El Estado mexicano analfabeta científico: Cereijido
CICESE. A pesar de que hace aproximadamente 40 años una comunidad muy pujante comenzó a desarrollar la ciencia en México, en este momento estamos en pleno analfabetismo científico, sobre todo por parte del Estado.
El ser humano se ha especializado en interpretar la realidad de muchas maneras y hay gente que la interpreta invocando deidades y milagros, señaló el experto. Foto: Cicese
CICESE. A pesar de que hace aproximadamente 40 años una comunidad muy pujante comenzó a desarrollar la ciencia en México, en este momento estamos en pleno analfabetismo científico, sobre todo por parte del Estado. Pero si bien es cierto que no se debe menospreciar a quien no sabe, no le han enseñado o no ha aprendido a interpretar la realidad de una manera científica, es decir, sin invocar dogmas, revelaciones, milagros o un principio de autoridad; lo malo en nuestro país es que el Estado cree que sí sabe, y deduce que no necesita de la ciencia moderna.
Lo anterior fue señalado por el doctor Marcelino Cereijido, profesor de fisiología celular y molecular del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional, uno de los más reconocidos divulgadores en México y autor de cientos de artículos y una docena de libros, tanto especializados en temas científicos como de ensayo y divulgación sobre el tiempo, la muerte y la relación entre la ciencia y la sociedad, quien este viernes 9 de mayo sustentó la conferencia magistral “Cómo librarnos del analfabetismo científico”, en las instalaciones del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), en el marco de los festejos conmemorativos del 35 aniversario de esta institución.
El doctor Cereijido comentó que el ser humano se ha especializado en interpretar la realidad de muchas maneras. “La más moderna es la científica, pero hay una enorme cantidad de gente que es analfabeta científica y la interpreta invocando deidades, milagros y demás”, dijo.
Y agregó: La ciencia moderna ha partido a la humanidad en dos. Un 10 por ciento, que es el primer mundo, tiene ciencia, investiga, inventa, crea, impone, define, presta, cobra usura. Y el 90 por ciento restante es el llamado tercer mundo, donde la gente se desplaza, se comunica, produce, se cura y se mata con aparatos, vehículos, medicamentos y armas que inventaron en el primer mundo, y esto los sume en la ignorancia, la dependencia, la corrupción y la indignidad.
A la pregunta de qué puede hacer México para que predomine la manera científica de interpretar la realidad, el conferencista señaló un decálogo de recomendaciones entre las que destacan:
Pasar de un esquema que forma investigadores, a un esquema que forme científicos, considerando al investigador como alguien apto para tomar algo, estudiarlo e integrarlo al conocimiento, mientras que el científico es quien no usa dogmas, milagros o principios de autoridad para interpretar la realidad.
Realizar seminarios científicos para analizar las medidas gubernamentales sobre investigación, patentes o asesorías que se usan aquí, pero que se desarrollan en otros países.
Contar con empresarios. Muchos científicos opinan que en México no hay empresarios, sino fabricantes y vendedores, o “financiadores” en el mejor de los casos, que no son capaces de producir siquiera el conocimiento que usan en sus empresas.
Crear escuelas de ciencia dirigidas principalmente a niños y jóvenes.
Hacer que las empresas transnacionales inviertan en México una suma proporcional a su mercado aquí.
Crear un impuesto al conocimiento importado, para desarrollar sustitutos locales.
Establecer que toda autoridad de alguna institución científica presente cursos y exámenes de capacitación pues, por ejemplo, son burócratas de la Secretaría de Hacienda quienes establecen los criterios para otorgar subsidios a la ciencia. Se dan casos en que definen como criterio el número de egresados de doctorado para las instituciones científicas y de educación superior. Entonces todo mundo empieza a graduar doctores en ciencias para tener acceso a esos recursos, sin importar nada más.
También señaló que se requiere cambiar rápidamente la manera cómo se hace la divulgación científica. “La que se hace en México es de altísima capacidad y calidad, porque está hecha por nuestros mejores investigadores. Pero hay que encaminarla mejor, pues con el fin de atraer a los jóvenes se buscan rarezas. ‘¿Sabía usted que si un hombre saltara como una pulga sería capaz de brincar un edificio de 20 pisos? ¿Sabía usted que un agujero negro sería capaz de comerse toda una galaxia?’ Comprensiblemente esto da la idea de que somos una bola de tarados en busca de rarezas. Y estos son los fundamentos de cualquier presidente para no dedicarle dinero a la ciencia, porque a él no le interesa que un agujero negro se coma una galaxia, sino que los niños de su país coman proteína”.
La conferencia del doctor Cereijido, organizada por la Asociación de Personal Académico del CICESE (APACICESE), contó con cerca de 300 asistentes.