Esperanza para la naturaleza mexicana
El pasado año 2008 consolidó importantes empresas de conservación para el rescate de la naturaleza de México. Dos dignos ejemplos de esta labor en la por cierto muchos universitarios están involucrados son los rescates de las tortugas y el lobo mexicano. De las siete especies marinas que hay en el mundo, seis están distribuidas en los mares mexicanos. De acuerdo con el Banco de Información sobre Tortugas Marinas (Bitmar) de la UNAM, a pesar de que en los últimos años en el país se ha incrementado el número de santuarios y especies de tortugas marinas, poblaciones de las especies laúd y carey, se encuentran en peligro crítico por la pérdida de su hábitat, la pesca ilegal y el consumo de huevo todavía importante en las regiones costeras. A principios de los años ochenta, el número de tortugas en el Pacífico oriental era el más importante del mundo, cientos de hembras anidaban en la playa.
Por: Carlos Mallén Rivera*
El pasado año 2008 consolidó importantes empresas de conservación para el rescate de la naturaleza de México. Dos dignos ejemplos de esta labor en la por cierto muchos universitarios están involucrados son los rescates de las tortugas y el lobo mexicano.
De las siete especies marinas que hay en el mundo, seis están distribuidas en los mares mexicanos. De acuerdo con el Banco de Información sobre Tortugas Marinas (Bitmar) de la UNAM, a pesar de que en los últimos años en el país se ha incrementado el número de santuarios y especies de tortugas marinas, poblaciones de las especies laúd y carey, se encuentran en peligro crítico por la pérdida de su hábitat, la pesca ilegal y el consumo de huevo todavía importante en las regiones costeras. A principios de los años ochenta, el número de tortugas en el Pacífico oriental era el más importante del mundo, cientos de hembras anidaban en la playa. Actualmente se pueden contar apenas decenas de ellas en diversos sitios, las hembras anidadoras se redujo 90 por ciento en una década.
En el país, hay 16 santuarios protegidos; en tanto que el número de playas o campamentos de anidación es de entre 215 y 220. Las principales playas se encuentran en el Océano Pacífico, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, con una presencia menor en Baja California Sur, Sinaloa, Jalisco y Colima. También se reportan en el Golfo de México y el Caribe. La temporada de anidación en el Pacífico va de octubre a abril; las tortugas llegan a poner hasta 12 nidadas por época con 60 huevos, en promedio.
Sin embargo, los participantes en la preservación de la tortuga marina también se ha incrementado de forma importante. México es precursor en esta labor y está a la vanguardia en muchas actividades para recuperar una especie como la laúd. Por ejemplo, las universidades empezaron a trabajar en la conservación de estos animales después de que se realizó una sobrepesca que las llevó al borde de la extinción. Mazatlán es un ejemplo crítico, entre 1965 y 1970 se contabilizaron capturas de hasta 300 mil ejemplares por temporada. Sin embargo, se estima que por cada tortuga registrada ingresaban dos de manera ilegal.
Sinaloa fue una zona abundante en cuanto a la diversidad de los quelonios que había en la región. En 1976 la UNAM inició los primeros trabajos de prospección para establecer programas de recuperación en playas de anidación del sur de la entidad, ahora la Universidad cuenta con el Bitmar como un sistema de información que funciona desde 1989 y forma parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que tiene un grupo de especialistas sobre tortugas marinas.
La reintroducción del lobo mexicano en nichos ecológicos es la culminación de un programa de tres décadas cuyo futuro debe ponderar criterios políticos, económicos, sociales y biológicos. Esta nueva fase, la de gestión y toma de decisiones ambientales, involucra a autoridades federales, estatales, organizaciones no gubernamentales, investigadores y pobladores locales. De alcanzar la meta, sería el primer proyecto exitoso en Latinoamérica de reintroducción de un depredador de esta naturaleza.
Históricamente, el lobo ha visto reducida su área de distribución, por la fragmentación del hábitat, envenenamiento, deforestación o erradicación; aunque el motivo fundamental de la disminución de sus poblaciones fue la terrible incomprensión de su función en los ecosistemas. En los años cuarenta y cincuenta, las políticas se orientaron a apoyar la vida industrial, así como recursos agrícolas y ganaderos, sin percatarse de la importancia de los recursos ecológicos, su conservación y manejo.
La campaña de exterminio del lobo mexicano duró todo el siglo XX al punto que en 1966 se dio a conocer que el sureste de los Estados Unidos estaba libre de la especie; entonces, los ejemplares sobrevivientes se refugiaron al norte del territorio nacional. Años después, se planteó la necesidad de establecer un programa binacional para recobrarlos; en la década de los 80, comenzó a elaborarse la legislación ambiental que normó su recuperación, junto con la de los ecosistemas.
Se capturaron ejemplares silvestres para iniciar la reproducción en cautiverio, donde se determinó rescatar la variabilidad genética. Se trabajó para que la consanguinidad sea menor cada vez que se reproducen. Hoy en día hay una proporción sexual de uno a uno, y con unos 350 animales en cautiverio, lo cual fue muy complejo, pues para traspasar el umbral de los 75 ejemplares – que en promedio viven 15 años –pasaron dos décadas.
En la Unión Americana se eligieron parques y bosques nacionales de Arizona y Nuevo México para su reintroducción, a partir de 1998. A la fecha, se han liberado 91 en 21 eventos. “La meta es tener cien animales libres, para que la población se estabilice entre 50 y 60”.
Los últimos informes reportan 52 lobos libres; de ellos 20 tienen radiocollar, 29 cuentan con territorio y manada en Arizona, y 23 en Nuevo México y están distribuidos en 12 manadas.
En el país, se han identificado seis zonas que cuentan con nichos ecológicos fundamentales: Cuatro en la Sierra Madre Occidental (Chihuahua, Sonora, Durango y Zacatecas) y dos más en la Sierra Madre Oriental (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas).
* Investigador Titular del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, profesor de la Facultad de Ciencias y del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.