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Mirada y cuerpo en la coyuntura de la despenalización del aborto*

¿Qué significa pensar el aborto desde el ámbito de lo social? ¿Qué entendemos por “la dimensión social”? ¿Qué sentido tiene indagar en los aspectos sociales de un problema como éste? ¿Cómo se piensa, cómo se comporta el cuerpo de las mujeres desde una dimensión social?¿Qué implica pasar del registro de lo privado al registro de lo público, “lo social” en relación con el cuerpo de las mujeres?

Por: Marisa Belausteguigoitia**

I. La Dimensión Social del cuerpo

¿Qué significa pensar el aborto desde el ámbito de lo social? ¿Qué entendemos por “la dimensión social”? ¿Qué sentido tiene indagar en los aspectos sociales de un problema como éste? ¿Cómo se piensa, cómo se comporta el cuerpo de las mujeres desde una dimensión social? ¿Qué implica pasar del registro de lo privado al registro de lo público, “lo social” en relación con el cuerpo de las mujeres? ¿Qué mandatos sociales diferenciales tienen los cuerpos de los hombres y los cuerpos de las mujeres? Y, la pregunta que más nos interesa analizar: ¿Qué es un cuerpo? ¿Qué es un cuerpo de mujer?

Cuando entré a la Internet y navegué por Google con el fin de encontrar imágenes de cuerpo de mujer, desde la biología, descubrí con sorpresa que al teclear “cuerpo biológico de mujer o anatomía” solo se aprecia el cuerpo con el sistema reproductivo. Cuerpos varios de otra cosa que no fuera su destino de reproducir.

Indagar acerca de la dimensión social de un cuerpo significa visualizar las formas en que éste se encuentra capturado e invertido en una función, en roles y en una gestualidad “adecuada” a su sexo. Los campos simbólicos e imaginarios que habitan los cuerpos tienen marca de género. Desde los baños, los espacios territorializados del recreo escolar, el nuevo autobús “sólo para mujeres,” puede comprobarse la calidad selectiva del espacio en relación a su distribución por género. Transgredir estos gestos, estos territorios y sus funciones significa cuestionar los límites de estas dos categorías (la masculina y la femenina), lo cual pone en duda las formas en que hemos dividido el mundo, en particular la postura y concepción que ha dividido estas dos categorías. Hablemos más de posturas, éstos modelos y demarcaciones que establecen fronteras entre los sexos.

Los hombres y las mujeres cautivan y son cautivos de sus propios cuerpos de formas muy distintas. ¿Cómo atrapa y cómo cautiva de forma diferencial el cuerpo de un hombre y el cuerpo de una mujer?

Desde la cocina hasta el ámbito privado podemos reconocer exclusión de lo femenino, pero también, y lo vemos con Ana Gabriela Guevara, inclusiones de la mujer al ámbito deportivo de las cuales habían sido excluidas hasta hace muy poco. Los discursos o los significados que damos a los cuerpos de las mujeres se han modificado mucho. En el siglo XXI las mujeres no sólo estamos cautivas en nuestros cuerpos, sino que también vivimos cautivadas por ellos. La democracia, el feminismo, la modernidad nos ha permitido disfrutar cada vez más de nuestro cuerpo y controlar y atenuar sus demandas vinculadas a la biología.

Al lado de los feminicidios, la anorexia, la bulimia, la mutilación y la violencia en contra de las mujeres y sus cuerpos, conviven prácticas que cultivan día a día una relación distinta con el cuerpo. Cada vez se multiplican más las prácticas ligadas con el disfrute y unidad del cuerpo, sin dejar pasar lo insidioso y superficial que puede ser el cuidar y pulir el cuerpo como una superficie “de lujo”, quien enfatiza en el peso que las mujeres estamos dando a la apropiación y disfrute de nuestro cuerpo. Les voy a presentar un proyecto pequeño y casero que lo muestra y desarrolla social y culturalmente. Es un proyecto de fotografía que muestra la nueva relación que las mujeres podemos tener con nuestro cuerpo.

