¿Guerra de arena en el Caribe Mexicano?
Las distintas reacciones de los sectores de la comunidad del Caribe Mexicano, relacionadas con el proceso de la recuperación de las playas turísticas de Cancún y la Riviera Maya, han puesto en evidencia nuestras limitaciones en el manejo sostenible del patrimonio o recurso natural más valioso que tiene la Península de Yucatán, tal como lo es su extenso litoral marítimo cuando su suelo es utilizado para el turismo recreativo. La decisión de SEMARNAT de autorizar la realimentación de las playas con sedimento extraído de un banco de arena profundo en el noroeste de la Isla de Cozumel, ha provocado diversas opiniones en los medios impresos y electrónicos, sobre el mérito o la pertinencia de la estrategia adoptada. Lo más interesante del asunto pero al mismo tiempo muy preocupante, es que todas ellas -a favor o en contra, pueden ser cuestionadas a la ligera aunque merecen ser debatidas a fondo-, porque unas y otras reflejan posibles implicaciones ambientales y daños patrimoniales en el Gran Ecosistema.
Por: Luis Capurro Filograsso, Jorge Franco Cáceres y Víctor Castillo Escalante*
Las distintas reacciones
de los sectores de la comunidad del Caribe Mexicano, relacionadas con
el proceso de la recuperación de las playas turísticas de Cancún
y la Riviera Maya, han puesto en evidencia nuestras limitaciones en
el manejo sostenible del patrimonio o recurso natural más valioso que
tiene la Península de Yucatán, tal como lo es su extenso litoral marítimo
cuando su suelo es utilizado para el turismo recreativo.
La decisión de SEMARNAT de autorizar la realimentación de las playas con sedimento extraído de un banco de arena profundo en el noroeste de la Isla de Cozumel, ha provocado diversas opiniones en los medios impresos y electrónicos, sobre el mérito o la pertinencia de la estrategia adoptada. Lo más interesante del asunto pero al mismo tiempo muy preocupante, es que todas ellas -a favor o en contra, pueden ser cuestionadas a la ligera aunque merecen ser debatidas a fondo-, porque unas y otras reflejan posibles implicaciones ambientales y daños patrimoniales en el Gran Ecosistema.
Es evidente que, con vista al gran valor socioeconómico de esa región caribeña y con idea de responder al problema táctico que se presentaba con la inminente temporada alta de vacaciones, había que proceder medidas emergentes como las que adoptó SEMARNAT, dejando de lado consideraciones estratégicas tales como puede ser el impacto del dragado del Banco de Cozumel, un sitio destinado a ser un terreno ganado al mar en el lejano futuro, cuando se incorporara morfológicamente a la Isla como Barrera o la duración del relleno.
Una vez más se ha evidenciado nuestra debilidad institucional por no conocer cómo funciona el sistema costero, ya que si lo supiéramos podríamos contestar las dudas planteadas por los opositores a la iniciativa de relleno de playas, en lo que se ha denominado la “Guerra de arena” en Quintana Roo. Ya sabemos que este conocimiento nomás se logra con la investigación científica costera, bastante débil por cierto en nuestro caso a nivel peninsular. No tiene sentido, aunque reconocemos que sí es bastante tentador, entrar a analizar al detalle algunos de los aspectos mencionados. Por esto hemos preferido abordar algunas características del procedimiento adoptado en la Riviera Maya para la realimentación de las playas con nuevo sedimento.
Realimentación sostenible de playas
Casi todos nosotros hemos presenciado los problemas de erosión o cambios realizados por las mareas y las olas. Cuando estos problemas afectan a la comunidad, los ingenieros costeros tratan de aliviar la situación usando un nuevo conjunto de estructuras para detener la erosión, o cada vez en forma más creciente por otros medios, tales como el alimentar con nuevo sedimento la playa afectada. Sin embargo, tales métodos tratan solamente los síntomas y no las causas de la destrucción de las playas. Estas tentativas de solución pueden también crear problemas adicionales que necesitarán ser atendidos en el futuro.
Históricamente, los
humanos han respondido a la erosión construyendo estructuras para resistirla,
es decir asegurar que el límite que el límite entre la tierra y el
mar permanezca fijo y permanente. Eso ha sido así bajo la suposición
de que la línea de costa es un aspecto que ha estado siempre en su
posición actual y que su forma no debe nunca ser cambiada, olvidando
que el borde entre la tierra y el mar es una ambiente altamente dinámico
y en cambio continuo. Evidentemente, hoy en día esto es un aspecto
histórico ya que el mérito de este enfoque conocido como “defensas
duras” ha sido cuestionado y se han sugerido cambios radicales en
como la línea de costa debe ser protegida y manejada.
