 45 años de vida y que en cuatro décadas ha dado un formidable ejemplo de ciencia innovadora y de fe en un México que los políticos se empeñan en truncar al elevar sus propios sueldos y sus mal habidas prebendas (ahí están los Padrés, los Duarte y los desmedidos sueldos de jueces, diputados y senadores) por encima de la educación, la ciencia, la salud, la cultura de nuestro país, cuya máxima cualidad es la del aguante.

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