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El oleaje en Acapulco y las olas en la costa

Durante la semana pasada tuvo lugar un aumento en la energía del oleaje en la Bahía de Acapulco, manifestado a través de un aumento considerable en la altura de las olas que golpeaban a la costa e inundación de parte de su litoral terrestre. Ello dio lugar a una serie de versiones periodísticas sobre la naturaleza y el alcance del fenómeno, que bien pueden confundir a los lectores sobre este evento pero que nos proveyó la oportunidad de escribir este artículo. Este cubre no solamente el tipo de fenómeno que ocurrió en Acapulco, sino también el intento de interpretar otros comportamientos del oleaje, que nos aporten información de mayor envergadura, como es el caso del impacto del cambio climático. Veamos primero lo que sucedió en nuestro litoral marítimo de Guerrero.

Por: Luis Capurro Filograsso, Jorge Franco Cáceres y Víctor Castillo Escalante*

Durante la semana pasada tuvo lugar un aumento en la energía del oleaje en la Bahía de Acapulco, manifestado a través de un aumento considerable en la altura de las olas que golpeaban a la costa  e inundación de parte de su litoral terrestre. Ello dio lugar a una serie de versiones periodísticas sobre la naturaleza y el alcance del fenómeno, que bien pueden confundir a los lectores sobre este evento pero que nos proveyó la oportunidad de escribir este artículo. Este cubre no solamente el tipo de fenómeno que ocurrió  en Acapulco, sino también el intento de interpretar otros comportamientos del oleaje, que nos aporten información de mayor envergadura, como es el caso del impacto del cambio climático.  Veamos primero lo que sucedió en nuestro litoral marítimo de Guerrero.

El aumento de la energía del oleaje en el litoral marítimo del Pacífico oriental de América del Norte es un fenómeno relativamente frecuente, que refleja el oleaje generado en grandes perturbaciones atmosféricas que tienen lugar en las altas latitudes del Pacífico Sur y que, debido a condiciones favorables para la propagación de este oleaje, viene a romper en las costas del Pacífico de Centro y Norte América. ¿Cómo se generan estas grandes olas que llegan al continente Americano?

Cuando en el mar se origina una tormenta atmosférica tienen lugar los siguientes procesos:

1)      El fuerte viento comienza a arbolar al mar, es decir a generar olas por la acción tangencial y normal del viento sobre la superficie del agua. El estado del mar es muy confuso con olas que vienen de distintas direcciones, de periodos de 2 a 10 segundos, es decir que cada 2  a 10 segundos tenemos por delante una ola que puede venir de cualquier dirección y con alturas que pueden llegar a más 20  metros. Estas olas dentro de la zona de la tormenta se denominan olas de tormenta, son generadas por la acción del viento y su altura depende de la intensidad del viento y de la interferencia con otras olas. Esta zona de tormenta puede alcanzar grandes proporciones y mientras nos encontremos dentro de ella el oleaje es confuso.

2) Cuando las olas salen de la zona de tormenta y dejen de ser manejadas por el viento, el estado del mar se ordena, ya que las olas de menor periodo -2 a 10 segundos- van desapareciendo por simple eliminación hidrodinámica y van quedando las grandes y hermosas olas de resaca, con periodos de 15 a 30 s y que se propagan en la dirección predominante del viento que la generó.

3) La ola de mar es uno de los mecanismos más eficientes conocido, ya que la fricción interna es prácticamente nula. Si la ola de resaca no se encuentra con vientos opuestos a su dirección de propagación o corrientes que la perturban, puede alcanzar distancias considerables y, sin exagerar, pueden dar toda la vuelta del globo sin perder mucha energía o altura de ola.

4) Esto último señalado es lo que pasa con las grandes olas de resaca que llegan a nuestras costas del Pacífico cuando, en una gran tormenta extratropical del Pacífico Sur, se les presenta la oportunidad de propagarse sin oposición en dirección a nuestras costas de Centro y Norte América.

