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¿Reforma Energética o Reforma de PEMEX?

Preocupante lo que sucede en nuestro país. Sin lugar a dudas hay una gran confusión y, por ende, un avance muy limitado hacía la toma de decisiones de crucial importancia para la vida futura de todos los ciudadanos Mexicanos. Vivimos la polarización social en base a una importante propuesta, pero que no es una "Reforma Energética". Los partidos y el poder legislativo, el Presidente de México y la Secretaría de Energía, como parte del ejecutivo, debaten sobre lo que debe llamarse propiamente la "Reforma de Pemex"...

Por: Arturo Morales Acevedo*

Preocupante lo que sucede en nuestro país. Sin lugar a dudas hay una gran confusión y, por ende, un avance muy limitado hacía la toma de decisiones de crucial importancia para la vida futura de todos los ciudadanos Mexicanos. Vivimos la polarización social en base a una importante propuesta, pero que no es una "Reforma Energética". Los partidos y el poder legislativo, el Presidente de México y la Secretaría de Energía, como parte del ejecutivo, debaten sobre lo que debe llamarse propiamente la "Reforma de Pemex", lo cual obviamente no es lo mismo que una "Reforma Energética".

Y ambas Reformas son muy importantes para nuestro país. La Reforma de Pemex lo es a muy corto plazo, pero la Reforma Energética debiese serlo en el corto, mediano y largo plazo. Tendrían que estar interconectadas, y no ir una antes que la otra, sino una como elemento importante para la otra. Ambas son, desde hace mucho tiempo, parte fundamental y necesaria de una estrategia integral para el desarrollo de México. Desafortunadamente, lo que se tiene ahora es una confusión entre la una y la otra, causando que la mayoría hable de la reforma de Pemex, llamándola Reforma Energética, y que otros pocos hablen de la Reforma Energética, sin percibir que no es lo que esta en discusión, por ahora.

Pemex, genera recursos financieros que constituyen una buena parte del producto interno bruto, por lo que es actualmente la empresa paraestatal más importante de nuestro país. Se dedica a extraer del subsuelo costero uno de los recursos energéticos que tenemos disponibles en abundancia (aunque no el único). Sin embargo, como empresa, hace muy poco para explorar y explotar nuevos pozos, y gran parte de este recurso, no-renovable, lo exporta sin darle ningún valor agregado. A cambio de ser la "caja grande" del gobierno federal, a través de la SHCP, se le permite ser una empresa ineficiente, al estar controlada por uno de los sindicatos mas poderosos y mas corruptos en Latinoamérica. Y por lo tanto, las perspectivas de su permanencia, como empresa productiva, son cada vez menores.

No es necesario ser un experto para intuir -como real- un diagnóstico como el anterior, el cual seguramente coincide con lo que la misma Secretaría de Energía ha presentado recientemente, de manera mucho más extensa. También es obvio que la solución propuesta por el mismo gobierno federal no resuelve los grandes problemas de esta empresa. Poco se dice acerca de la estructura organizativa, ya que prácticamente continuará siendo la misma, excepto por el cambio en el consejo de administración. Por lo tanto, la corrupción continuará afectando la eficiencia y productividad de la misma. Aparentemente se desea que siga siendo la "caja grande" del mismo gobierno, y hasta de los gobiernos estatales, quienes también quieren una parte del pastel. El cambio propuesto mas importante es la participación de las personas físicas -que sean ciudadanos Mexicanos- en la empresa, a través de bonos que ayudarían a su financiamiento. Las demás modificaciones, dejan a Pemex con su estructura sin gran cambio, pero abren la posibilidad para la participación de empresas extranjeras y nacionales, en la exploración y producción de petróleo. Igualmente se propone que haya inversión privada en la producción de algunos derivados del petróleo. Se habla, por ejemplo de la participación de empresas en la operación de nuevas plantas de refinación requeridas para producir la gasolina que cada vez importamos en mayor proporción. Sea porque no conocemos la tecnología, sea porque nos costaría muy cara o sea porque habrá que atender a los intereses de las empresas nacionales y extrajeras que desean participar en este lucrativo negocio.

