Una nueva cumbre intercoreana: Abriendo caminos para el entendimiento
Tras conversaciones secretas en Pyongyang a principios de agosto pasado, Corea del Norte y del Sur decidieron celebrar la segunda cumbre intercoreana en Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea (RPDC). (Alejandro Escalona Agüero)
Por: Alejandro Escalona Agüero*
Tras conversaciones secretas en Pyongyang a principios de agosto pasado, Corea del Norte y del Sur decidieron celebrar la segunda cumbre intercoreana en Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea (RPDC). Ambos líderes, Kim Jong Il, de la RPDC y Roh Moo-hyun, Presidente de la República de Corea, deberán reunirse entre el 2 y el 4 de octubre venideros. La cita se programó para finales de agosto, pero a solicitud de Pyongyang estas fueron pospuestas debido a las fuertes lluvias que provocaron serios daños a la economía norcoreana y pérdidas humanas.
Según el acuerdo, dado a conocer oficialmente en ambas capitales el 8 de agosto pasado, la reunión servirá para ampliar y desarrollar las relaciones Norte-Sur basadas en la Declaración Conjunta del 15 de junio del 2000 y el espíritu de la nación coreana[1]. Para lograr lo anterior, la cumbre de Pyongyang contribuiría a encontrar una solución al asunto nuclear norcoreano, mejorar las relaciones intercoreanas, ampliar la cooperación y el intercambio económico, así como la confianza mutua en temas de seguridad, sobre una base equitativa y de respeto mutuo. Además se deberá encontrar la forma de regularizar la celebración de futuras cumbres, como vía para estabilizar las relaciones Norte-Sur.
Lo conveniente del momento
Por mucho tiempo se ha hablado de la posibilidad de una nueva cumbre, pero la situación parecía contraproducente para su celebración. La situación parece cambiar. Un poco de historia reciente ayudaría en tal reflexión.
A finales de la década pasada, diversas condiciones propiciaron un acercamiento entre el norte y el sur de Corea. En esa dimensión tuvo lugar, en junio del 2000, la primera cumbre coreana. Más allá de los acuerdos, se daba un paso histórico rompiendo la inercia en las relaciones intercoreanas. La significativa mejoría en ese ámbito contribuyó en los notables avances en las relaciones entre Washington y Pyongyang. El gobierno de Clinton intentó bilateralmente participar en el arreglo del problema coreano.
Todo se revirtió con el cambio de gobierno en la Casa Blanca en el 2001. A partir de ese entonces la confrotación retomó su tradicional sitio en el problema coreano. Washington desconció a Pyongyang, lo incluyó en el famoso eje del mal y arreció esfuerzos para aislarla, prefiriendo la diplomacia multilateral y evitar la bilateral, como había hecho la administración Clinton. La idea de las rondas de reuniones de los seis (Rusia, EE.UU., Japón, Corea del Sur, Corea del Norte y China) para discutir y solucionar el tema nuclear norcoreano, le vino al dedo a las intenciones de la Casa Blanca. EE.UU. tendió a mantener una postura de no otorgar nada a la RPDC, defendiendo la idea de “comprometerlos hasta vencerlos” valiéndose principalmente de medidas coercitivas. Sin embargo, la dirigencia norcoreana no hizo concesiones ante tales presiones, manteniendo su carta de no dejar el programa de mísiles y del desarrollo nuclear sin nada a cambio.
Mientras Washington y Japón se obstinaban en castigar a Pyongyang, Seúl evitó cerrar los canales de intercambio con Pyongyang. Todo esto a pesar de las fuertes críticas de la oposición interna y de desavenencias con el gobierno estadounidense. De esta forma mantenía sus proyectos conjuntos con Corea del Norte en Kaesong y en el monte Kumgang. Tras la ocurrencia de desastres naturales en la RPDC, el gobierno sudcoreano ofrecía ayuda humanitaria. En ese marco las posibilidades de una segunda cumbre eran casi nulas.
