Tendencias en la ciencia oceánica
Durante la década de los cincuenta del siglo pasado, la ciencia de la tierra experimentó un avance revolucionario en el conocimiento sobre su estructura y funcionamiento. Dentro de este progreso destaca el Año Geofísico Internacional 1957-1958 durante el cual, nuestro planeta fue sometido a una investigación masiva por todas las disciplinas físicas que condicionaban su dinámica ambiental. Gracias a ese esfuerzo global, y particularmente a los geólogos marinos, hemos podido conocer la existencia de la gran Cordillera Mesoamericana, inmenso volcán de lenta surgencia de lava que está permanentemente generando nueva corteza; así como de la Teoría de la Tectónica de Placas, el Derrame del Fondo Oceánico ...
Por: Luis Capurro
Durante la década de los cincuenta del siglo pasado, la ciencia de la tierra experimentó un avance revolucionario en el conocimiento sobre su estructura y funcionamiento. Dentro de este progreso destaca el Año Geofísico Internacional 1957-1958 durante el cual, nuestro planeta fue sometido a una investigación masiva por todas las disciplinas físicas que condicionaban su dinámica ambiental.
Gracias a ese esfuerzo global, y particularmente a los geólogos marinos, hemos podido conocer la existencia de la gran Cordillera Mesoamericana, inmenso volcán de lenta surgencia de lava que está permanentemente generando nueva corteza; así como de la Teoría de la Tectónica de Placas, el Derrame del Fondo Oceánico y la Deriva Continental, que pueden explicarnos la generación de cualquier relieve terrestre en gran escala, así como otros importantes descubrimientos.
Como una consecuencia lógica de tal revolución, particularmente en el ambiente marino, la Unión Geodésica y Geofísica Internacional (UGGI) creó en 1958 un comité científico conocido como el Comité Científico de Investigación Oceánica, conocida por sus siglas inglesas como SCOR, cuya misión es la de incrementar el conocimiento básico de los océanos y contribuir a una mejor compresión de los impactos del cambio global en las actividades humanas. Este comité sin ningún fin de lucro está compuesto por científicos de reconocida trayectoria en la ciencia oceánica y cuya única misión dentro de SCOR es hacer ciencia. Su herramienta principal de trabajo son los numerosos comités de trabajo en tópicos selectos de la oceanografía.
Con motivo de celebrarse los 50 años de su fundación, y ser el único de los fundadores aún en vida, fui invitado conjuntamente con mi colega y ayudante de investigación Victor Castillo al Simposio “El Cambiante Oceánico del Pasado al Futuro celebrado en la Woods Hole Oceanographic Institution en Woods Hole Massachusetts, EEUU.
La tendencia de las futuras investigaciones quedaron reflejadas en las presentaciones de los paneles sobre las trayectorias científicas futuras, derivadas de las actuales actividades de los grupos de trabajo del SCOR, donde las tres presentaciones claves trataron de la variabilidad del océano, acidificación peligrosa del océano y de Genómica y los Observatorios Oceánicos. Es evidente por las diferentes presentaciones la preocupación por el impacto del calentamiento global y la necesidad de desarrollar estudios de los escenarios a largo plazo sobre ecosistemas involucrados intrínsecamente en el tan mentado concepto de sostenibilidad.
Ante la ausencia de información directa verificable del pasado, ha tomado gran importancia la estrategia de los paleoestudios, es decir, el estudio de las condiciones en el pasado remoto obtenidas por las características ecológicas de los ambientes donde subsistieron fósiles existentes. Este concepto estuvo bien demostrado en las presentaciones claves de los paneles.
Independientemente de gozar de la calidad científica de las investigaciones en desarrollo, y el diálogo con científicos que aman a la ciencia por su misma naturaleza (science for the sake of science), mi interés particular era el de identificar las implicaciones de estos estudios en el desarrollo urbano turístico costero que estamos imprimiendo a la Península de Yucatán. He podido confirmar mi inquietud sobre el impacto del ascenso sobre el nivel del mar, y de la acidificación del agua marina en nuestra costa y acuíferos, sobre los cuales prácticamente carecemos de estudios. Aquí se aplica el dicho de que “el pasado es la clave del futuro”; ello nos conduce a propiciar paleoestudios de las características ecológicas y procesos del pasado remoto además de las que vivimos en el presente, donde se adiciona el impacto del desarrollo urbano. Al menos podremos contestar o intuir respuestas a este tipo de preguntas:
¿Hasta dónde penetró el agua salada del mar en nuestros acuíferos cuando el nivel del mar estuvo a otros niveles?
¿Cuáles eran las características de nuestra agua costera i.e. temperatura, salinidad, acidez y otras propiedades y qué tipo de flora y fauna podría albergar?
¿Qué volumen de roca de nuestro suelo debemos disolver para satisfacer la creciente acidez del agua oceánica?
Y muchas otras preguntas necesarias de responder para llevar a cabo un desarrollo sostenible.
Necesitamos mucho apoyo financiero y gran deseo de la academia de encarar este tipo de investigación aplicada a una necesidad de la región si queremos ajustarnos a lo que entendemos por sostenibilidad del uso del suelo Peninsular