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Institutos Nacionales de Salud: La investigación golpeada

A principios de este año, la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE) abrió la Convocatoria 2009 para el Estímulo al Desempeño de los Investigadores en Ciencias Médicas de la Secretaría de Salud. Este estímulo, otorgado cada año, y que consiste en un beneficio económico adicional al sueldo, tiene el propósito de fortalecer la permanencia y desempeño de la comunidad científica que permita concebir a la investigación como carrera de vida. La convocatoria especificaba claramente los múltiples requisitos para ser candidato al estímulo. Destaco que los aspirantes al premio debían contar con plaza de investigador en ciencias médicas o plaza académico-administrativa que contemple dentro de sus funciones la investigación como actividad principal. Tener una de dichas plazas no era, por supuesto, suficiente: para ser considerado para obtener el beneficio había que demostrar una productividad científica mínima...

Por: Rafael Bojalil Parra*

A principios de este año, la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE) abrió la Convocatoria 2009 para el Estímulo al Desempeño de los Investigadores en Ciencias Médicas de la Secretaría de Salud. Este estímulo, otorgado cada año, y que consiste en un beneficio económico adicional al sueldo, tiene el propósito de fortalecer  la permanencia y desempeño de la comunidad científica que permita concebir a la investigación como carrera de vida.  

La convocatoria especificaba claramente los múltiples requisitos para ser candidato al estímulo.  Destaco que los aspirantes al premio debían contar con plaza de investigador en ciencias médicas o plaza académico-administrativa que contemple dentro de sus funciones la investigación como actividad principal. Tener una de dichas plazas no era, por supuesto, suficiente: para ser considerado para obtener el beneficio había que demostrar una productividad científica mínima, definida para cada una de las seis categorías en las que se clasifica a los investigadores  (de la A a la C equivalen a las categorías de “asociados” en las universidades, y de la D a la F, que equivalen a las de “titulares”). Cumplidos los requisitos de entrada, se sumaron los puntos asignados a los siguientes parámetros: el número de publicaciones;  el nivel de impacto de las revistas en donde se publicaron los hallazgos; el haber obtenido un grado de maestro o doctor; el haber dirigido tesis de especialidad, maestría o doctorado; el haber obtenido financiamiento nacional o internacional para el desarrollo de la investigación; el ser miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y el ser editor de revistas nacionales o internacionales. Sumados los puntos, cada categoría de investigadores se dividió en dos niveles (I el bajo y II el alto) en función de la puntuación, y de acuerdo a ello se pagaría el estímulo económico en forma semestral, en los meses de julio y diciembre.  

De acuerdo a lo previsto en la convocatoria, a los ganadores del estímulo se les informó  de ello y del monto al que se habían hecho acreedores. Pasaron agosto, septiembre y octubre y los estímulos del primer semestre no llegaron. Toda clase de especulaciones y rumores corrían por los pasillos de los Institutos. Finalmente, gracias a los artículos firmados por Ángeles Cruz Martínez aparecidos en La Jornada los días 28, 29 y 30 de octubre nos hemos enterado de varias cosas. Primero que –por decisión de Hacienda- no pagarían los estímulos a los investigadores que tuvieran nombramientos en plazas académico-administrativas. Después supimos que la SHCP liberaría en dos partes el dinero para los demás investigadores. La primera se entregaría de inmediato y la segunda estaría condicionada a que la CCINSHAE cambiara el reglamento de adjudicación. Parte de los cambios exigidos incluye el dejar definitivamente fuera a mandos medios y superiores. Otra exigencia es que los investigadores que accedan al estímulo no sean los mismos cada año.  

Las repercusiones de lo primero, es decir, no permitir la participación de jefes de departamento y otros directivos tienen alcances a corto y a largo plazo. En lo inmediato, más allá del daño económico provocado a los afectados, cambiar las reglas del juego una vez que terminó el proceso y que se habían anunciado los nombres de los beneficiarios y los montos de los estímulos, resulta autoritario y refleja un profundo desprecio por la vida académica. A más largo plazo, si los autores de esta decisión logran imponer sus criterios para los siguientes años, los Institutos estarán en graves aprietos: los jefes de departamento y demás mandos de estas instituciones suelen ser profesionistas destacados en sus campos de trabajo, muchos de ellos investigadores de alto nivel, pero ahora ningún investigador productivo querrá ocupar una jefatura de departamento.  Me explico: Los ingresos de los subdirectores y directores son superiores a los resultantes de la suma del sueldo más estímulos de cualquier investigador. No sucede lo mismo con los jefes de departamento. Estos ganan prácticamente lo mismo que un investigador de la categoría más alta (F). Así pues, pedirle a un investigador de esta categoría que –por el mismo sueldo que ya percibe- renuncie a la posibilidad de tener acceso a los estímulos económicos a cambio de sumarle a su trabajo como investigador las responsabilidades inherentes al puesto, además de la carga administrativa, es un absurdo. Pero tampoco podemos pedírselo a un investigador “E”, ni a uno “D”, ni a uno “C”, ni siquiera a un investigador “B” con alta productividad para su categoría. El sueldo de jefe de departamento no alcanzaría para cubrir lo que perderían de no tener acceso a los estímulos.  Un jefe de departamento sin derecho a estímulos tendría ingresos equiparables a los de un investigador “B” que se haga merecedor de los estímulos nivel I. En otras palabras, sólo a los investigadores “A” (y a aquellos de escasa o nula producción científica) les convendrá económicamente ocupar una jefatura de departamento. ¡Bonito panorama les espera a los Institutos Nacionales de Salud! El escenario de los investigadores menos experimentados o menos productivos ocupando estos puestos en los que descansa una parte importante del funcionamiento cotidiano de los Institutos, es real.  

Así, una decisión tomada sin la información pertinente puede -a mediano y largo plazo- desequilibrar profundamente el trabajo de unas de las instituciones nacionales primordiales en la generación de nuevos conocimientos en cuestiones de salud. Por otro lado, entre los cambios exigidos está el que los investigadores que accedan al estímulo no sean los mismos cada año. El apoyo económico multicitado tiene como objetivo premiar a los investigadores más productivos ¿De ahora en adelante se va a rifar, o se va a otorgar a los que no tienen producción científica? En la mayoría de la instituciones de educación superior se otorgan estímulos por productividad a los investigadores, y las evaluaciones no son anuales sino que abarcan más tiempo. Nadie cuestiona el hecho de que después de cada evaluación los galardonados frecuentemente sean los mismos. Al contrario, lo esperado es que sigan siendo productivos. Mientras haya transparencia en el reparto de los recursos, la Coordinación de Institutos debería tener la libertad de definir los criterios de asignación de los estímulos sin que personal administrativo que no conoce el mundo de la investigación pretenda imponer sus criterios. Ojalá que las gestiones del cuerpo directivo de la CCINSHAE tengan éxito en revertir las consecuencias de este desorden administrativo y el golpe que se pretende dar no sólo a los investigadores en particular, sino también al trabajo institucional. 

 

*Departamento de Inmunología. Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”


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