Personal tools
Navigation
 
Document Actions

La fiebre de plantaciones para biodiesel de Jatropha

Históricamente los descubrimientos de yacimientos de oro han producido “fiebre del oro” que consiste en un influjo súbito de miles de personas al área del descubrimiento, atraídas por el espejismo de riqueza instantánea. El proceso termina en unos pocos enriquecidos, una mayoría empobrecida o que no cambia su condición precaria y un deterioro ambiental desmedido. El descubrimiento de plantas productoras de precursores de biodiesel en un mundo ávido de energéticos, y conciente del agotamiento inevitable del petróleo, ha atraído a numerosos gobiernos, empresas y personas; todos ávidos de capitalizar un energético con mucha demanda potencial que ha sido promovido como un gran negocio “verde”. Todo indica que estamos presenciando un equivalente a la fiebre del oro, aunque ahora con los bioenergéticos, y en México y otros países, con el biodiesel producido a partir de plantaciones del arbusto mesoamericano Jatropha curcas, comúnmente conocido como piñón o piñoncillo.

Por: Francisco J. Espinosa García1 y Enrique Riegelhaupt2.

Históricamente los descubrimientos de yacimientos de oro han producido “fiebre del oro” que consiste en un influjo súbito de miles de personas al área del descubrimiento, atraídas por el espejismo de riqueza instantánea. El proceso termina en unos pocos enriquecidos, una mayoría empobrecida o que no cambia su condición precaria y un deterioro ambiental desmedido. 

El descubrimiento de plantas productoras de precursores de biodiesel en un mundo ávido de energéticos, y conciente del agotamiento inevitable del petróleo, ha atraído a numerosos gobiernos, empresas y personas; todos ávidos de capitalizar un energético con mucha demanda potencial que ha sido promovido como un gran negocio “verde”. Todo indica que estamos presenciando un equivalente a la fiebre del oro, aunque ahora con los bioenergéticos, y en México y otros países, con el biodiesel producido a partir de plantaciones del arbusto mesoamericano Jatropha curcas, comúnmente conocido como piñón o piñoncillo. 

¿Qué es lo que tiene esta planta nativa de México y Centroamérica que hace que se cultive en plantaciones de miles de hectáreas en la India, Brasil, Zimbawe, países del Caribe, y otros más? La primera respuesta es que produce gran cantidad de semillas conteniendo 40 a 60% de su peso en aceite apto para transformarse en biodiesel mediante un proceso industrial. La segunda es que este arbusto crece rápido y, en condiciones óptimas, empieza a producir semillas a los seis meses de sembrado; además puede desarrollarse en tierras marginales prácticamente sin insumos, aunque en este caso su crecimiento y productividad son bajos. Otra característica que lo hace atractivo es que puede propagarse fácilmente por medio de esquejes, lo que facilita la multiplicación de arbustos con características deseables.  

Con tantas cualidades, podría parecer que es una exageración calificar su cultivo en plantaciones agroindustriales como una “fiebre”; como muchos dicen, estas plantaciones más bien serían muy buenas noticias para el abandonado campo mexicano.

En muchos estados de México se está cultivando o se planea cultivar miles de hectáreas de Jatropha; para muestra, algunos botones: el gobernador de Veracruz anunció que se van a cultivar 200,000 hectáreas de piñón en el sur del estado; en Yucatán, una empresa anuncia 6,000 ha; en Chiapas el gobierno anuncia 20,000 ha; en Michoacán el gobierno ya propuso en 2008 una  meta de 6000 ha.  A nivel nacional, la CONAFOR, que ya venía apoyando las plantaciones desde 2007, tiene previsto apoyar cerca de 20 mil hectáreas de Jatropha en 2009, en Campeche, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.

El muchas instancias están involucradas empresas alemanas, españolas, estadounidenses, o inversionistas particulares quienes prometen aportar o aportan el capital e infraestructura para la siembra y el procesamiento del aceite de piñón; compañías extranjeras que venden semillas de piñón importadas de la India o Tailandia o en el Caribe y asesores “expertos” de la India en la plantación de Jatropha. Obviamente, también representantes de gobiernos estatales y del federal están entusiasmados promoviendo, y a veces participando en, la plantación de Jatropha. Ellos consideran a este cultivo una fuente de energía verde para solucionar problemas de marginación en el campo que será un buen negocio, y al parecer creen que así contribuirán a reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y mitigar  el calentamiento global. 

¿Hasta dónde son reales todas estas promesas? ¿Son realmente viables en las condiciones socioeconómicas, ecológicas y políticas de México? Desgraciadamente, muchas de estas promesas se han quedado en palabras, y la realidad ha sido mucho más complicada. 

En la India, cientos de miles de hectáreas de Jatropha se han plantado, pero el beneficio para los agricultores no ha resultado como lo prometido o bien no ha existido.