Uwe Ommer, fotógrafo alemán, se cansó de dar instrucciones y arrojar palabras que junto con el zoom y el click de una cámara, provocaron posturas, gestos y actitudes específicas en las mujeres para ser fotografiadas. Después de 45 años de carrera Uwe se aburre, se cansa de actos tan dirigidos y repetitivos y quiere producir imágenes de otra manera. Crea un proyecto que borra la mirada del fotógrafo y vuelve la mirada de las mujeres hacia sus propios cuerpos. El misterio del cuerpo femenino (¿qué tendrán adentro?) había sido una obsesión para él. Se le ocurrió que podría dejar de ser vouyeur y dejar de ver por el hoyito de una cámara, ahorrando su disparo. En un mundo de autonomía y de individualidad Uwe inventa el proyecto “Do it yourself” (“Hazlo tu misma”). Invita a 50 mujeres a fotografiarse a sí mismas, de esta forma las libera de la mirada voyeurista, dominante, muchas veces incómoda o profesionalmente seductora, que induce y les roba gestos y posturas. Su proyecto ha demostrado que las mujeres arriesgan el doble cuando son ellas las que se enmarcan y fotografían.

El resultado es mucha menor timidez, más alegría, poses más atrevidas y naturales. Sus recomendaciones se limitan a asuntos como la dirección e intensidad de la luz, sugerir algunos de sus mejores ángulos, ofrecer indicaciones técnicas básicas y montaje. Ellas deciden el resto. La mayoría de estas mujeres eligió un aliado…el espejo…sustituir la mirada del fotógrafo por la propia a partir de una superficie que la devuelve.

La mayoría de estas mujeres no eran modelos profesionales, son secretarias, estudiantes o maestras. Les gustaba bailar, pero más moverse en actitudes deportivas o energéticas…de pronto se transformaban en mujeres libres y transgresoras a las posturas más clásicas o más solicitadas por revistas.

¿Les provoca curiosidad el imaginarse como son las mujeres cuando nadie las ve, cuando no las controla la mirada del hombre?

 

II. Los cuerpos de las otras: los destinos de las mismas

Se ha hablado mucho en este coloquio* sobre las dimensiones médicas, éticas, filosóficas, jurídicas, del grave problema del aborto. Yo quiero subrayar lo que significa pensar en el aborto como un evento, como un drama que sucede en un cuerpo de mujer. Quiero ubicarlo especial y espacialmente en las mujeres: el cuerpo es un territorio, un espacio que nos ha costado conquistar (nos ha costado accionar el click de la cámara y mirarnos a nosotras mismas), quiero además -siguiendo las estadísticas más significativas sobre el aborto- ligar estos cuerpos con algunas otras marcas de la identidad, además de la de ser mujer y la de ser un territorio de conquista personal. Quiero aludir a la marca de clase (la mayoría de las mujeres que abortan con riesgo son pobres) y voy a ligarla con la clase trabajadora o baja: el cuerpo de las mujeres pobres.

Independientemente de los asuntos morales vinculados a el aborto, este es un tema de salud pública por lo menos por tres razones: 1) las consecuencias en la salud de las mujeres por abortos mal aplicados; 2) las consecuencias psicológicas en mujeres que no desean tener hijos y los deben tener y 3) el hecho de que las mujeres con medios económicos pueden llevar a cabo interrupciones del embarazo sin riesgo alguno a diferencia de aquellas que son pobres y carecen de recursos para llevar a cabo una interrupción del embarazo sin riesgo.

Las mujeres infectadas, infértiles y traumadas son todas pobres. Las mujeres con recursos no se enferman al abortar, tampoco se infectan y el trauma es menor, además siempre tienen la posibilidad de contratar a otra mujer para comprar tiempo. Estas razones le otorgan una dimensión pública, de equidad social, a un evento privado e individual.

Las mujeres pobres, en su mayoría católicas, con más de tres hijos y más de 35 años, no pueden viajar a San Francisco o pagar un médico particular, ellas corren graves riesgos al tratar de dirigir sus vidas hacia situaciones de menor precariedad y más control.

