Celebración con C de Colección
EI Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, es uno de los más importantes reservorios de germoplasma y variación genética en el mundo, fundado en 1959 por Faustino Miranda, cumple medio siglo dedicado al conocimiento, conservación y uso de la diversidad vegetal. Más de cinco mil ejemplares de plantas de mil 200 especies correspondientes a 112 de las 300 familias botánicas que existen en el país. Alberga las colecciones nacionales de agaváceas y crasuláceas, así como el más completo muestrario de cactáceas. Es el más grande de América Latina y uno de los rostros más conocidos de la Universidad hacia la sociedad debido a sus atinados programas de difusión y educación que fomenta la conciencia ambiental y que involucra hasta conciertos. Cada año, este espacio recibe más de 70 mil visitantes y mediante la formación de colecciones nacionales, auténticos reservorios de germoplasma y variación genética, programas de propagación y su participación en el resguardo de decomisos, desempeña un papel activo en la conservación de especies amenazadas.
Por: Carlos Mallén Rivera*
EI Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, es uno de los más importantes reservorios de germoplasma y variación genética en el mundo, fundado en 1959 por Faustino Miranda, cumple medio siglo dedicado al conocimiento, conservación y uso de la diversidad vegetal. Más de cinco mil ejemplares de plantas de mil 200 especies correspondientes a 112 de las 300 familias botánicas que existen en el país. Alberga las colecciones nacionales de agaváceas y crasuláceas, así como el más completo muestrario de cactáceas. Es el más grande de América Latina y uno de los rostros más conocidos de la Universidad hacia la sociedad debido a sus atinados programas de difusión y educación que fomenta la conciencia ambiental y que involucra hasta conciertos. Cada año, este espacio recibe más de 70 mil visitantes y mediante la formación de colecciones nacionales, auténticos reservorios de germoplasma y variación genética, programas de propagación y su participación en el resguardo de decomisos, desempeña un papel activo en la conservación de especies amenazadas. Y por supuesto investiga sobre todo el aprovechamiento y conservación, particularmente de los grupos de plantas de gran importancia biológica y económica, como las medicinales y ornamentales.
Bajo la rectoría de Nabor Carrillo y por iniciativa de su secretario general, Efrén del Pozo, se tomo la decisión de crear un jardín botánico en Ciudad Universitaria, que reponía el que había existido en Chapultepec y, además, presentaba la botánica con una visión actualizada en la enseñanza, la difusión cultural y la investigación científica. En la tarea encomendada al botánico Faustino Miranda, entonces jefe del Departamento de Botánica del Instituto de Biología, se contó con el auxilio de Manuel Ruiz Oronoz y un grupo de especialistas, así como de técnicos y por supuesto jardineros. Este equipo emprendió la tarea de sembrar, en el agreste pedregal de basaltos y escasos suelos ácidos, plantas provenientes de las zonas áridas del país y de las selvas tropicales de México, para lo que se construyeron invernaderos especialmente adaptados.
La labor de este jardín está directamente ligada al deterioro ambiental que hoy se vive: deforestación, pérdida de áreas naturales, defaunación, erosión y cambio climático. Por ello, estos espacios representan soluciones y trabajo crucial para la conservación de la diversidad vegetal. Una parte importante de este sitio, son sus colecciones científicas, que se derivan de la labor inicial de los colectores y continua de los académicos, que han formado a lo largo de los años acervos de valor científico por su información documental, los especimenes que poseen y porque, además de mostrar al público la diversidad del país, son un reservorio de germoplasma.
Actualmente restaura una colección de orquídeas y forma otras dos de dalia, opuntia y plantas acuáticas. Además se esta en un proceso continuo de reponer el material, que tienen vida limitada y en condiciones ecológicas tan difíciles como las de la Ciudad de México, mantener un jardín botánico es una tarea difícil; sin embargo, vital; de las 981 especies registradas en alguna categoría de riesgo por las normas oficiales, el jardín resguarda dos extintas en condiciones naturales, 31 en peligro de extinción; 92 amenazadas, y 119 sujetas a protección especial. Esta labor no solo es importante para el país sino para la biota mundial, verbigracia, en el planeta hay 57 especies de yucas y dasilirios, de las que 30 son mexicanas, 16 de ellas endémicas y, de estas, 12 forman parte de colecciones propias.
La labor de Faustino Miranda la continuaron celebres biólogos de la talla de José Sarukhán, Teófilo Herrera, Robert Bye Boettler, Arturo Gómez Pompa, Antonio Lot Helgueras, Héctor Manuel Hernández Macías y Hermilo Quero. Pero no solo ha convocado a las mentes más connotadas del saber forestal, también han respondido campesinos y habitantes de las regiones ecológicas mexicanas que han donado valiosos ejemplares para que vivan y sean protegidos por la Universidad. El cultivador Alfonso Chimal Mendoza invitado por Faustino Miranda a rescatar la idea de los jardines botánicos, una tradición mexicana perdida durante cuatro siglos, recuerda que empezó levantando los cimientos del Jardín, aprovechando las condiciones que ofrecía el lugar que originó la erupción del volcán Xitle. El Señor Chimal memora, particularmente, una Beaucarnea gracilis (pata de elefante) porque para transportarla desde Oaxaca “se tuvo que hacer una brecha para meter el camión y cargarla en la plataforma, pues no llevamos herramienta ni grúa, sólo la gente que ayudó para subirla. Ahora, después de más de 40 años, aún se conserva y es fiel testimonio de nuestra tarea”.
En la conferencia que el Doctor Sarukhán dictó para celebrar el cincuentenario mencionó que los jardines botánicos en el mundo moderno ayudan a atesorar la diversidad genética; en la cual fundamentaremos en el futuro la alimentación y una idea clara de la dependencia de la especie humana en los ecosistemas. Así mismo, deberán adentrarse en políticas públicas de conservación y en su relación con las culturas y la agricultura, pues están siendo subutilizados, en la mayoría no se investiga y sólo son exhibidores de colecciones.
El exrector indicó que es momento de atender no sólo a plantas grandes y carismáticas, sino a grupos silvestres, que aunque no son tan vistosos, son importantes por sus cualidades. "Los jardines han avanzado poco en esta materia pues centran sus intereses en ciertos ejemplares sólo por ser bonitos". Es indispensable trabajar con los parientes silvestres de las especies mexicanas cultivadas, pues aunque el país es un centro neurálgico de domesticación, no se posee el conocimiento adecuado. "Son un patrimonio genético e insustituible, pero está siendo mal atendido".
Además, abundó, en programas de exploración se debe dar énfasis y prioridad a plantas importantes desde el punto de vista económico y científico, y a las que se encuentran amenazadas. De poco serviría este cuidado si los jardines no están organizados en redes nacionales e internacionales que sean accesibles, conocidas y utilizadas. Por ello, es indispensable ampliar las campañas informativas sobre la relevancia que tienen en la sociedad mexicana.
* Investigador Titular. Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias