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Trump, los cárteles y el Senado


El Senado de la República ha buscado afanosamente qué hacer para enfrentar el desafío que representa para México la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Ha difundido anuncios y números telefónicos para brindar asistencia a los migrantes mexicanos que pudieran ser expulsados del país vecino y ha llamado a comparecer a los más altos funcionarios mexicanos para estar al tanto y opinar sobre las negociaciones que se llevan a cabo con el nuevo gobierno estadunidense; pero dentro de esta intensa actividad, se ha olvidado de cuál es su verdadera función, y que tiene en sus manos un elemento clave para enfrentar lo que ahora se confirma como una grave amenaza intervencionista sobre nuestro país.

No se trata ya de especulaciones: este domingo Trump reveló públicamente en una entrevista a la cadena de televisión Fox parte del contenido de la llamada telefónica que sostuvo con el presidente Enrique Peña Nieto. Señaló que México tiene problemas para controlar diversos aspectos en el país, y las drogas y los cárteles de la droga son el número uno. Dijo que habló sobre este tema con el mandatario mexicano y que le pareció que estaba muy dispuesto a obtener ayuda de nosotros.

Aquí no importa ahora si aunado a lo anterior hubo o no una amenaza de intervención militar, porque esto no ha sido confirmado (ni desmentido) por Washington, y la versión sólo ha sido negada por el gobierno de México. Digo que no importa por ahora, pues nos quedaríamos atorados en un plano especulativo. Lo que sí son hechos es la observación de incapacidad de México que hace Trump para enfrentar y resolver problemas como el narcotráfico, y la disposición del presidente vecino de intervenir (no sabemos todavía cómo) para resolverlo.

Desde hace varias décadas nuestro país ha seguido una estrategia única contra los cárteles de la droga: La guerra contra el narcotráfico, como la llamó Felipe Calderón Hinojosa, la cual desde años antes y hasta ahora, ha resultado a todas luces fallida, pues sólo ha conseguido un ambiente de inseguridad que es particularmente grave en varias regiones del país y una cifra acumulada de homicidios que ocupa ya un lugar destacado a nivel epidemiológico entre las principales causas de muerte en nuestro país en adultos jóvenes.

México ha seguido actuando en la inercia de esa estrategia, la cual quizá fue acordada o contó con la venia de gobiernos anteriores en Estados Unidos. Pero para Trump, como lo dijo en la entrevista citada, el asunto de las drogas es un problema actual para su nación, pues los cárteles (se entiende que los mexicanos) operan en Estados Unidos y envenenan a la juventud de su país.

El intento más importante para introducir una modificación sustancial en la estrategia de México contra el narcotráfico provino, curiosamente, del propio presidente Enrique Peña Nieto, quien después de una intervención sobre el tema en la Asamblea de Naciones Unidas impulsó una consulta pública a escala nacional en la que participaron diferentes sectores, entre ellos instituciones de investigación y especialistas. Posteriormente envió al Congreso de la Unión una iniciativa de ley para regular el consumo de mariguana.

La iniciativa contenía dos aspectos, uno sobre la investigación científica y los usos médicos de la cannabis, y la otra sobre la despenalización de la posesión y consumo personal hasta por 21 gramos. Los legisladores dividieron la propuesta en los dos temas señalados, mejoraron y aprobaron la regulación del empleo médico y en investigación de la mariguana (lo cual hay que reconocer como un avance), y dejaron para mejor momento lo relativo a la posesión y consumo de la yerba. No quisieron entrar en ese tema y prefirieron mandarlo a la congeladora.

Los senadores hacen muy bien en estar preocupados por la suerte de los migrantes mexicanos. También es importante que su sapiencia política sea aprovechada por quienes están sentados frente a la representación estadunidense en una negociación que formalmente está por venir, pero que ciertamente ya comenzó.

Pero sería muy bueno además que reanudaran su trabajo legislativo en un tema que han dejado pendiente y que ahora ya vemos se ha convertido en central: la despenalización de la posesión y el consumo de la mariguana. Y que no esperemos más tiempo a que otros nos vengan a decir con un garrote en la mano qué y cómo tenemos que hacer las cosas para resolver nuestros problemas.

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