Marcaje de tiburones y seguimiento satelital
CICESE. La historia había sido más o menos la misma. Colectar algunos organismos, analizar contenidos estomacales, vértebras, hacer disección de músculos; algo interesante, sin duda, pero que implicaba trabajar siempre con tiburones muertos.
Los investigadores cuentan con una nueva y poderosa herramienta para obtener información en vivo de la conducta animal. Foto: Carl Safina
CICESE. La historia había sido más o menos la misma. Colectar algunos organismos, analizar contenidos estomacales, vértebras, hacer disección de músculos; algo interesante, sin duda, pero que implicaba trabajar siempre con tiburones muertos.
Con el advenimiento de nuevas tecnologías como la de telemetría satelital, y sin que esto demerite la validez de esos primeros estudios (a fin de cuentas todos los que se dedican a tratar de entender a estos magníficos depredadores han aprendido algo de ellos), los investigadores tienen una nueva y poderosa herramienta para obtener información “en vivo y a todo color” de cómo se desplazan, qué comen, cuánto crecen, utilizando animales vivos. Esto, estudiar tiburones vivos, es algo que no solamente provee información muy valiosa para quienes administran esta pesquería, viven de ella o toman decisiones sobre nuevas regulaciones, sino que, a nivel personal, permite a los investigadores sentir golpes de adrenalina durante el proceso de marcaje y una extraña sensación de bienestar al comprobar que el animal con el que tuviste un encuentro cara a cara, sigue haciendo su vida normal al tiempo que te provee de valiosa información sobre su comportamiento.
Alfonso Medellín Ortiz y Erick Cristóbal Oñate González, estudiantes recién egresados de la maestría en Ecología Marina del CICESE, fueron los primeros en México que marcaron tiburones y siguieron su comportamiento utilizando telemetría satelital (un sistema que permite enviar información a un observador lejano a través de señales que se transmiten vía satélite), como parte de un proyecto internacional denominado “Marcaje de predadores del Pacífico” (Tagging of Pacific predators –TOPP-), que se enfoca no solamente a estudiar tiburones y otros peces pelágicos (que viven alejados de la costa), sino también mamíferos (ballenas, elefantes y leones marinos), aves y tortugas marinas.
Alfonso desarrolló su estudio utilizando 24 ejemplares de tiburón Mako; Erick lo hizo con nueve tiburones azules, siendo éstos, además, los primeros que se marcaron en aguas mexicanas, utilizando una embarcación también mexicana y con una tripulación integrada sólo por connacionales. Ambos trabajaron bajo la dirección del Dr. Oscar Sosa Nishizaki, investigador del Departamento de Oceanografía Biológica del CICESE.
Fundamentalmente les interesaba conocer el comportamiento de estos tiburones frente a las costas de California y de Baja California: a dónde van y qué hacen a lo largo de la columna de agua de mar, y nada mejor que usar marcaje satelital para lograrlo.
Explicaron que utilizaron dos tipos de marcas: la “archivadora” denominada PAT por sus siglas en inglés (pop-up archival tags), que guarda información de profundidad, temperatura e intensidad de luz, y la geoposicionadora de tiempo real llamada SPOT (smart position or temperature transmitting tag), que también puede guardar temperatura, pero en este caso funcionó para establecer la posición geográfica del organismo.
Se
trata de instrumentos caros que envían señales a través del satélite Argos
(operado por la National Oceanic and Atmosferic Administration –NOAA- y
la agencia espacial francesa –CNES-), los cuales fueron proporcionados por el
proyecto TOPP. En promedio una marca PAT cuesta alrededor de 3 mil dólares, y
una SPOT cerca de 2 mil 500 dólares. Si se hace un doble marcaje del tiburón,
cada animal lleva entre 5 y 6 mil dólares en su lomo, pues se colocan en su
aleta dorsal.
El marcaje
El proceso para marcar a los tiburones es el mismo para ambas especies. En el caso de los Mako, se realizaron campañas en 2004, 2005 y 2006 a bordo del “David Starr Jordan”, un barco de la NOAA con base en San Diego.