En septiembre del 2005, y tras dos años de las rondas de reuniones de los seis en Beijing, las partes firmaron una Declaración Conjunta. En su contenido, Pyongyang se comprometía a abandonar “todo programa armamentista y de armas nucleares”, mientras que la estadounidense se abstendría de atacar o invadir a la RPDC, renunciando a sus maniobras para provocar un cambio de régimen. La misma parecía poner fin al ambiente de confrontación. Sin embargo, esto fue solo un “espejismo político”, la declaración no decía cómo ni cuándo se encausaría su contenido. Entre ese momento y febrero del 2007 se sucedieron hechos que comprometieron la estabilidad y la paz en el nordeste asiático. En abril del 2006, EE.UU. decidió bloquear cuentas bancarias norcoreanasen el exterior. Como respuesta, en junio del 2006, la RPDC rompió su moratoria unilateral de pruebas coheteriles de largo alcance y cuatro meses más tarde hizo su primera prueba nuclear. Consecuentemente, tanto EE.UU. como Japón incrementaron sus ataques contra la RPDC.
Tras varios meses de tensión, las rondas de reuniones de los seis en Beijing comenzaron a tomar una nueva dinámica. El 13 febrero del 2007 se alcanzaron importantes acuerdos. Mediante los mismos, la RPDC se comprometía a cerrar su programa nuclear de manera verificable a cambio de reconocimiento político y diplomático e intercambio económico. Después de resolverse las exigencias de Pyongyang de recuperar 25 millones de dólares retenidos por EE.UU., al cerrarse una cuenta de los primeros en el Banco de Macao, la RPDC viene dando pasos, que según la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA), están en línea con lo acordado en febrero pasado y mediante los cuales el argumento de la amenaza nuclear norcoreana va disolviéndose.
Las partes coreanas pudieran apreciar lo oportuno del momento para reunirse, dialogar y alcanzar acuerdos que sirvan para profundizar las relaciones norte-sur, al tiempo que benificien sus posturas al interior de sus sociedades y comprometan a otros actores internacionales.
Posibles pretensiones de Corea del Sur
Lograr la coexistencia pacífica y eliminar la última frontera de la Guerra Fría será uno de los principales propósitos de la parte sudcoreana, tal como expresara el presidente sudcoreano en un reciente discurso. Este sirvió para anunciar sus principales objetivos y expectativas en cuanto a la cumbre, al tiempo que hizo un llamado a la unidad interna entre las diferentes fuerzas políticas sudcoreanas[2]. Estas se encuentran en un momento decisivo con vistas a las elecciones presidenciales de diciembre próximo.
El presidente Roh ha decidido dar este paso cojungando diferentes factores, tanto políticos como socioeconómicos. Pretende además, dejar un importante legado en cuanto a las relaciones intercoreanas y demostrar la validez de su política de confianza y compromiso hacia Corea del Norte, aunque sea al final de su ejercicio presidencial.
El partido de gobierno está necesitado de ganar apoyo popular ante la pujanza del principal partido de la oposición, el Grand National Party (GNP). Este último ha aprovechado la pérdida de popularidad del gobierno tras eventos relacionados con Corea del Norte (prueba de mísiles de largo alcance y ensayo nuclear de octubre del 2006) para arreciar sus campañas y perfilarse como posible ganadora de las elecciones de diciembre.
En el caso de la cumbre, el GNP no perdió tiempo en lanzar ataques contra la decisión. Cuando se realizó la primera cumbre en el año 2000, ese partido también criticó al entonces presidente Kim Dae jung y logró demostrar posteriormente que éste había dado dinero a su contraparte norcoreana para asegurar la realización de la citada reunión. En cuanto a la nueva cumbre, los puntos de la oposición han ido variando desde criticar la forma secreta en que las mismas se acordaron pasando por la inefectividad de ésta considerando la inoperancia de lo que allí se decida al tener lugar poco tiempo antes de las elecciones, hasta reconocer que son necesarias y demandar que éstas tengan lugar tras las elecciones de diciembre.