Mientras que las defensas duras luchan contra la energía de las olas, los métodos de la ingeniería blanda apuntan a disiparlas en sistemas naturales. En los últimos años, una creciente preocupación, ha llevado a los ingenieros a considerar otros métodos para proteger la línea de costa y prevenir la erosión, tales como el mantenimiento o creación de playas, planicies de fango, y pantanos de agua salada como las técnicas más eficientes para disipar la energía de las olas. Esto ha generado un cambio mayor en el enfoque: en lugar de reaccionar a los problemas costeros, los ingenieros actualmente adoptan un enfoque más holístico y proactivo al manejo costero. Este tema es muy tentador para ser discutirlo aquí, sin embargo el propósito de este artículo es analizar la solución adoptada por las autoridades de realimentar las playas para enfrentar al problema de su desaparición en el Caribe Mexicano, y la elección de un banco profundo de arena en el noroeste de la isla de Cozumel como fuente de sedimento para recargar esas playas en desaparición.
La realimentación de playas se ha convertido en uno de los enfoques más populares de la ingeniería costera en las últimas décadas. Muchos la ven como el último medio de salvación para ambos propósitos, es decir, para aumentar las defensas costeras del hinterland y para turismo. A pesar de todo, las técnicas no están completamente asimiladas debido a que no sabemos como “trabajan” o “funcionan” las playas, y por lo mismo prevalecen muchos problemas ambientales y económicos sin resolver. Algunas metodologías asociadas también usadas en playas son el reperfilaje de playas a través del movimiento artificialmente movido alrededor de la playa para producir un perfil más estable; y otro como el desagüe de la playa, donde el retroceso del agua hacia el mar es concentrado a través de un flujo en lugar de un amplio flujo superficial, reduciendo así la pérdida de sedimento de playa.
La técnica básica para alimentar a playas es simple e involucra tres etapas: l) obtener el material de un sitio adecuado; 2) transportarlo, y 3) transferirlo a la playa. El dragado es el método más común de obtener sedimento, usando tuberías para transferirlo a la playa si el sitio está suficientemente cercano. Otros métodos de transferencia, incluyendo el de obtenerlo y descargarlo, son con una draga fuera del shore para que las olas lleven al sedimento a la playa, o transportarlo directamente a la playa por camión. Aunque el enfoque básico puede ser simple, no es solamente la cuestión de arriar grandes cantidades de sedimento en la playa y no hacer nada más. Debido a que las playas tienen una forma que es controlada por las olas, viento y corrientes, tales procesos sirven también para controlar el tamaño de sedimento y su variación a través de la playa. Sin embargo, es importante mantener el perfil natural de la playa como sea posible durante la construcción, de otra forma puede ocurrir una removilización de sedimento en gran escala, desde la playa de vuelta al mar, del sedimento originalmente colocado en la playa, con un alto potencial de pérdidas
Todo esquema de recarga
de playa entraña que perderá sedimento en los primeros años, llevando
a los observadores, los críticos y los usuarios a una concepción equivocada
que el esquema está fallando. Este no precisamente el caso, ya
que mucha pérdida del sedimento ocurre debido a un ajuste algo artificial
del perfil de playa posterior a la recarga a uno más natural, y las
pérdidas representan un retiro de la playa y transporte fuera del shore.
A fin de acomodar esta pérdida muchos esquemas de recarga usan un volumen
mayor de recarga que lo que necesita la playa. Además de los
problemas morfológicos, el propio sedimento necesita ser el adecuado,
como lo es el tamaño de grano, y en algunos casos, la mineralogía.
Un aspecto importante de la recarga de playas es que el proceso involucra grandes cantidades de material. Típicamente, los volúmenes están en cientos a miles de metros cúbicos o más. Las fuentes de material están generalmente fuera del shore, pero menos ocasionalmente son de fuera de tierra u otras fuentes. En forma creciente, el dragado de la rada es también usado, cuando están suficientemente limpios y del rango de tamaños correcto.
Debido a la necesidad de grandes volúmenes, una consideración importante durante la recarga de una playa, es que el área de la fuente de sedimento se encuentre cerca del área de recarga, debido a que el costo del transporte del sedimento es relativamente alto. Este aspecto de la fuente del material es la razón de ser de este documento y por esta razón paramos aquí la discusión de las distintas formas de realimentar las playas.
Está claro en el caso que nos interesa que es necesario analizar la fuente de realimentación de las playas del Caribe Mexicano seleccionada, sea por su cercanía a estas playas o por el tipo de sedimento del banco de arena que se ha formado en el noroeste de la isla de Cozumel. La pregunta entonces es: ¿Cómo se ha formado este banco y qué valor ambiental tiene el mismo, como para ser sacrificado en aras de la salud de las playas turísticas aledañas? Aquí tenemos que decidir si se justifica tal sacrificio, y en tal sentido nos preocupa que no podamos decidir al respecto en términos de sostenibilidad, puesto que carecemos o mejor dicho no se ha llevado a cabo un estudio holístico del ambiente costero de la Península de Yucatán. En síntesis, no contamos con el modelo ambiental-socioeconómico de dicho litoral, evidentemente turístico.