Las mujeres, desde lo privado, desde la intimidad de sus baños, en sus recámaras, en la azotea, en los lavabos públicos, en los ríos, entre burbujas de jabón, cremas de afeitar y sueños, con sus amigas o en soledad, además de pensarse ante el espejo libremente con o sin cámara, han desarrollado saberes y prácticas milenarias que les permitieran la oportunidad de tener algo de placer, sin pagar precios tan altos, que les autoricen las relaciones sexuales sin necesariamente embarazarse por ello. La posibilidad del placer sin el castigo o la culpa, es uno de los asuntos que está al centro de la modernidad, de la posibilidad de la libertad y la emancipación de los seres humanos en esta caso particular de las mujeres. La existencia de prácticas y saberes que se han abocado a separar el hecho de ser madre y ser mujer, o lo que es lo mismo, separar el placer de la reproducción de la especie es muy antigua. La necesidad de esta frontera es milenaria, como también ha sido milenaria la embestida del estado y de todos los sistemas: educativo, social, patriarcal, para convencernos que la mujer/madre es la esencia de todo el bien que puede venir a este mundo, y la mujer separada de la maternidad, de todo el mal: Pandora, Eva, Medusa, una bruja, son peligros para la patria y la paz mundial.

Lo que diferencia la Edad Media de la época actual es que los saberes de las brujas eran penalizados y la mujer no podía optar por una identidad social reconocida más allá de la maternidad o sustitutos religiosos del matrimonio. Los saberes y prácticas conocidas como feministas han sido instrumento de corte, de separación de la unidad e indivisibilidad de la mujer/madre en dos hemisferios: el primero de procuración de salud para la una mujer que quiere ser madre, la protección de su cuerpo y su integridad y el segundo procuración de futuro para una mujer que no desea serlo. El feminismo ha sido la primera filosofía que ha creado esa frontera, ese límite que ha dado lugar al deseo de la mujer de serlo más allá de la maternidad. Dejemos de penar a las mujeres por mirarse en el espejo y ser quienes quieren ser.

Estos saberes y prácticas son cada vez más aceptados en sociedades que se han comprometido seriamente con un modelo democráctio y de justicia social para su ciudadanía (¡Qué modernas las brujas!). Se trata de abrir la posibilidad de que la mujer sea dueña de su propio cuerpo, de su matriz, de sus músculos, de sus poses y posturas, de su vientre, de la decisión a comprometerse -de por vida- con otro ser humano. En suma, que se adueña del derecho a mirarse a sí misma.

El cuerpo como entidad de apropiación ha sido uno de los temas centrales del feminismo (otros sistemas lucharon por la liberación de la esclavitud, es decir, contra la imposibilidad de poseer el propio cuerpo). Desde la expansión de la noción del derecho a la propiedad privada (núcleo del capitalismo) al de la propiedad del propio cuerpo en el caso de las mujeres, el derecho a poder interrumpir un embarazo está en el centro del debate en lo que se refiere a la democratización de nuestra sociedad.

Un ejemplo de la falta de posesión del propio cuerpo de las mujeres puede verse en la violación, que ha llegado a ser entendida como afrenta al hombre “dueño” de la mujer, y no tanto a la propia mujer.

La violación antes de 1991 era considerada una afrenta al honor del hombre que estaba “a cargo” de la mujer (padre, esposo, hermano). Era considerada delito contra la propiedad y así era catalogada ante la ley. En armonía con esta suscripción de afrenta del lado patriarcal, la declaración de las mujeres no tenía un peso específico y mucho menos simbólico: no cabía como evidencia. Fue apenas en el código penal de 1931 donde se estableció por primera vez que el aborto por razones de violación no era punible. No existían, sin embargo, instrumentos concretos para su aplicación. No se hizo nada, únicamente se dejó de castigar.

A la mujer se le ha regateado históricamente el derecho a la razón, a la autonomía, a la propiedad privada y por si fuera poco, además de este apetecible paquete de sometimiento, se la equipara, nada más y nada menos que con el ímpetu, irracionalidad, sensualidad y capacidad devastadora de la naturaleza. Un ejemplo de esto es que hubo que hacer un gran cabildeo para que los nombres de huracanes dejaran de ser sólo de mujeres.