En esta dinámica, la población sudcoreana va familiarizándose con un clima de estabilidad y de notable ausencia de eventos de confrontación en la península, aunque evidencia preocupación con el programa nuclear norcoreana. Uno de los legados de la cumbre del 2000 ha sido la continuidad del proceso de intercambio entre los actores coreanos, en contraposición al detrimento de las relaciones entre la RPDC y EE.UU. Los sudcoreanos, parecen ir acostumbrándose a la idea de un entendimiento con el Norte, legado de la primera cumbre del 2000 y del intercambio económico, pero con mayores expectativas en cuanto a lo que esté listo a ofrecer la RPDC.
Por otra parte, la puesta en marcha de proyectos económicos entre el norte y el sur ha servido para demostrar la viabilidad de la idea del intercambio económico (principalmente el proyecto del Complejo Industrial de Kaesong (CIK), y el proyecto turístico en el Monte Kungang). Su continuidad ante adversas condiciones se ha debido a una importante cuota de sagacidad y voluntad política de ambas partes y, por supuesto, al financiamiento sudcoreano. Además, las perspectivas y las ventajas de invertir en Corea del Norte demuestran ser un atractivo para la empresas del Sur. No por azar, las principales organizaciones de hombres de negocio de Corea del Sur fueron de las primeras en acoger con beneplácito la noticia de una nueva cumbre norte-sur.
Para el gobierno sudcoreano invertir en Corea del Norte es un factor que influiría positivamente en la expansión de su economía, generaría estabilidad para sus mercardos, garantizaría la confianza entre ambas partes, influiría en el proceso de recuperación económica de Corea del Norte y disminuiría la amenaza de un conflicto armado. El CIK, en el que con el financiamiento sudcoreano más de 50 pequeñas y medianas empresas de ese país contratan más de 12 mil obreros norcoreanos generando unos 73.7 millones de dólares en el 2006[3], se ubica a escasos kilómetros del Zona Desmilitarizada que separa al norte y al sur de Corea. Su propia existencia y ubicación pudieran interpretarse como un elemento de distensión, al tiempo que le permite a Sudcorea obtener importantes dividendos, aprovechando una mano de obra disciplinada, preparada y barata.
Al parecer el gobierno de Roh se propone corroborar la eficacia de su política exterior en una coyuntura en la que todo indica que será resuelto el tema nuclear norcoreano. Por lo tanto, la misma es favorable para demostrar la idoneidad de su política hacia la RPDC. Seúl estima que intercambiando con su contraparte del Norte, en lugar de aislarla, podrá influir en ciertos cambios en su sistema de forma “pacífica”. Sin poner en peligro su propia seguridad nacional, incentivará en mayor medida el intercambio económico y las inversiones sudcoreanas en la RPDC. Se trata de una visión menos confrontacional. En definitiva, esa ha sido la tónica de la polítca sudcoreana hacia Pyongyang en los últimos años, a diferencia de la que ha tendido a proclamar el GNP, aparentemente en línea con la de Washington que ha preperido intentar aislar a la “fiera” y provocar un cambio de régimen.
Para los actores políticos sudcoreanos el principal dilema será definir si lo que pretenden es cooperar con la RPDC y crear un ambiente de paz o rechazar la cooperación y buscar un cambio radical del sistema norcoreano. La primera posibilidad ha sido una proclama del presidente Roh, pero no de su principal partido opositor, el GNP. Por lo tanto, será importante demostrar que su decisión de reunirse con Kim Jong il va más allá del efecto electoral de la cumbre.