El precio del biodiesel de Jatropha está sujeto a la oferta, demanda y especulación como cualquier otro energético; depende de los precios del petróleo y, después de la caída del crudo de 140 a 60 USD/barril por la depresión económica mundial, el biodiesel es menos atractivo que el diesel de petróleo. De hecho, el biodoesel de Jatropha es más caro que el petrodiesel a los precios actuales, y apenas lo empata en Europa, donde el petrodiesel se vende a 1,36 EU$ (25 pesos mexicanos ¡!) por litro, debido a los altísimos impuestos incluidos en el precio).

Por otro lado, los precios de los insumos para la producción en plantaciones se mantienen, o peor aún se incrementan por el aumento en la incidencia de plagas y enfermedades. Así, lo que prometía ser un buen negocio deja de serlo porque los precios pagados por las semillas de Jatropha (que dependen de los precios del biodiesel, y a su vez de los del  petrodiesel),  no cubren los gastos de producción.  

Un cálculo muy sencillo nos dice que el precio de un kilo de  semilla de Jatropha –que contiene 0,5 litros de aceite o igual volumen de biodiesel - , solo puede llegar al 25% del precio de un litro de petrodiesel, ya que el aceite representa  el 50% del costo de elaboración del biodiesel. Así,  si el biodiesel se vende a 8 pesos por litro, la fábrica de biodiesel no puede pagar más que 2 pesos por kilo de la semilla comprada como materia prima.  Un precio bastante menor que el del maíz, dicho sea de paso.  

Una de las ventajas temporales de cultivar plantas fuera de su lugar de origen es que las plagas y enfermedades originales generalmente no viajan a las regiones a donde se introduce el cultivo. Esto garantiza que el nuevo cultivo no requerirá de plaguicidas o fungicidas durante algunos años. Pero las grandes extensiones de monocultivos con poca variabilidad genética, que en ocasiones puede ser de pocos clones, representan las condiciones perfectas que favorecen la aparición de plagas o enfermedades que afectan severamente al nuevo cultivo. Esto es lo que está sucediendo en los países que llevan años cultivando al piñón en plantaciones.  

En las regiones donde la especie cultivada evolucionó originalmente, las plantaciones enfrentan desde el principio relaciones diferentes con las plagas y los patógenos. Típicamente, las especies de en su área de origen son muy variables y esa variabilidad ha sido seleccionada en buena parte por las condiciones físicas y los organismos con los que interactúa la especie de planta. Estos organismos, como los herbívoros y los patógenos, a su vez son variables, y esta variabilidad también ha sido condicionada por la planta. El resultado de esta interacción es la coexistencia de la planta con conjuntos distintos de plagas y patógenos en las diferentes regiones donde se distribuye: los herbívoros y patógenos locales consumen a las plantas, pero las poblaciones de éstas persisten.  Una especie de planta como el piñón, con amplia distribución en la zona tropical de México y Centroamérica, está asociada con muchas especies de insectos herbívoros y de patógenos. Así que las plantaciones de piñón con poca variabilidad genética más temprano que tarde tendrán problemas fitosanitarios severos que requerirán de insecticidas, fungicidas y/o bactericidas para mantenerse en producción. La mayor parte del cultivo de Jatropha en México está planeada o está ocurriendo en plantaciones de semilla importada legal o ilegalmente de la India, Brasil, Tailandia,  y otros países. Estos obtuvieron la semilla de su área original y luego adaptaron las poblaciones a las condiciones locales; ahora  exportan las semillas resultantes a otras partes del mundo. Este proceso conlleva pérdida de variabilidad, la cual es más grave cuando se clonan plantas con las características deseadas y se propagan extensivamente. Así que las condiciones para tener plantaciones con gran riesgo fitosanitario se están dando en México. 

Una característica del piñón es que hay variantes con semillas tóxicas (que contienen ésteres del forbol) y otras no tóxicas para el ser humano y el ganado. Así, la toxicidad de la torta residual obtenida después de la extracción del aceite de las semillas determina su uso como alimento ganadero o humano. La mayoría de los proponentes de plantaciones agroindustriales prefieren plantas que producen semillas no tóxicas, pues disponer de una torta residual con valor en el mercado viabiliza económicamente la producción. Pero el  forbol, que hace a las semillas no comestibles, también las hace resistentes a los ataques de insectos y otros herbívoros, y así al preferir semillas no tóxicas se arriesga a tener mayores daños por plagas y aumentar las poblaciones de éstas

Otro de los problemas inminentes es que las plantaciones de Jatropha se están llevando a cabo o planeando en suelos fértiles, a veces con riego, que son aptos para la producción de alimentos. Hay empresas que promueven el cultivo de Jatropha entre los campesinos, comprometiéndose a proporcionar las semillas, pero no cumplen y los campesinos se quedan con sus tierras ociosas sin producir el maíz acostumbrado, como ocurrió en el Las Choapas, Veracruz. Problemas como este, la posible baja de los precios del biodiesel, o el aumento de los precios de los insumos de producción puede causar plantaciones abandonadas, campesinos arruinados y menor producción de alimentos que conlleva a mayor dependencia de alimentos importados.  