Fue sólo durante los ochentas, y cuando la capital de la Ciudad de México pasó a manos de gobiernos democráticos, que el gobierno capitalino empezó a diseñar programas a favor de las víctimas de violencia intrafamiliar y sexual.

Apenas en agosto de 2000, la Asamblea Legislativa aprobó la llamada Ley Robles. Esta ley agrega dos causales de despenalización al aborto: grave riesgo a la salud de la madre y el aborto pietisa (eugenésico, por rechazo rotundo a ciertas características raciales) y se precisan algunas procedimientos para la autorización y realización de abortos. Se obliga a los médicos a proporcionar información veraz, científica y práctica, además también se les posibilita el rehusar llevarlo a cabo por motivos religiosos. Existe un manual de procedimientos para la interrupción legal del embarazo desde 2002

En ese mismo año en Guanajuato se retrocede. Se penaliza el aborto inclusive si el embarazo es producto de violación y se invoca a la voluntad de Dios como cláusula decisiva. Esto debido a la presión de grupos religiosos de esa entidad. Las protestas logran que el gobernador vete esta propuesta. Con los ánimos ya exacerbados, se aprueba la Ley Robles.

Las instancias internacionales también se han manifestado de distintas formas a favor del cambio y la apropiación de las mujeres sobre sus cuerpos.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) en el editorial del Boletin No. 78, pág. 569, bajo el título “Salud reproductiva: ampliando los horizontes” se refiere a la salud reproductiva “…su finalidad es la reducción de los problemas que provoca el embarazo, incluyendo las muertes y enfermedades maternas, las complicaciones del aborto, las hemorragias, las muertes en los partos y las muertes de los neonatos, y también la de dar la posibilidad a la gente de tener relaciones sexuales seguras y que sean ellas los que decidan si quieren y cuando quieren tener niños”

Las Conferencias Internacionales: El Cairo (población y desarrollo); Beijing y su Plataforma de Acción; la Asamblea Extraordinaria de Naciones Unidas Cairo +5; CEDAW (Comité para la Eliminación de la Discriminación en Contra de las Mujeres) y Belén do Pará (violencia) califican a los derechos reproductivos basados en la prerrogativa básica de decidir libre y responsablemente sobre el número de hijos. Instan a los gobiernos a ocuparse del impacto que tiene sobre la salud el aborto inseguro como cuestión prioritaria de salud pública y a reducir su recurso mediante la prestación de más amplios y mejores servicios de planificación familiar.

¿Cómo responden nuestras instituciones de protección a los derechos humanos y a la ciudadanía frente a tanta modernidad? Destaco dos; Por un lado a la CNDH (Comisión Nacional de Derechos Humanos) le interesan únicamente los derechos del varón (padre) y derechos del producto y por otro, a la PGR (Procuraduría General de la Repúbica) quien establece, como si fuera un instituto de investigación en Bioética, el derecho a la vida del producto antes de las 12 semanas.

 

III. Estado actual de la propuesta de despenalización

El 24 de abril de 2007 se redefine el concepto de aborto en sus términos jurídicos: no es posible hasta después de la doceaba semana. Esta causal permite a las mujeres interrumpir el embarazo antes de la treceaba semana. Establece entonces que la vida -como término científico no religioso, ni moral- se concibe, se inicia, a partir de la treceaba semana. 

El comienzo de la vida corresponde al inicio de la actividad nerviosa; es alrededor de las 12 semanas que se puede constatar evidencia de actividad cortical. Cabe mencionar que el criterio para transplantes de órganos es el mismo, es decir, que la muerte deviene cuando cesa la actividad cortical, no hay vida sin manifestación de actividad nerviosa.

Lo que se entiende por concepción no ha sido definido por la SCJN (Suprema Corte de Justicia de la Nación), mucho menos por la constitución. Para la iglesia católica es el momento en el que Dios infunde a los “hombres”. Es imprescindible volver a apuntalar un estado laico. En un estado laico la democracia es posible, la confusión entre iglesia y estado sólo nos aleja de esta posibilidad.

