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La competitividad turística de México depende de sus estrategias de adaptación al cambio climático

AMC. México se situó en el lugar 22 en materia de competitividad turística en 2016, de acuerdo con el Foro Económico Mundial en su Reporte de competitividad de viajes y turismo publicado a principios de año. El documento mide, entre otras cosas, la llegada de turistas nacionales y extranjeros, los ingresos por turismo, los empleos generados y la sostenibilidad.

El país subió ocho posiciones con respecto al año anterior, y se atribuye su mejora a que el gobierno ha dado prioridad al turismo y a las declaratorias de sitios patrimonio ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, las Ciencias y la Cultura (Unesco). No obstante, el reto es grande en sostenibilidad, pues en este tema su calificación se situó en el lugar 116 de 136 puestos, debido a la cantidad de especies amenazadas y el estrés hídrico en urbes como la Ciudad de México.

En el reporte, cuyo lema es “Preparando el camino para un futuro más sustentable e inclusivo”, se plantea que los pilares de México son sus recursos naturales, culturales y viajes de negocios, infraestructura aérea e infraestructura de servicios al turista, mientras que sus debilidades son el ambiente para los negocios, seguridad y sostenibilidad (posición 116).

La consultora Sustentur en su informe “Competitividad y sustentabilidad en el turismo en México 2017” recomienda que el sector debe cambiar de una visión individual a una de destino a través del fortalecimiento a los organismos de gestión de destinos, consolidar nuevos modelos de desarrollo e inversión en los destinos e involucrar al sector privado en temas como las certificaciones y disminución de impactos, invertir en tecnologías alternativas, además de implementar una estrategia de turismo sustentable en áreas protegidas de México.

El turismo en México representa la tercera fuente de divisas y contribuye con el 8% del producto interno bruto (PIB). Este sector es una importante fuente de empleos de manera directa e indirecta —con 9 millones—, pero también es generador de gases de efecto invernadero (GEI) y contribuye al deterioro ambiental, es por ello que la Organización de las Naciones Unidas a través de la Organización Mundial del Turismo declaró al 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, que plantea cinco objetivos para que el turismo sea catalizador del cambio y desarrollo; el tercero de éstos hace referencia al “uso eficiente de los recursos, protección ambiental y cambio climático”.

Al respecto, la doctora Antonina Ivanova, investigadora del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, indicó en entrevista para la Academia Mexicana de Ciencias que ante la prospectiva del aumento de temperatura de 1.8 a 4 ºC en el transcurso del siglo XXI se tiene que tomar en cuenta el cambio climático en las políticas de desarrollo, planeación y administración del turismo, pues es un sector altamente vulnerable.

“El clima determina la estacionalidad de la demanda turística e influye en los costos de operación como calefacción o enfriamiento, riego, suministro de agua y alimentos. Los cambios de las temporadas turísticas dependientes del clima (mar y playa o deportes de invierno) pueden tener implicaciones importantes en la competitividad de los destinos y en las ganancias de los establecimientos turísticos”, indicó Ivanova.

Antonina Ivanova, integrante del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), escribió el capítulo “El cambio climático y el turismo: impactos, adaptación y mitigación” en el libro Medio ambiente y política turística en México Tomo I: Ecología, biodiversidad y desarrollo turístico, publicado por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, en el que describe los impactos directos e indirectos del fenómeno como daños en la infraestructura, más altos costos de operación e interrupciones indeseadas en los negocios.

“El clima — señaló la especialista— es el soporte para el turismo y el elemento de mayor importancia en el producto turístico. Las regiones de montaña y las costas se consideran particularmente sensibles a los cambios ambientales inducidos por el clima. Por ejemplo, no se podría esquiar a falta de nieve, ir a la playa con frentes fríos, huracanes, ciclones tropicales o pescar con viento”.

La investigadora dijo que solo las empresas transnacionales del ramo turístico tienen la capacidad de adaptarse al cambio climático, porque han diversificado sus inversiones, mientras que las pequeñas y medianas empresas son altamente vulnerables a la pérdida de visitantes por la baja disponibilidad de agua, la pérdida de biodiversidad, la reducción estética del paisaje, los desastres naturales, la erosión costera, las inundaciones, los daños a la infraestructura y las enfermedades y epidemias.

El IPCC sugirió, para mitigar los efectos del cambio climático en el sector turístico, cuatro estrategias complementarias entre sí: 1) usar menos energía —uso prioritario de ferrocarriles y autobuses en lugar de autos particulares y avión; en el caso de turismo de negocios se pueden evitar los viajes mediante videoconferencias—; 2) mejorar la eficiencia energética —adquisición de nueva tecnología que permita disminuir gastos de combustible y mejora en el rendimiento de una aeronave, autobús, taxi, auto particular—; 3) usar más energía renovable —se plantea adquirir fuentes de energía eólica, fotovoltaica, heliotérmica, geotermal y biomasa en el abastecimiento de electricidad e implementación de sistemas como aire acondicionado, luz, entre otros—, y 4) secuestrar carbono mediante sumideros —se propone plantar árboles o evitar la deforestación—.

Luz Olivia Badillo/AMC

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