Si el precio inicial de la semilla de Jatropha resultara muy atractivo, o si los incentivos a las plantaciones fueran grandes, habría una gran tentación de ampliar el área de cultivo para el piñón, no solo a expensas de tierras aptas para la producción de alimentos, sino también a costa de selvas bajas caducifolias y matorrales. Aunque esta expansión está prohibida, esto no detiene al ser humano que busca negocios provechosos aunque implique daño ambiental. La transformación prohibida, pero tolerada, de amplias zonas de pinares en huertos aguacateros en Michoacán ilustra esta conducta. Así, el deterioro ambiental inherente al manejo agroindustrial de plantaciones se le agregaría pérdida de biodiversidad, destrucción de hábitat de numerosos animales y plantas, mayor fragmentación de la vegetación y erosión de suelos. 

El verdor del biodiesel de las plantaciones agroindustriales también está en entredicho, pues la relación de energía fósil a energía total en biodiesel de Jatropha es de 1 a 2.18, es decir que por cada dos calorías de biodiesel obtenidas se consume una caloría de petróleo. Para comparar, el biodiesel de aceite de palma tiene una relación de 6 a 1, y el etanol de caña de azúcar en Brasil, cerca de 8 a 1.

Los efectos del cultivo de Jatropha sobre la producción de alimentos tampoco son tan claros: por un lado, se dice que  por ser una planta no comestible, no compite con los alimentos –pasando por alto que se usa la misma tierra, agua y fertilizantes que precisan los cultivos alimenticios-. Pero por otro lado, se oculta el hecho de que hay variedades no tóxicas, que pueden al mismo tiempo producir aceite para biodiesel y torta de alta proteína para alimento animal; en otras palabras, que es posible combinar la producción de alimentos y energía en base al mismo cultivo. 

Bajo el esquema actual de plantaciones agroindustriales de Jatropha y de cristalizarse sus riesgos intrínsecos, ganarán los vendedores de semillas, los asesores extranjeros, algunas empresas extranjeras, intermediarios entre los productores y las fábricas de biodiesel, las compañías de agroquímicos y tal vez algunos productores. Es muy posible que la mayoría de productores y jornaleros ocupados con la siembra y cosecha del piñón no mejoren su condición o permanezcan en la pobreza. El ambiente quedará del lado de los perdedores. 

Ante la urgente necesidad de búsqueda de energéticos alternativos al petróleo, proponemos que el biodiesel de Jatropha debe de producirse de manera sustentable  como una fuente energética más en una estrategia nacional de energía sustentable.

La producción sustentable de Jatropha debe ser acorde con las características ecológicas y sociales de las regiones donde se produzca. Esto implica que habrá que seleccionar y cultivar germoplasma apropiado para cada región y para cada manera en que se pueda cultivar sustentablemente a esta planta, por ejemplo, intercultivada con otros cultivos alimenticios, como cerca, como plantaciones orgánicas en tierras marginales. En todas las formas de cultivo se debe de asegurar variación genética suficiente para que el daño por herbívoros y patógenos se mantenga por debajo del umbral de daño económico.

Mucho del conocimiento científico y tecnológico necesario para el cultivo sustentable de Jatropha aún no se ha obtenido, pero lo necesitamos rápido. El establecimiento precipitado de plantaciones agroindustriales contribuye poco a este conocimiento, y esta contribución vendrá a un costo económico, humano y ambiental muy caro que podría haberse ahorrado apoyando las investigaciones necesarias.

 

Actualmente la presión por encontrar energéticos alternativos y el negocio prometido están llevando a muchos gobernantes y particulares a tomar decisiones precipitadas, sin visión de largo plazo, sin la información científica y tecnológica necesaria para el cultivo sustentable de Jatropha y donde no se están calculando riesgos adecuadamente.  Es necesario detener el desarrollo de la fiebre de las plantaciones agroindustriales de Jatropha y desarrollar modelos que consideren las características ecológicas donde Jatropha crece y ha evolucionado, y las características socioeconómicas donde se usaría esta parte de nuestra biodiversidad. 

 

1Centro de Investigaciones en Ecosistemas, Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Morelia, espinosa@oikos.unam.mx; 2Red Mexicana de Bioenergía, riegelya@yahoo.com.


Copyright © 1996-2014 DEMOS, Desarrollo de Medios, S.A. de C.V.
Todos los Derechos Reservados.
Derechos de Autor 04-2005-011817321500-203.

Desarrollado por La Jornada

Hecho con Plone