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Bosques, oceános y captura de carbono

Desde el inicio de la Revolución Industrial la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado 30 por ciento. Solo México emite alrededor de 3.70 toneladas de CO2 por habitante, por cierto 4.02 toneladas por debajo del promedio mundial. Alrededor de dos tercios de este volumen corresponden a los diversos procesos de combustión en los sectores energético, industrial, de transporte y de servicios. El resto, cerca de un tercio, se origina en los procesos de deforestación, cambio de uso de suelo y quema de leña. A si mismo, se calcula que alrededor de 20 millones de personas usan la leña en este país como principal energético.

Por: Carlos Mallén Rivera*

Desde el inicio de la Revolución Industrial la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado 30 por ciento. Solo México emite alrededor de 3.70 toneladas de CO2 por habitante, por cierto 4.02 toneladas por debajo del promedio mundial. Alrededor de dos tercios de este volumen corresponden a los diversos procesos de combustión en los sectores energético, industrial, de transporte y de servicios. El resto, cerca de un tercio, se origina en los procesos de deforestación, cambio de uso de suelo y quema de leña. A si mismo, se calcula que alrededor de 20 millones de personas usan la leña en este país como principal energético. Los expertos consideran que el sector forestal aporta casi el 40% de las emisiones totales de CO2. Sin embargo, este mismo sector es pieza clave en atenuar el problema.

Manteniendo las áreas naturales protegidas, un análisis preliminar asume, así como, realizando un manejo sustentable de los bosques, reforestando las áreas degradadas se podía llegar a grados de captura de carbono en dichas zonas del orden de 3,500 a 5,400 millones de toneladas en un periodo de 100 años, lo que equivale a una captura anual, bajo este escenario hipotético, de 35 a 54 millones de toneladas de carbono anuales.

Pero dentro de los bosques algunos contribuyen más que otros en la fijación del carbono atmosférico, los ecosistemas de zonas tropicales, ya que tienen la virtud de fijar una mayor cantidad de bioelemento por unidad de tiempo, además tienen una participación desproporcionada en el ciclo del carbono; si bien representan sólo 10 por ciento de la superficie terrestre del planeta, son responsables de un tercio de la productividad terrestre y contienen más de la cuarta parte del carbono almacenado en plantas y suelos.

Investigadores del Instituto de Ecología de la UNAM, se interesan en los bosques tropicales estacionalmente secos, principal forma vegetal en el trópico y un tipo de ecosistema primordial en el país, sólo superado en superficie por los matorrales xerófitos. Así mismo, son los segundos de mayor extensión territorial en México. Los hay desde Baja California y Sonora hasta Yucatán.

Estos hábitat son menos complejos que las comúnmente llamadas selvas o bosques tropicales húmedos, aunque al igual que estas sufren deforestación, que no sólo reduce los capitales de carbono en vegetación y en el suelo, sino que afecta también su distribución y relaciones con otros bioelementos esenciales para la vida.

Desde hace más de una década, se trabaja en  los suelos ubicados en la península Yucateca, lo mismo que en pastizales  y áreas henequeras, realizando estudios del suelo y la vegetación y para conocer los factores que podrían limitar la captura de bióxido de carbono, lo mismo que el efecto que tendrá el cambio climático y el incremento en la deposición de nitrógeno desde la atmósfera sobre las interacciones de los bioelementos, y la emisión de gases con efecto invernadero.

El desarrollar programas para la captura de carbono en el suelo exige la realización de un balance global entre el carbono acumulado y la emisión de gases desde los suelos, ya que junto con el aumento de la materia orgánica hay incrementos de las emisiones de óxido nitroso, otro gas que contribuye al efecto invernadero.

Las lagunas costeras y el mismo océano son capaces de atrapar el bióxido de carbono presente en la atmósfera; por ello, se considera que en los litorales podría establecerse una estrategia que propicie una mejor captura de ese gas de efecto invernadero, para investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Pero si de capturar el carbono se trata también se ha estudiado ampliamente las capacidades de los ecosistemas marinos y acuícolas En el grupo de Aerosoles Atmosféricos se investigan las interacciones del ambiente con los cuerpos de agua y, en particular, se analizan dos ecosistemas ribereños del estado de Guerrero. Este proyecto, parte del Programa Mexicano del Carbono dirigido por el Centro de Ciencias de la Tierra de la UNAM y busca aumentar el conocimiento de los procesos costeros de relación océano-atmósfera y determinar si puede traducirse en beneficios económicos para las comunidades sobre todo al incursionar en los llamados bonos de carbono.

Con las investigaciones efectuadas en dos lagunas guerrerenses: Tres Palos, cerca de Acapulco, y Chautengo, en la costa Chica, se determinará la influencia de una ciudad cerca en un hábitat lagunar, y comparándola con otra que no la tiene. El objetivo es saber si la concentración atmosférica afecta la forma en la que esos ambientes capturan bióxido de carbono.

Las emisiones se analizaron mediante cromatografía de gases, y se cuantificó la cantidad de carbono orgánico, inorgánico y el total en muestras de agua, aire y sedimentos, arrojando resultados asombrosos, como es el hecho de que las zonas costeras, sobre todo en el caso de pantanos y manglares, también pueden ser emisoras de metano, 20 veces más fuertes como gas de efecto invernadero que el bióxido de carbono. En este caso, ambas lagunas están asociadas con manglares, expuso.

Se encontró que Tres Palos absorbe más bióxido de carbono, aunque emite más metano, siendo un substancial concentrador del contaminante, Chautengo no lo es tanto, probablemente debido a que el ambiente en la primera localidad tiene mayor concentración de ese gas y, por lo tanto, atrapa mayor cantidad. En las lagunas costeras se originan nutrientes para la zona marina. Muchos organismos, entre ellos los de las pesquerías comerciales, pasan buena parte de su vida larvaria en esos ambientes. Si se lograra que en ellas quedara atrapado más carbono, que luego se trasladaría hacia el fondo del mar, se disminuiría y se retardaría su regreso a la atmósfera.

Una cuestión fundamental para los pobladores de Tres Palos es que cuentan con un sistema capturador de bióxido de carbono, donde el balance entre la producción de metano y la aprehensión de bióxido de carbono, es favorable a este último, lo que significa que tiene una tendencia mayor a ser sumidero de carbono. En tanto, en un ecosistema menos viciado, como Chautengo, se observa que el intercambio es más equilibrado. Según las condiciones ambientales, esas regiones pueden sobrellevarse como emisores o sumideros; ahora se trata de precisar en qué condiciones se comportan uno u otro.

Con respecto al carbono en áreas costeras, dentro de los ciclos biogeoquímicos destaca de manera importante el referido elemento, porque es formador de la vida, presente en los compuestos de la materia orgánica. Sin embargo, la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera es un problema. Tal ciclo involucra a la antropósfera, donde se desarrolla la actividad humana y la quema de combustibles fósiles. En tanto, la vegetación tiene el efecto de atrapar las moléculas de ese elemento químico mediante la fotosíntesis. Los mares y ríos también absorben una cierta cantidad y se espera que sean capaces de guardarlo. La incógnita mayor es saber si hay un límite de la capacidad de los océanos para efectuar dicha tarea debido a que es preocupante que a medida que aumenta la temperatura en lugar de absorber carbono puedan emitirlo.

 

*Investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias

 


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