La redefinición de la noción de aborto se vincula con la estipulación del comienzo de la vida como la reconocemos los humanos y la ciencia que hemos desarrollado.

La Ley de Despenalización está siendo revisada hoy por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es un acontecimiento el que la ciudadanía de esta ciudad, pueda referirse a la ley como un evento que protege, aumenta la libertad y la autonomía de las mujeres. Por lo general la ley en México no existe para nadie que no tenga poder. Esta ley puede iniciar el cambio en el imaginario social de la justicia en México.

 

IV. El imaginario social de la ley: La Ley como posibilidad de emancipación. La ley como protección del débil. La ley como derecho

Con la propuesta de despenalización del aborto, tenemos una ley que tiene la capacidad de proteger especialmente a mujeres pobres, quienes desean interrumpir su embarazo y no pueden acudir a un médico particular, o a aquellas que pueden ser encarceladas. Una ley cuyo centro es la justicia social. Una verdadera novedad, no por la existencia de la ley como promesa de justicia (tenemos una constitución abocada a la justicia social), sino porque ésta se remita a las mujeres, asunto de gran vanguardia y que coloca a nuestro sistema de justicia, en este rubro, como uno de los más avanzados.

¿Qué nos otorga esta Ley, además de la posibilidad de interrumpir un embarazo sin riesgos a la salud? Nos otorga la excepcional posibilidad de pensar que las leyes están para servirnos y no para perjudicarnos. Como sociedad no estamos acostumbrados ni a pensar en la posibilidad de tener una ley que nos defienda, represente nuestra voluntad y nos ampare; ni como mujeres a pensar que tenemos el derecho a controlar nuestras vidas y que un estado nos respalde en este despropósito.

Esta iniciativa nos pone frente a una ley “Ante la ley“ como un instrumento de protección, no de castigo. Este es un acontecimiento insustituible para poder transitar a una democracia.

Estamos acostumbrados a una ley que persigue al inocente y se desentiende o castiga al pobre y protege al poderoso, como el caso de la anciana indígena nahua Ernestina Ascensión Rosario. Estamos acostumbrados a una ley kafkiana, que castiga al inocente.

Estamos acostumbradas también a leyes (como códigos sociales) que establecen que el cuerpo de las mujeres no les pertenece.

Con la propuesta de despenalización del aborto, tenemos un caso de excepción: una ley que tiene la capacidad de proteger especialmente a mujeres pobres, quienes desean interrumpir su embarazo y no pueden acudir a un médico particular, o a aquellas que pueden ser encarceladas justamente por poder acudir. Una ley cuyo centro es la justicia social.

Kafka reflexionó profundamente en todos sus escritos sobre la relación entre la modernidad, la ley y la posibilidad de la justicia al más común de los ciudadanos. Muestra como uno de los objetivos de la ley, esa ley de los estados autoritarios, no democráticos, no es proteger, sino controlar. Parece que la función de la ley en la modernidad es perseguir sin un sentido claro, confundir, acorralar con el sólo sentido de dominar.

Hacia el final de su novela El Proceso, Kafka elabora una imagen muy poderosa de lo que significa estar “Ante la Ley,” es decir un proceso legal, de allí el sustantivo de “proceso” y su doble significado: como conjunto de procedimientos cuyo fin es sentenciar o debatir la legalidad o ilegalidad de un acto además de un lapso de tiempo. Se refiere, en la novela, a un campesino, un hombre pobre y de pocas letras que espera, “Ante la Ley” el acceso a la justicia, espera a poder ser reparado de un daño sufrido, hacer oír su testimonio, o gozar de algún derecho. Transcribo la historia final, una viñeta que corona “El Proceso” de Kafka. La transcribo con el fin de que reflexionemos el momento actual de una propuesta que puede no solo salvar la vida, sino contribuir más decididamente al control de las mujeres sobre su propio destino.