En otras palabras, poco se hace por resolver el problema mas grave que es la cada vez menor productividad de Pemex, dejando a la empresa prácticamente como ha operado hasta hoy, con todas las deficiencias antes mencionadas, pero permitiendo que el capital privado participe abiertamente, particularmente en la explotación de los productos derivados del petróleo. Por lo tanto, las críticas a la propuesta del gobierno federal se justifican y habrá mucho qué hacer para encontrar una solución óptima a la grave situación de Pemex, y para ello nada mejor que una discusión amplia, con gente bien informada técnicamente, y con espíritu abierto para encontrar soluciones, y para impulsar los cambios estructurales que se requieran, para hacer de Pemex una empresa de clase mundial, y mucho mas productiva para todos los Mexicanos.

Hacer nada tampoco es la solución, dejando todo como está; y en este sentido tiene que haber propuestas alternativas, las cuales aún no son claras por parte de los demás interlocutores activos en este debate.

En espera de esa discusión amplia, volvamos ahora a la necesidad, también urgente, de una verdadera Reforma Energética que -como ya se aclaró- no es lo mismo que la Reforma de Pemex y de la explotación del petróleo. Hablar de Reforma Energética implica establecer los cambios que sean necesarios, para depender cada vez menos del petróleo, como fuente primordial de energía. Es decir, nuestro país tiene que diversificar sus fuentes de energía. Y México cuenta con algunas alternativas, que incluso ya están siendo utilizadas, aunque en muy pequeña escala, como la energía eólica, la energía geotérmica y hasta una planta de energía nuclear.

El diagnóstico en este aspecto es tan desalentador como lo es la situación de Pemex. Para iniciar, no contamos con un plan energético a largo plazo, y en la mayoría de los casos actuamos de manera coyuntural, dependiendo del gobierno en turno. Ha sido así que -en cierto momento- se pensó en la energía nuclear para producir energía eléctrica. De la misma forma, en años recientes se ha invertido en plantas de energía eólica en el Istmo de Tehuantepec, pero seguramente esto ha sido “motivado” por las empresas que han querido vender su tecnología, más que por una política energética nacional. Estas mismas empresas aún encuentran dificultades en nuestras leyes y regulaciones para que haya un crecimiento importante de instalaciones de plantas eólicas para la producción de energía eléctrica. Por eso, han apoyado una nueva ley denominada Ley para el Fomento de Energías Renovables, propuesta por el PVEM, la cual no ha sido suficientemente analizada, y es muy limitada en cuanto a su posible impacto para romper la ineficiencia energética a que nos induce el ser un país petrolero.

La diversificación energética es necesaria para México, al igual que lo es para muchos países donde hay un gran desarrollo en este sentido, sobre todo en los europeos como Alemania y España, o asiáticos como Japón, y en menor proporción en los Estados Unidos de América y en otros países desarrollados. Seguir dependiendo del petróleo sólo nos hace vulnerables, tomando en cuenta que es un recurso no-renovable, además de que la quema de los combustibles productos del petróleo, causan contaminación y la emisión de gases invernadero, particularmente el CO2, hacía nuestra atmósfera. Es sabido, y cada vez con mayor evidencia científica, que los gases invernadero están causando el cambio climático sobre la superficie terrestre, de forma que la temperatura promedio sobre la superficie terrestre ha aumentado en los últimos años. Y si esto es cierto, pronto tendremos sequías intensas en algunos lugares e inundaciones en otros, donde normalmente eso no es común. Posiblemente, sin saberlo, ya estamos sintiendo algunos de los efectos asociados al cambio climático, y por eso es algo que preocupa a muchos países en el mundo. Y en esto mucho tienen que ver los combustibles fósiles.

México, además de petróleo, cuenta con otros recursos energéticos y es necesario empezar a desarrollar las fuentes alternas de energía. Por ejemplo, se cuenta con un alto nivel de insolación en la mayor parte del país. A pesar de esto, y de que se ha demostrado que usar calentadores solares de agua, en nuestras casas y edificios, causaría un ahorro para los usuarios, al reducir su consumo de gas, no hay estímulos de ningún tipo, ni programas para su uso generalizado. Ya se comentó que hay regiones con alto potencial de energía eólica, como las costas de Oaxaca en el Istmo de Tehuantepec y otras que aún no se han evaluado adecuadamente, pero poco se ha hecho, excepto por las propias industrias extranjeras que fabrican los equipos requeridos para su aprovechamiento. Igualmente, México cuenta con suficientes ríos y caídas de agua para generar localmente energía eléctrica a costos competitivos. Y ¿qué podemos decir de la energía que podríamos extraer a partir de la basura o de los desechos orgánicos?

