La nueva “varita de avellana” de la hidrogeología
La Resonancia Magnética Nuclear (NMR por sus siglas en inglés) es una técnica bien probada en medicina que auxilia a detectar de manera temprana los tumores malignos y contribuye a vencer al cáncer. Actualmente, ya no es exclusiva de esta disciplina; en las manos de los hidrogeólogos sirve como una “varita mágica” para detectar acuíferos o aguas subterráneas, ayudando así a sanar otro de los grandes males de la humanidad: la sed. De manera paralela al aumento de la población mundial que de 1950 a 2009 se ha más que duplicado pasando de 2 mil 500 a 6 mil 800 millones de habitantes, el consumo de agua se ha más que cuadruplicado por las actividades domésticas, industriales y agrícolas. Según un reporte de 2006 de la UNESCO, dos mil millones de seres humanos en cuarenta países están afectados seriamente por la falta de agua...
Por: José Ortega Ramírez*
La Resonancia Magnética Nuclear (NMR por sus siglas en inglés) es una técnica bien probada en medicina que auxilia a detectar de manera temprana los tumores malignos y contribuye a vencer al cáncer. Actualmente, ya no es exclusiva de esta disciplina; en las manos de los hidrogeólogos sirve como una “varita mágica” para detectar acuíferos o aguas subterráneas, ayudando así a sanar otro de los grandes males de la humanidad: la sed.
De manera paralela al aumento de la población mundial que de 1950 a 2009 se ha más que duplicado pasando de 2 mil 500 a 6 mil 800 millones de habitantes, el consumo de agua se ha más que cuadruplicado por las actividades domésticas, industriales y agrícolas. Según un reporte de 2006 de la UNESCO, dos mil millones de seres humanos en cuarenta países están afectados seriamente por la falta de agua y entre ellos mil 100 millones no tienen acceso a una fuente suficiente de agua potable; así mismo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente, en 2025 los dos tercios de la población mundial tendrán carencias en agua.
Sabemos también que en la actualidad, el agua dulce superficial producto de las precipitaciones podría alcanzar fácilmente para consumo humano en la mayoría de los países, a excepción de los que se localizan en zonas áridas, aunque esta agua se encuentra a menudo contaminada por desechos industriales y abonos químicos (nitratos) de la agricultura intensiva y de la ganadería a través del amoniaco desprendido de la orina y de las deyecciones de puercos y bovinos; por lo que los acuíferos subterráneos representan un recurso muy valioso en agua potable para un gran número de ciudades y comunidades puesto que se hallan en buena medida relativamente a salvo de contaminantes.
Por lo tanto, el conocimiento de las capas contenedoras de agua, sus relaciones entre sí (acuitardo) y sus propiedades de flujo así como la geometría de sus límites y la estimación de los parámetros relacionados con la acumulación son de gran interés para su preservación y explotación de manera racional y sustentable, sobre todo en áreas seleccionadas para fines urbanísticos venideros, para nuevas carreteras o rutas, para desarrollo industrial, agricultura o para rellenos sanitarios, por mencionar los más importantes.
Tradicionalmente, los hidrogeólogos para encontrar agua subterránea se basaban en el estudio de los parámetros geológicos y geofísicos del terreno, en particular en la conductividad eléctrica del subsuelo, considerando que si un suelo conduce la electricidad, se debe a las sales disueltas en el agua que contiene; por lo tanto los parámetros medidos no corresponden directamente al agua subterránea, sino a todo el medio poroso, incluidas las capas del acuitardo o acuicludo (capas semipermeables o impermeables). En consecuencia, la presencia del agua se determina indirectamente a partir de las propiedades geofísicas del subsuelo y por ello, la interpretación de los resultados presenta a veces ambigüedades debidas a las limitaciones de cada técnica y a las características del sitio, por lo que las perforaciones cuando se llevan a cabo no son completamente seguras y a veces el pozo no aporta suficiente agua o ésta se encuentra sucia o salada.
