Edificios y sustentabilidad
Un proyecto como la torre bicentenario que estuvo sumergida en un gran debate, tiene la capacidad de significar algo más que una conmemoración histórica; constituiría de hecho un parte aguas ineludible del único proyecto que otorgará viabilidad social, económica y ambiental a la Ciudad de México: el de las megaconstrucciones.
Por: Carlos Mallén Rivera*
Un proyecto como la torre bicentenario que estuvo sumergida en un gran debate, tiene la capacidad de significar algo más que una conmemoración histórica marcando distancia con la probada cursilería del señor Landeros, Televisa y las celebraciones del gobierno federal, constituiría de hecho un parteaguas ineludible del único proyecto que otorgará viabilidad social, económica y ambiental a la Ciudad de México: el de las megaconstrucciones como reorientación al caos de las megalópolis.
Gabriel Quadri reclamaba que ya era tiempo de dejar de pensar en la ciudad de México como el monstruo del hacinamiento y la contaminación, cuando precisamente era todo lo contrario, un ejemplo de eficiencia y sustentabilidad. Ha concentrado por siglos personas de manera tan ordenada y creativa que actualmente origina el Producto Interno Bruto más alto del país en un ambiente de tolerancia, apertura y respeto ganado gracias a la lucha infatigable de sus habitantes. La ciudad incluso protege culturas étnicas (se cuentan más triquis en la Calle de López que en la costa de Oaxaca) y propicia movimientos cívicos que encuentran un foro idóneo a sus más amplias expresiones. Ya Fernando Savater afirmaba que desde la edad media se reconocía a las metrópolis como los únicos santuarios donde los hombres eran verdaderamente libres a diferencia de los campesinos tan sometidos al clima y sus veleidades.
La Comisión para la Cooperación Ambiental CCA reporta que más del 70 por ciento de la población de Norteamérica vive en áreas de más de 2,500 habitantes. Sin embargo, para la CCA aun cuando las áreas urbanas tienen efectos ambientales negativos producto de la producción y consumo, una mejora de la calidad de vida en el centro de las ciudades disminuye la expansión urbana descontrolada, por lo que los planificadores deben estimular una densificación para salvar de la mancha urbana la tierra que rodea las ciudades. Así un crecimiento inteligente del Distrito Federal debe enfatizar la reconcentración de la población apoyado en mejores sistemas de transporte público, vialidades de alta densidad y desarrollo urbano orientado a la circulación alterna como la bicicleta. Paradójicamente el D.F. debe concentrase para extenderse, hacia arriba con edificios cada vez más altos, hacia abajo con estacionamientos subterraneos y sistemas de metro, expandiendo incluso para que más servicios se pueda disponer las 24 horas. Pero también expandir sus ambiciones artísticas con propuestas vanguardistas y de ruptura como en su tiempo fue la propia Ciudad Universitaria.
La visión de que la ciudad como un sistema abierto y complejo, es devoradora de recursos tanto como productora de desechos y contaminantes, por su insaciable depredación del ambiente; también debe vislumbra que es el asiento de los mayores niveles alcanzables de bienestar económico y social. La atinada decisión del entonces Jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, de impedir la expansión de la ciudad seguida de la construcción de los segundos pisos marcó el rumbo de que obras como la torre bicentenario reafirmará esta vocación de gran urbe para su propia supervivencia.
La conciencia de que la sustentabilidad es un imperativo esencial para asegurar el desarrollo armonioso de la civilización hacia el futuro, está ya consolidada en muchos sectores de la sociedad, sobre todo los urbanos; se comprende además que el esfuerzo necesario para comenzar a transitar la ruta hacia ese destino es de tal magnitud y aliento que debe ser emprendido sin dilaciones. Esta claro también que las áreas relacionadas del hábitat ocupan una posición central en la problemática del ambiente global y que, actuando sobre ellas pueden obtenerse los beneficios más significativos, de entrada en cuanto a la reducción de los deterioros. Por otra parte, debe tenerse en consideración la superlativa inercia que presenta el ambiente construido para ser modificado en la escala necesaria y también que, las modificaciones y adiciones actuales al mismo extenderán sus impactos específicos.
Un incremento sustancial en la eficiencia tecnológica es indispensable para lograr que la eficiencia de los edificios continue, llegando a grados de altísima sofisticación. Desde mi perspectiva, sin embargo, es posible lograr significativos beneficios ambientales, optimizando el uso de los recursos tecnológicos disponibles, incluyendo las tecnologías nacionales, capacitando a los recursos humanos locales que intervienen en todos los procesos de producción del ambiente construido, posibilitando la factibilidad económica de la transformación y contribuyendo en la máxima medida a difundir conocimientos para consolidar la conciencia sobre la enorme responsabilidad en el aporte hacia la consecución de una nación sustentable a partir de su capital. Todo esto debe realizarse sin perder de vista el aspecto económico en esta selección y balancear los beneficios ambientales con los costos económicos para que esto tenga probabilidades de éxito. Una encuesta realizada en Estados Unidos sobre 3 mil 600 habitantes en nueve áreas metropolitanas demuestra que, mientras el 93 por ciento de las personas se preocupan sobre el impacto ambiental de sus hogares, sólo el 18 por ciento está dispuesto a pagar más para reducirlo. En una realidad tan distinta como la de México, estas tendencias se acentúan.
Una de las frases de mayor impacto del tan de moda Al Gore en su “incomodo” documental es que las sociedades deben hacer casos a sus científicos, sobre la polémica de la torre, líderes de opinión se abrogan la capacidad de opinar sin un mínimo de conocimientos sobre el tema y peor aun sobre la base de su confesa ignorancia. Muchas quejas hay sobre la perdida de la dimensión humana de las metrópolis modernas, Juan José Arreola lo lamentaba mientras caminaba por la Ciudad de Guanajuato, pero en la colonia, Guanajuato mismo era una desmesura en cuanto a la dimensión de sus edificaciones. Los coeficientes de agostaderos señalan la cantidad de reses que puede alimentar un pastizal y me entero que un jaguar demanda 90 kilómetros cuadrados para su supervivencia. A los seres humanos desde nuestro origen nos queda chico el mundo y cada vez más el universo.
*Investigador Titular, Centro Nacional de Investigación Disciplinaria en Conservación y Mejoramiento de Ecosistemas Forestales, Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias. Correo-e: mallen.carlos@inifap.gob.mx