Alfonso Medellín explica: El proceso consiste en tirar un palangre con macarela en los anzuelos; se deja tres horas y entonces lo recoges. Los tiburones que vienen enganchados en los anzuelos se suben a la popa, a una camilla que está adaptada en el barco. Es muy interesante porque cuando entra el tiburón a esta especie de cuna, se eleva y el animal queda afuera del agua. Al no sentirse en su medio comienza a moverse mucho; entonces lo primero que haces es ponerle una toalla oscura en la cabeza, cubriéndole los ojos, y eso lo tranquiliza. Luego le metes una manguera perforada en la boca y creas un flujo de agua para que pueda respirar. Debes vigilar que el agua salga por las branquias para asegurarte que está respirando, y debes vigilar que el tiburón no se mueva, pues independientemente del tamaño que tenga, un animal de estos siempre puede resultar peligroso para quienes lo manipulan.
Todo el proceso, desde que lo levantas, lo marcas y lo devuelves al agua, dura máximo 10 minutos, tiempo en el cual, como cualquier animal estresado, se ponen “difíciles”.
Respecto al número de personas que intervienen en el proceso, dijo que uno es el que lo detiene; otro se encarga de sujetar la cola si el tiburón es grande, y dos más se dedican a marcarlo. En el caso del trabajo que se hizo con Makos, se les inyectó además una sustancia llamada oxitetraciclina, pues la NOAA tiene un programa de seguimiento de juveniles para determinar su crecimiento. Se trata de un antibiótico usado para marcar las vértebras; así, al iluminarlas con luz ultravioleta, es más fácil observar sus marcas de crecimiento en determinados periodos de tiempo.
El marcaje de tiburón azul se realizó a finales de enero de 2006 cerca de bahía Magdalena, en Baja California Sur, a bordo de una embarcación pesquera llamada “Yumano”. “Fue la primera vez que investigadores mexicanos, a bordo de una embarcación mexicana, colocaron este tipo de marcas en aguas mexicanas”, señaló orgulloso Erick Oñate, quien indicó que en ese marcaje participaron Alfonso Medellín y el propio Dr. Oscar Sosa.
Como anécdota comentó que meses después, en octubre de ese mismo año, otro grupo de especialistas mexicanos, entre ellos Ramón Bonfil, Leonardo Castillo Geniz, Arturo Ocampo Torres y el propio Erick Oñate, a bordo del B/O “Francisco de Ulloa” propiedad del CICESE, realizaron un marcaje similar de tiburón blanco en aguas de la isla Guadalupe, que tuvo promoción internacional pues se incluyó en un documental que se ha estado transmitiendo por el canal National Geographic desde febrero de 2007.
Se trató de un proyecto totalmente independiente que busca determinar los patrones de migración de la población de tiburón blanco en aquella isla, financiado por la National Geographic Society en colaboración con el CICESE y el Instituto Nacional de la Pesca, bajo la dirección de Ramón Bonfil.
Los resultados
En el caso del tiburón Mako, se trabajó con organismos cuyo
rango de talla va de 114 a
185 centímetros.
Alfonso Medellín comentó: “La información que pudimos observar es que pasan más
tiempo en ciertas profundidades, a cierta hora del día, y con eso podemos
empezar a establecer o corroborar lo que ya se ha observado con otros tipos de
marcas. Lo más interesante es que el intervalo de profundidad es el mismo (de
cero a 100 metros),
pero el tiempo que pasan a diferentes profundidades es el que cambia con la estación. Por
ejemplo, en el verano pasan más tiempo entre cero y cinco metros, muy cerca de
la superficie, y en el otoño pasan más tiempo entre 10 y 50 metros, lo que indica
un cambio estacional en el uso de las profundidades”.
En el caso del tiburón azul, pasan la mayor parte del tiempo
en un intervalo de profundidad entre 10 y 50 metros, y el segundo
intervalo de preferencia es en aguas superficiales, de menos de 5 metros de profundidad.