5) Las olas de resaca que vienen a romper a nuestro litoral tienen generalmente periodos de 15  a 30 segundos, de una distancia entre cresta y cresta o longitud de ola de 450-900 metros, de alturas que pueden superar a los 20 metros y se propagan a una velocidad de 80-160 kilómetros por hora. La regularidad de su forma las hace majestuosas, de una belleza digna de admiración.

6) Cuando se acercan a nuestras costas, donde la profundidad del mar disminuye, las olas comienzan a “sentir el fondo”, es decir a ser modificadas por la fricción del fondo marino. Es entonces cuando comienza a producirse la deformación de las características de la ola hasta que llega a disipar toda su energía en la zona de rompientes. Conviene destacar aquí que las características morfológicas de la costa pueden ser tales que, por fenómenos de refracción, la ola aumenta su altura. Este podría tal vez ser el caso de la Bahía de Acapulco.

7) El fenómeno es de corta duración, normalmente de un par de días, y durante esa etapa de disipación de energía la erosión de la costa es fuerte. Al término de la misma el mar vuelve a sus condiciones normales. La presencia de este tipo de olas favorece la actividad de los surfistas.

Como podemos deducir de la explicación de arriba, el impacto de este tipo de ola es efímero en escala geológica y en realidad no nos puede decir mucho, casi nada en lo referente al impacto en escalas de tiempo mayores, como es el del calentamiento global. Sin embargo, el monitoreo temporal de las características normales del oleaje al llegar a nuestra costa, pueden alertarnos bastante sobre el cambio de energía en su fuente generadora, como es la atmósfera con sus vientos predominantes. Este tipo de monitoreo ha tomado mucha actualidad y es así que las Naciones Unidas ha elegido al Instituto de Hidráulica Ambiental (IH) de la Universidad de Cantabria, en el norte de España, como centro de referencia a escala mundial para el Programa Nairobi destinado a estudiar los impactos del mar en la costa, para evaluar el impacto del cambio climático en la superficie del mar, incluyendo patrones climáticos extratropicales y otros relacionados con la variación interdecadal de la atmósfera-océano, como es el caso del Niño–la Niña. Gracias al monitoreo del modelo del oleaje con boyas fondeadas en distintas locaciones costeras del Pacífico Oriental del Norte, bitácoras de buques, simulaciones numéricas y mediciones desde el espacio con satélites durante los últimos 23 años, han comprobados que las olas más grandes de los temporales habían crecido al menos 1.5 metros, así como también el aumento en la frecuencia e intensidad de las grandes tormentas.

¿Qué podemos hacer nosotros para contar con datos valiosos del oleaje y su impacto en las costas, relacionados con cambios en escala de tiempo pertinentes al cambio climático?

-Reconocer la importancia de nuestros intereses marítimos y de ahí pasar al valor de nuestras costas frente a los impactos del oleaje en escalas de tiempo pertinentes al cambio climático.

-Investigar el potencial holístico (estudios integrados ambiente –sociedad) de nuestra Península, considerando que es la región más vulnerable a la subida del nivel del mar y a los impactos del oleaje sobre las costas, ya que estudios preliminares de la relación medio ambiente y valor socioeconómico la han calificado como “toda costa”.

-Concretar lo dicho arriba con la sanción de una Ley de Costa, dedicada totalmente a destacar el valor integral y el uso sostenible de nuestros mares y costas frente a las contingencias ambientales y climáticas

Como la gestión de nuestro Congreso para la sanción de tal Ley lleva bastante tiempo, lo aconsejable es crear un proyecto nacional de “Playas en Riesgo” para comenzar de inmediato con las investigaciones necesarias para lidiar con problemas como el oleaje que hemos comentado y su impacto en las costas peninsulares. En tal sentido, la posición de México en la Reunión de los 8 realizada en Aquila, Italia, de crear un Fondo Verde destinado a contrarrestar los efectos del cambio climático se presta para ello. ¿Por qué no salimos al frente con esta iniciativa? 


*Cinvestav. Unidad Mérida    

 


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