 

Ante la Ley

Delante de la ley hay un portero de guardia. Ante éste, se presenta un hombre del campo que solicita entrar a la ley. Pero el portero dice que no puede dejarlo entrar por el momento. El hombre, reflexionando, pregunta si se le dejará entrar después. “Es posible”, responde el portero, “pero no ahora”. Como la puerta que conduce al interior está abierta como de costumbre, y el portero se coloca a un lado, el hombre se agacha para atisbar por la entrada. Cuando el portero lo descubre, se ríe y dice: “Si su tentación es tanta, trate de entrar sin mi permiso, pero le advierto que soy poderoso, y eso que sólo soy el portero de más bajo rango. De sala en sala, hay porteros en todas las puertas, uno más poderoso que el otro. El tercero de ellos tiene un aspecto que ni siquiera puedo soportar ver”… El portero le proporciona un banquillo y deja que se siente junto a la puerta. Allí se la pasa sentado, esperando días y años. Hace muchos intentos para que le permitan entrar y agobia al portero con su importunidad…. Durante todos aquellos largos años, el hombre contempla al portero incesantemente. Se olvida de los demás porteros y le parece que éste constituye la única barrera entre él y la ley. Los primeros años maldice en voz alta a su cruel destino; después, al volverse viejo, sólo habla para sí mismo. Se vuelve pueril, y como en su larga observación ha llegado a conocer hasta a las moscas que se posan en el cuello de pieles del portero, les suplica a éstas que lo ayuden a persuadir al portero de que cambie de parecer. Finalmente, se le apagan los ojos y no sabe si el mundo en realidad se está oscureciendo en torno a él o si sólo son sus ojos que lo engañan. Su vida se está aproximando al final. Antes de morir, todo lo que ha experimentado durante todo el tiempo de su espera, se condensa en su mente en una sola pregunta, que todavía no ha formulado al portero. Le hace señas a éste, ya que no puede mover su cuerpo rígido. El portero tiene que agacharse para escucharlo, pues la diferencia de tamaño entre ambos ha aumentado mucho en perjuicio del campesino. “¿Qué quiere saber ahora?” pregunta el portero. “Es usted insaciable”. “Todo el mundo se esfuerza por alcanzar la ley” contestó el hombre. “¿Cómo está entonces que en todos estos años nadie se ha presentado solicitando entrar más que yo?” El portero, advirtiendo que el hombre se encuentra al final de sus fuerzas y que el oído le falla, le grita en la oreja: “Nadie podía entrar por esta puerta más que usted, porque esta puerta le estaba destinada únicamente a usted. Ahora voy a cerrarla”.

El guardián lo despoja de todo control sobre su vida. El campesino muere con la puerta de la ley, su ley, cerrada ante él. ¿Qué pasa si ante la puerta de la ley se coloca una mujer, también pobre? Una mujer que solicita entrada, acceso a la justicia, con el alucinante proyecto de querer algo que otros no quieren?. Con cinco hijos o con ninguno. Católica o atea, de 40 o de 18 años. Si al hombre pobre no se le estimuló el acceso a la ley, se le amedrentó y culpabilizó, podemos pensar que la mujer sin recursos, ni siquiera podrá llegar a su umbral, ni ilusión de imaginarse “ante la ley,” haciendo algún reclamo, denuncia o solicitud de amparo.

El Proceso de Kafka sigue vigente, tenemos ahora a una Sra. K ante su puerta. El horrendo portero narigón que deja morir al campesino con la puerta de la ley cerrada, y despojado de toda agencia, nos parece un amable guardián frente a las tácticas de PROVIDA, la PGR, la CNDH o los sermones del Cardenal Norberto Rivera. Kafka se queda corto frente a nuestros religiosos cancerberos.

Con esta ley lo tenemos todo, una propuesta concreta, adecuada, posible de ser aplicada. Una mayoría de mujeres pobres, que se beneficiarían con ella y que no pueden acudir a medios de interrupción del embarazo que sean seguros, por ser inaccesibles económicamente, la imposible defensa de la libertad de una mujer para regir su vida, y el derecho a la propia vida, a su tiempo, a su ritmo, sin desbocarse, deslomarse, despedazarse por lo que otros temen, quieren o necesitan.