Todo esto, está siendo desperdiciado y peor aún no se cuenta con un plan estratégico para su aprovechamiento. Nuestro atraso tecnológico es cada vez mayor, asumiendo que para cuando requiramos de estas nuevas fuentes de energía, nos bastará con comprar la tecnología o con asociarnos con las empresas que la tengan disponible. Algo así como lo que sucede ahora con el petróleo, al tener que comprar, o permitir la inversión de las empresas que cuentan con la tecnología para explorar y explotar pozos petroleros en aguas profundas.

Como país, no tenemos objetivos en cuanto a nuestra diversificación energética, y tampoco diagnósticos claros sobre aquello que debemos lograr en el corto, mediano y largo plazo, tomando en cuenta las circunstancias de México. Por lo tanto, no tenemos ni la política nacional, ni las leyes, ni un marco regulador que orienten el desarrollo de las nuevas fuentes de energía, condenando a nuestro país a la vulnerabilidad que implica nuestra dependencia de la industria extranjera. Ahora que es posible, no se impulsa - como parte de una política de estado- el surgimiento de nuevas empresas que compitan en la producción de equipos para generar energías alternativas.

Algunas de las tecnologías requeridas aún están en desarrollo (es decir, no son tecnologías maduras, ni son propiedad de los grandes monopolios), y los montos de inversión para las empresas de fabricación de estos equipos todavía están dentro del alcance de los pequeños y medianos inversionistas, además de que existe un mercado mundial cada vez mayor. Un ejemplo de esto es la industria fotovoltaica que esta creciendo mundialmente a ritmos anuales cercanos al 50%. Hace más de 25 años cuando un grupo de investigadores (en el departamento de Ingeniería Eléctrica del CINVESTAV del IPN) desarrollaron una tecnología e incluso fabricaron módulos a nivel piloto, siendo competitivos internacionalmente, era difícil pensar en una capacidad de producción de 1-2 MW anuales de módulos fotovoltaicos pues eso era una gran meta, y el nivel de inversión entonces hubiese sido solamente entre 1 y 2 millones de dólares. Después, hace 10 años, una planta de 10 MW representaba la nueva marca para las plantas que se instalaban por ese entonces. Ahora, dado el crecimiento mundial del mercado, las plantas típicas son del orden de 100 MW, requiriéndose cerca de 100 millones de dólares para ser competitivos. Dentro de 10 años podemos esperar inversiones de miles de millones de dólares, siendo niveles con los que nos será más difícil competir.

En otras palabras, si no queremos ser dependientes de tecnología externa para contar con nuevas fuentes de energía, lo cual será la tendencia en el futuro, tenemos que empezar a planear, a invertir para el mediano plazo, y a desarrollar una tecnología propia, proponiéndonos metas que estén acordes con el desarrollo requerido por nuestro país. Desafortunadamente, los inversionistas nacionales todavía no ven a las energías renovables como un nicho, porque el poder legislativo y el ejecutivo que debiesen definir una política clara en este sentido, no lo han hecho todavía.

En otros lugares, una fuente de financiamiento para la diversificación energética son los excedentes o las ganancias provenientes del petróleo. Son empresas petroleras las que están invirtiendo en el desarrollo y en la producción de nuevas fuentes de energía, lo cual es muy razonable, si recordamos que el petróleo es un bien no-renovable, y habrá de acabarse en algún momento. Por lo tanto, en un país con los recursos petroleros con que contamos, tendríamos que razonar de manera similar, y usar una parte de las ganancias para desarrollar nuestras alternativas energéticas. Es aquí, donde se requiere que haya Reformas, la de Pemex y la Energética, que sean integrales y sinérgicas para lograr un verdadero desarrollo, particularmente en un sector que es estratégico, tanto para México como para cualquier otro país.

En conclusión, lo único que vemos en este momento es atraso político y confusión, atraso tecnológico, falta de iniciativa, falta de metas a mediano y largo plazo, falta de planeación, falta de políticas para el desarrollo de nuevas industrias, en pocas palabras, falta de visión sobre el México que queremos y necesitamos en el futuro. Esperemos que la verdadera discusión y debate se den, y que el resultado, al final de la noche, sean reformas equitativas, promotoras del desarrollo y ventajosas para todos los ciudadanos que somos parte de este país, tan cerca de los recursos energéticos naturales, pero tan lejos de los intereses comunes.

 

*Investigador Nacional nivel III e Investigador titular del CINVESTAV del IPN

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