Después de haber pasado por una etapa experimental a principios de los años setentas en Rusia y antes de que la técnica pudiera ser ampliamente conocida fuera del círculo primario de expertos, la exploración de recursos hídricos y su evaluación hidrogeológica fue probada a partir del conocimiento de la resonancia magnética nuclear de superficie (SNMR Surface Nuclear Magnetic Resonance) o MRS (Magnetic Resonance Sounding), y los resultados preliminares se tuvieron hasta 1979; sin embargo, debido a la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas Rusas, fue hasta 1996 por medio de una colaboración entre la Academia de Ciencias de Rusia y el Bureau des Recherches Géologiques et Minières de Francia (BRG por sus siglas en francés), cuando finalmente se pudo elaborar el primer prototipo denominado NUMIS.
El principio es similar al utilizado por la resonancia magnética nuclear en medicina para obtener una imagen médica del cuerpo humano y se basa exclusivamente en los protones de hidrógeno (1H) de la molécula del agua activados por una señal magnética provocada en superficie por una corriente eléctrica alterna (AC), a través de un cable de 150 a 600 m en forma de bucle y utilizando el campo magnético estático de la Tierra. El proceso produce un campo magnético que alcanza a las moléculas del agua subterránea y reorienta el momento magnético de los protones de los átomos de hidrógeno. Terminada la impulsión, los protones regresan a su orientación inicial enviando a su vez ondas electromagnéticas, las cuales, en función de las características de las señales recibidas y emitidas, testifican la cantidad de agua presente así como la profundidad a la que se encuentra, su grado de libertad en el subsuelo y hasta la permeabilidad del mismo y en consecuencia, el grado de dificultad de extracción.
A pesar de la efectividad del método, el procedimiento no es perfecto debido a que la señal emitida por los protones es muy débil y por lo tanto, en muchas ocasiones, parasitada por otras fuentes de campos electromagnéticos; por ello, su utilización es particularmente útil en regiones alejadas o zonas desprovistas de fuentes parasitas como torres de alta tensión y/o zonas industriales, o suelos conteniendo rocas con alto contenido magnético. Aunque la efectividad actual del método permite alcanzar hasta 150 m de profundidad con voltajes del orden de 4 mil a 5 mil V, los investigadores trabajan en lograr penetraciones a profundidades mayores, aumentando la tensión más allá de los 5 mil V para excitar las moléculas del agua a grandes profundidades; se espera también disminuir el tiempo de prospección, ya que a veces se necesitan varias horas en el terreno antes de captar la señal.
No obstante lo anterior, se ha probado con éxito su eficiencia en Portugal, en acuíferos contenidos en conglomerados intercalados en secuencia de rocas fracturadas, demostrando así la respuesta del método en un medio de baja porosidad, lo mismo en sedimentos no consolidados cuaternarios de muy baja porosidad en los Países Bajos (Holanda) y en Camboya, Honduras y Birmania. En 2005, el Bureau de Recherche Géologique et Minière (BRGM) de Francia, utilizando un instrumento de resonancia magnética bautizado “Numis Plus”, encontró acuíferos y perforó pozos con un flujo de agua de 5 a 10 m3/seg dentro del basamento de roca granítica en Burkina Faso, un pequeño país del África Occidental, en terreno en donde por métodos de prospección geofísica tradicionales habían logrado solamente localizar acuíferos con débitos de agua de 5 a 10 veces inferiores. Actualmente, el método se está aplicando también en Sri Lanka (antes Ceilán) en Asia del Sur para la localización de acuíferos en donde el tsunami de diciembre de 2004 destruyó y contaminó los recursos en agua dulce.
El éxito del método abre una nueva era para el “varero” o buscador de agua subterránea: la de la certeza, permitiendo así disminuir fuertemente la proporción de perforaciones nulas y con éstas los gastos de perforación que son en sí muy costosos; además, abre un nuevo y novedoso campo de aplicación para las nuevas generaciones de ingenieros geólogos, geofísicos y físicos, en donde las instituciones de educación superior tienen la palabra.
*Investigador Laboratorio de Geofísica, INAH.