Pyongyang recoge la cosecha
A la RPDC le han ofrecido “zanahorias” en estos años en que la amenaza del uso de los palos, de la fuerza, ha preponderado. Arriesgando a dejar una de sus cartas más fuertes, su programa nuclear, Norcorea parece estar lista para la “cosecha” combinando la diplomacia intercoreana y la de las conversaciones de Beijing.
No obstante las consabidas debilidades norcoreanas frente a Corea del Sur, sobre todo en el plano socioeconómico, y la fuerte presión ejercida por EE.UU. para aislarla y lograr un cambio radical en su sistema, la RPDC ha logrado mantenerse en pie, explotando las debilidades de sus contrarios y aprovechando sus fortalezas (político-militar), apelando para ello al sentimiento nacional. La sobrevivencia de su sistema, sin perder capacidad de negociación, en un contexto totalmente desfavorable constituye la máxima de las autoridades de Pyongyang.
En cuanto a las rondas de reuniones de los seis, todo indica que la RPDC estará dispuesta a desmantelar su programa nuclear asegurando mejoría en las relaciones con EE.UU. y, si es posible, con Japón. Además, se mostrará favorable a la firma de un acuerdo de paz que sustituya el armisticio por el cual la península coreana está aún técnicamente en guerra y, demandará ayuda económica y financiera internacional.
A pesar de los avances en las reuniones de Beijing, aún le quedan muchas diferencias por resolver a la RPDC con otros participantes, especialmente estadounidenses y japoneses. La cumbre de Pyongyang pudiera contribuir al logro de tales intenciones. En su propio terreno, Kim Jong Il pudiera convencer a su contraparte de un mayor apoyo e incluso posiciones concertadas en Beijing. De esta manera, pudiera limar sus asperezas con Washington y lograr su reconocimiento, uno de los objetivos centrales de su política exterior. A cambio, se crearían condiciones más estables en el marco intercoreano y se influiría positivamente en la opinión pública sudcoreana. Todos ganarían.
En el marco de las iniciativas económicas, los norcoreanos pudieran estar dispuestos a aceptar la idea de una especie de comunidad económica común o zona económica reunificada, recibiendo en una primera etapa importante cantidad de recursos de Corea del Sur. Tal idea sería una alternativa coreana en contraposición a la repetida idea del “único aliado chino”. Este proceso pudiera permitir la creación de nuevos complejos industriales como el de Kaesong; contribuciones financieras sudcoreanas, en forma de crédito, para revivir su necesitada industria, y el asesoramiento técnico sudcoreano en diferentes ramas de la economía.
Hablando entre “hermanos”, Pyongyang pudiera estar dispuesta a establecer mecanismos de seguridad que eviten conflictos con el Sur, demostrando que está listo para eliminar la existencia de armas nucleares en la península e incluso en la región, incluyendo las estadounidenses, y que estaría dispuesta a reducir el armamento convencional de forma bilateral. De esa manera, respaldarían la estragegia de la política sudcoreana de establecer un sistema defensivo basado en en sus propias fuerzas, y por ende demostrar la invalidez de la presencia de las tropas estadounidenses en la parte sur de la península.
En un plano regional, Pyongyang pudiera estar de acuerdo en la utilización de su territorio para el intercambio comercial entre Corea del Sur, China y Rusia, e incluso con Europa, tanto por carretera como por vía férrea. También pudiera favorecer proyectos turísticos coreanos con China y Rusia, aprovechando la conexión terrestre entre el norte y el sur. En lo relativo a los encuentros de familias separadas por la división pudiera esperarse nuevos pasos, así como permitir un mayor número de visitantes sudcoreans a la RPDC. En el plano deportivo y cultural consentiría en participar conjuntamente en diferentes eventos y poner en práctica proyectos conjuntos.