La despenalización es en un primer grado un asunto de justicia social, de salud pública y en un segundo grado representa un estratégico vínculo con los derechos humanos, una posibilidad de dar lugar en el imaginario social, a la voluntad de una mujer. ¿Qué postura tomaremos? Nos inclinamos a seguir mirando a las mujeres como voyeurs, a dirigir sus gestos y posturas, a controlarlas bajo el clic de nuestra cámara o las dejamos que ellas solitas se miren al espejo, elijan la postura y enmarquen atrevidas o cautas su propio instante?

 

*Texto leído en el seminario sobre el Aborto en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en enero 2008.

**Doctora en estudios culturales por la Universidad de California en Berkeley. Directora del Programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México.

ABORTO

Posted by MARIA GUADALUPE CARRANZA VALLE at 2008-06-27 21:58
ME LLAMA LA ATENCION EL COMENTARIO DE MIRADA Y CUERPO. NO TODAS LAS MUJERES POBRE SE HACEN ABORTOS. LOS QUE ESTAMOS INMERSOS EN ESTE PROBLEMA Y LO VEMOS A DIARIO SE HA OBSERVADO. QUE LA MAYOR PARTE DE MUJERES QUE SOLICITA EL ABORTO. SON POR MUCHAS CAUSAS UNA DE ELLAS ES POR MIEDO A TENER UN HIJO, Y QUE DIRA LA GENTE ,POR UN MAL USO DEL METODO ANTICONCEPTIVO. O POR QUE EL NIÑO ES UN ESTORBO PARA SU EDUCACION, SU SOCIEDAD,O SU TRABAJO,Y NO SON POBRES SON DE DIFERENTE ESCALA SOCIAL DONDE LA POBREZA ES LA INTERIOR. NO SE POR QUE SE DA TANTAS VUELTAS SI LOS QUE ESTAMOS CULTOS Y PREPARADOS PODEMOS AYUDAR A LOS QUE DEBERAS LOS NECESITAN ES UNICAMENTE TRABAJAR ESTAR EN ESTE LADO DEL PROBLEMA Y DEBERAS ESTUDIAR Y PREPARAR A LA MUJER PARA EL GRAN DESAFIO DE SER MUJER. EN TODA LA PALABRA.

la verdad de los abortos

Posted by ariadana at 2008-07-21 18:26
la verdad considero que no es pleno sabes en quiterle le vida a un ser porque cada quiene es responsable de sus actos, es mas doloroso quitar vida a solo regalarlo, pensemos en todas esas familias que no pueden tener un bebe en brazos, que muchas veces las que pueden solo juegan con su cuerpo, pero deberinas pensar un poco de los tanto riesgos que se puede ocacionar por un acto no muy pleno, siempre la vida es plena y feliz, mas si tu la quieras molesta y no con una felicidad sera asi porque cada quien se pone sus limites de cuanto es lo que quiere para su vida, tu eres dueño de tu vida y si no te tienes respeto a ti mismo mucho menos alas tu semejante.....

buen escrito

Posted by sandra vega at 2008-08-04 14:42
En lo personal, me gustó mucho tu escrito, no sólo porque me pareció bien redactado si no porque aprendí cosas que no sabía; además,estoy de acuerdo contigo en muchas cosas que expones. Pienso que las mujeres somo las únicas que tenemos derecho a decidir sobre nosotras mismas, ni la iglesia, ni los políticos, ni nuestra familia. Nosotras debemos forjar nuestro destino. Sin embargo, ese destino que queremos se encuentra bajo el control de toda la sociedad; de lo que nos quieren hacer creer que es mejor para nosotras, aunque deseemos cosas diferentes, y tenemos que actuar de acuerdo a ello. Cuantas mujeres han abortado por la presión de sus familias o parejas, aún cuando ellas desearan tener hijos; o cuantas no lo han hecho por 'temor a Dios' o por falta de apoyo y exceso de castigos por parte de las autoridades. Es verdad que aún falta mucho para que el estilo de vida de México de un giro, pero ya estamos un poco más cerca.


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