El drama es que estamos
en plena temporada turística costera y carecemos de playas en la más
importante zona del Caribe mexicano, o sea no contamos con uno de los
atributos socioeconómico más valiosos de la región. De no solucionar
este problema las pérdidas económicas serán considerables para los
sectores empresariales y sociales. Como pragmática reacción, el Estado
federal adoptó un curso de acción a la mano, que fue buscar una fuente
de sedimento muy cercana y con ella reconstruir las playas, aunque ellas
puedan ser nuevamente destruidas en un tiempo cercano.
Un estudio al respecto tal vez justifique ese curso de acción táctica para superar el drama de esta temporada, y ojalá que establezca que en el futuro se tendrá que buscar una solución más adecuada a este desafío permanente. Sin embargo, shí se nos presenta el problema que nos cuestiona el mérito de la decisión adoptada. Resulta que la fuente de sedimento cercana es un banco de arena profundo, es decir una “zona de acreción” que con el tiempo se unirá a la Isla y se habrá ganado terreno hacia el mar. ¿Qué es más importante? Pues lo crucial es que esto solo podremos contestarlo cuando se conozca cómo funciona el ecosistema costero Peninsular y cómo afrontaremos la amenaza de una subida acelerada del nivel del mar, aspectos que aún no se han considerado y por lo tanto no sabemos casi nada al respecto.
Este problema de realimentación es bastante común en playas turísticas donde la calidad de la playa es un requerimiento básico socioeconómico, por sus implicaciones en la defensa del hinterland pero tal vez más importante por su uso turístico recreativo. Este aspecto del problema es típico de los países marítimos e islas tropicales y/o semitropicales. Un ejemplo bien demostrativo es el que tuvo lugar en la Península de Florida. Dentro de sus responsabilidades federales con la conservación de las costas, este Estado recibía considerables cantidades de dinero para realimentar numerosas playas de sus dos litorales marítimos usados casi exclusivamente para el turismo recreativo. Últimamente debido al considerable monto del apoyo, el gobierno federal dejó de prestar este apoyo, lo que alarmó mucho al gobierno de Florida. Sin embargo, un análisis de lo que implicaba no conservar sus playas decidió al gobierno estatal ha hacerse cargo de estos costos de realimentación, decisión muy acertada por cierto. Conviene aquí destacar que, en este Estado americano, numerosas universidades realizan intensas investigaciones sobre el comportamiento y valor de su litoral marítimo, actividad casi inexistente en nuestro caso.
Estimamos que el caso del Banco de Cozumel es una demostración contundente de los problemas que debemos afrontar en una región que vive prácticamente del uso de su litoral marítimo para fines turísticos recreativos y de la ausencia casi total de bases científicas de cómo funciona ese litoral. Incluso, el caso del uso de este banco de arena nos ilustra en que lo primero que debemos decidir en esta región y en el resto del litoral marítimo mexicano, es cómo vamos a afrontar el gran desafío de la subida del nivel del mar y el de una atmósfera cada vez más agresiva. ¿Enfrentamos de modo frontal al mar, nos acomodamos amigablemente a su ritmo, o debemos buscar una solución de compromiso? Una vez decidido esto, debemos extremar las medidas de tratar de comprender cómo funcionan nuestros litorales marítimos. Ello es una actividad científica y tecnológica casi inexistente en el país.
Si contáramos con una Ley de Costa y/o un Gran Proyecto Nacional de Playas en Peligro, estamos seguros que los problemas planteados en la “Guerra de arena” y abordados en este trabajo, estarían en el tope de la agenda de trabajo y no en manos de varias dependencias gubernamentales que tienen responsabilidades marginales o limitadas en este tipo de problemas. Yucatán ha comenzado a enfrentarlo con un proyecto de Barrido Lateral del Fondo Marino y de Sísmica de Poca Profundidad, una de cuyas metas es identificar depósitos de arena fuera del shore que puedan servir de fuentes de sedimento para la realimentación de sus playas, entre otras.
Consistente con el racional de la sostenibilidad en el uso de los ecosistemas, conviene enfatizar que en todas las acciones discutidas aquí, debemos tener siempre en mente los asuntos relacionados con el ascenso del nivel del mar. Por lo tanto, debemos recordar cómo las olas, mareas y viento cambian durante las escalas de tiempo incorporadas en nuestros conceptos de sostenibilidad, y también cómo cada defensa debe ser construida con estos conceptos en mente.