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Los acontecimientos recientes de la emo-alteridad

Hasta ahora “(h)emos” sido testigos de una supuesta “guerra tribal juvenil” construida desde los cuarteles virtuales de los medios y por sus amos (que no emos) cuyos intereses habían sido escenificar los más diversos y rentables guiones melodramáticos, en otros tiempos, y hoy volcados a producir historias que respondan a las demandas –también construidas- de los consumidores sedientos de formar parte de una condición abstracta

Por: Roberto García Salgado*

Hasta ahora “(h)emos” sido testigos de una supuesta “guerra tribal juvenil” construida desde los cuarteles virtuales de los medios y por sus amos (que no emos) cuyos intereses habían sido escenificar los más diversos y rentables guiones melodramáticos, en otros tiempos, y hoy volcados a producir historias que respondan a las demandas –también construidas- de los consumidores sedientos de formar parte de una condición abstracta

Nuevamente, han sido los medios y sus líderes de (des) opinión quienes han hecho el uso adecuado y esperado de las tintas sobre-estigmatizantes y estereotipadas que los “especialistas en juventud” han construido para hacer visibles a los jóvenes. Desde luego,  desde los parámetros y los intereses que justifican sus roles de intelectuales de cuello blanco, quienes bajo nigromancias lingüísticas taxonomizan a los jóvenes que son obsequiados como mercancías rentables a la industria noticiosa para crear de éstos los escenarios cínicos y ficticios más creíbles a los ojos de espectadores acostumbrados a recibir, sin opción alguna a su crítica y reflexión, los anecdotarios superfluos del acontecer cotidiano, que nunca llegan a la condición real de noticia e interlocución.

Hoy, a través de los medios digitales se convoca al enfrentamiento, descalificación y aniquilamiento entre “tribus juveniles“, por otras “tribus” llamadas policíacas, políticas y mediáticas, sin requerir el contacto real humano. Las campañas creadas por los espacios digitalizados, reciclan el principio Sloterdijkiano criticado de alfabetización, como un masivo envío electrónico -bajo la forma de misivas dirigidas a los amigos - para instaurar, lo que Sloterdijk define como, una sociedad [armada] de lecto-amigos.

De tal modo, que los espacios lejanos son productos virtuales: ficciones de un destino de amistad con [especialistas y cuerpos de represión policíaca] remotos y una afinidad empática entre lectores de los mismos autores de propiedad común.

Estos lectores amigos son los especialistas en juventud –sin denominación académica aceptada aún- conocidos como juvenólogos, término que utilizaré como forma de distinción para aquellos que componen las hordas de alfabetizados especialistas en juventud.

Entre ellos impera la necesidad y sus requerimientos sentimentales de “defender” a las “tribus” juveniles (según ellos: de los mismos jóvenes), mediante las vehementes etiquetas tiernamente caracterizadas que promuevan identidades peyorativas y tendentes a la nula compresión y tolerancia por el resto de los ciudadanos.

Con la clasificación lograda e impuesta se obliga a mirar zoológicamente a aquellos que son diferentes, y a través de esto provocar la supuesta peligrosidad y urgencia de velar por ellos.

Tras esta maquinaria de ficciones cínicas, hoy tenemos la “guerra” entre grupos juveniles o “tribus” como resultado de la incorporación y propagación de identidades académicamente construidas y que han terminado siendo rivalidades cotidianamente imbuidas por las nuevas técnicas de agitación y desinhibición de las masas.

Las agresiones orientadas hacia los emos y sus agresores, tienen más que el nombre de “darketos” y “punketos”, el de la propaganda derechista que requiere desestabilizar y eliminar cualquier forma de organización juvenil.

Con el ánimo de hacer visible la eficiencia y desmesurada preocupación de las autoridades, el pasado jueves 20 de marzo, en la Jornada se publicó que la Procuraduría de Justicia de Querétaro, había descubierto al culpable, señalando a un joven de 17 años como el presunto autor del correo electrónico a través del cual se convocó a la agresión de los emos en la Plaza de Armas el pasado 7 de marzo.

En las páginas del diario, no se mostró ninguna imagen del presunto responsable y mucho menos se desplegaron palabras algunas de defensa respecto de la imputación legal de la que era objeto. La PGJE sólo indicó que se tienen elementos suficientes para acusar al indiciado y se cuentan con pruebas logradas por la Cofetel.

Sin más, el culpable pronto estará siendo juzgado, procesado y sentenciado sin conocer su rostro, pertenencia tribal y motivos que le llevaron a convocar a dicha agresión. Quizás un “Pepe el Toro”, sin poder gritar que es inocente…

Entre los medios digitalizados y la prensa escrita (contubernio de manipulación y simulación) se ha logrado establecer una atmósfera de contradicciones y favoritismos políticos que benefician los intereses de grupo y utilizan a las agrupaciones juveniles como elementos de distracción para disipar la atención ante los sucesos políticos de baja intensidad.

La respuesta está en mirar críticamente hacia los medios y no peyorativamente hacia las agrupaciones juveniles. La paranoia creada por los medios y la manipulación emocional de las agrupaciones juveniles, obedece a las condiciones futuras altamente sombrías que enfrentan estas agrupaciones, futuro en el cual los medios electrónicos se vuelven las alternativas emocionales para expresar y valorar su realidad circundante.

* Profesor de la División de Estudios de Posgrado de la Escuela Nacional de Trabajo Social, UNAM.

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