La demostración de la voluntad política de la RPDC para hallar soluciones conjuntamente con Corea del Sur servirá para atraer a la opinión pública norteamericana, desvanecer el discurso del gobierno de Bush sobre la amenaza norcoreana e incluso influir en los temas de política exterior de los contendientes a la Casa Blanca en las venideras elecciones presidenciales de noviembre del 2008. Posiblemente tocará al ocupante de la presidencia estadounidense a principios del 2009 decidir la completa normalización de las relaciones con Corea del Norte. Pyongyang pudiera entender esto, estando dispuesta a esperar. Mientras tanto, se esforzará en demostrar su seriedad y responsabilidad ante compromisos adquiridos y que no es ella la que favorece el conflicto. La Cumbre entre Kim y Roh pudiera ser un marco ideal para patentizarlo.
La ampliación de la cooperación económica norte-sur será un desafío para la RPDC. Una mayor entrada de recursos del sur, más productos, más recursos financieros y más sudcoreanos servirá para valorar cómo la RPDC logra aprovecharlos, manteniendo la capacidad para continuar ejercecierndo el control político e ideológico en su población. Tampoco le quedan muchos recursos para volver a recurrir a la crisis. No parece haber otro momento para la cosecha.
Conclusiones.
Sin duda, estamos en presencia de un nuevo contexto, diferente al de la cumbre del 2000. En el actual se debe producir un balance entre el papel a desplegar por los dos actores coreanos y un arreglo internacional, en el cual participan junto a otros cuatro para resolver el asunto nuclear y otros temas de seguridad. La cumbre de Pyongyang y las citas de Beijing deberán interactuar en lo adelante y eso será un difícil proceso. Mucho pudieran hacer los actores coreanos ampliando sus relaciones socioeconómicas y de seguridad, las cuales se erigen como un factor conducente a la coexistencia pacífica. Tal visión garantizaría que los resultados de la cumbre de Pyongyang no se cirscuncriban solamente a un corto plazo.
Dado el escenario en que el candidato del GNP gane las elecciones, pudieran existir posibilidades de que éste intenten reajustar lo que se alcance en Pyongyang. A pesar de su tono más confrontacional, la esencia de su posible política hacia Norcorea no difiere mucho de la del actual gobierno, procurando mantener el intercambio y alejando la posibilidad de un conflicto armado. Habrá que demostrar habilidad y sagacidad política para establecer acuerdos que garanticen que pese a una derrota electoral, lo que se acuerde, prepondere. Ante tal escenario, Kim Jong Il, el sobreviviente de las dos cumbre, deberá demostar voluntad de llevarlos adelante, pese a los obstáculos que se interpongan. De ser así, el GNP no deberá estar dispuesto a presentarse como un enemigo del entendimiento y la cooperación norte-sur.
Tal parece que las relaciones intercoreanas alcanzan una nueva dimensión. En ese ámbito el tema de la reunificación coreana será retomado, pero inicialmente será necesario un entendimiento. Esto significa encontrar puntos comunes e incrementar la confianza entre los actores coreanos. Para Corea del Sur dicho proceso será pausado, intentando que su contraparte logre elevar sus niveles productivos y sociales en aras de abaratar el costo de la reunificación y no repetir lo ocurrido en el proceso alemán. Norcorea lo conoce y hará todo lo posible para tener un importante protagonismo en dicho proceso, evitando a toda costa lo ocurrido a la República Democrática Alemana. En ese contexto, el pueblo coreano, dividido hace más de sesenta años, pudiera comenzar a beneficiarse finalmente del entendimiento entre sus políticos. Mientras tanto, el norte le extiende la mano al presidente sudcoreano en este momento crucial y final de su mandato, y éste a su vez, le facilita las cosas al norte para su reconocimiento.
Dakar, agosto 2007
* El autor egresó en diciembre de 1997 de la Maestría de Asia y Africa, Area Asia-Pacífico de El Colegio de México. Radica en Senegal.
[3] (Dick K. Nanto and Mark E. Manyin. “The Kaesong North-South Korean Industrial Complex",http://www.nautilus.org/fora/security/07061CRS.pdf)