Otra cosa interesante es que en los dos estudios se encontró
un patrón de oscilaciones verticales que lo denominaron patrón de “yo-yo”. Los
tiburones hacen una inmersión profunda, pero no se mantienen ahí, sino que
regresan a la superficie, para luego comenzar nuevamente. Y aunque pueden
alcanzar una profundidad máxima de 312 metros (en el caso de los azules),
encontraron que a pesar de todas estas inmersiones profundas realmente pasan
más tiempo en aguas de 10 a
50 metros,
repitiendo este mismo patrón.
-¿De qué le sirve a los tomadores de decisiones o a quienes administran una pesquería, contar con este tipo de información?
Incorporar esta información permite tomar mejores
decisiones. Sabemos que el tiburón azul es la especie con mayor abundancia a
nivel mundial. Se distribuye en todos los océanos del mundo, con un rango muy
amplio que va de los 50 grados de latitud sur a los 50 grados norte, aunque se
sabe que tienen preferencia por aguas templadas y tropicales. Por su
abundancia, es una de las especies que más se capturan, lo que la convierte en
una de las más importantes dentro de las pesquerías de tiburón en Baja
California. En promedio, la proporción de animales que salen en una captura es
de 10 azules, un Mako y, a veces, un Tresher.
Con nuestro estudio podemos determinar la estacionalidad de
sus movimientos: si sabes que organismos entre 1.20 y 1.50 metros se están
moviendo de norte a sur, en el verano, cerca de la costa, entonces puedes
decidir que en esa época no se pesque; es una forma de empezar a establecer
medidas de manejo reales, con bases más sólidas.
En este momento hay un debate respecto a la norma 029. ¿Se
debe pescar tiburón a menos de 30 millas de la costa, o debe ser a menos de 50 millas? Con este tipo
de trabajos se puede establecer una razón de porqué esas 30 millas o porqué esas 50 millas. Si observamos
que hay una mayor agregación de organismos juveniles cerca de la costa, a menos
de 30 millas,
pues entonces existe una base sólida para decir que no pesquen dentro de estas 30 millas. Entre más
información se incorpore a la toma de decisiones, éstas serán mejor tomadas.
Otra cosa que encontramos en el estudio de tiburón azul, señala Erick Oñate, es la comprobación de algo que ya se mencionaba con anterioridad: que la temperatura rige los movimientos o el comportamiento del tiburón. Pero en mi estudio, agregó, por primera vez se relacionaron sus movimientos con el oxígeno; es decir, con el mínimo de oxígeno disuelto en el agua. Y entonces descubrimos que si bien la temperatura es un factor que influye en sus movimientos, también el mínimo de oxígeno es un factor limitante para estas incursiones a profundidad y que posiblemente los movimientos de los tiburones azules están relacionados con el comportamiento de sus presas (calamares). Esto motiva la realización de nuevos estudios para determinar si existen algunas diferencias en los movimientos basados en las tallas de los organismos o en su sexo, y relacionarlos con la disponibilidad de alimento o con otros factores oceanográficos. “Esto sin duda nos va a permitir tener una mejor idea de cómo se están comportando los tiburones en nuestras aguas”, concluyó.
¿Y cuándo con tiburón blanco?
Para finalizar la entrevista, se les preguntó si no
consideraron en algún momento trabajar con tiburón blanco, tomando en cuenta el
atractivo que ejerce esta especie, la problemática que afronta y el hecho de
que isla Guadalupe sea considerada uno de los pocos lugares a nivel mundial
donde se les puede encontrar con gran abundancia.
“Cualquiera que trabaja con tiburones es lo que busca”,
señala Erick, al tiempo que recuerda el marcaje realizado con Ramón Bonfil en
2006. “Con los Makos o con los azules de dos metros, te puedes ‘pelear’ y te
les montas encima, pero cuando ves un organismo de 5 metros, pues resulta del
todo increíble. Es el sueño de todos nosotros: poder trabajar alguna vez con
tiburón blanco.”
En eso coincide Alfonso Medellín: “No nos queremos quedar con las ganas, y por eso estamos dándole lata a Oscar Sosa, para ver si podemos entrarle. Tal vez algún día se pueda”.