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Celebración con C de Cultura Forestal

Alberto Nin Frias (Montevideo, Uruguay 1878 – Suardi, Argentina 1937) profesor de Lenguas vivas, de filosofía y moral en la Universidad de Montevideo; de geografía e historia de la América Ibérica en la Universidad de Siracusa y de literatura inglesa de la Universidad de George Washington, a saber un hombre enciclopédico y multifacético, cobró en su tiempo tal notoriedad que Miguel de Unamuno se refirió sobre él como “uno de los escritores que mas conviene estudiar porque me da pie como muy pocos para las reflexiones que más gusto. Espero siempre con ansiedad trabajos suyos, porque el tiene en la literatura americana el atractivo de un mirlo blanco. En un caso único por su sano sentimiento religioso, y cierta orientación que falta en los escritores de allá”.

Por: Carlos Mallén Rivera*

Alberto Nin Frias (Montevideo, Uruguay 1878 – Suardi, Argentina 1937) profesor de Lenguas vivas, de filosofía y moral en la Universidad de Montevideo; de geografía e historia de la América Ibérica en la Universidad de Siracusa y de literatura inglesa de la Universidad de George Washington, a saber un hombre enciclopédico y multifacético, cobró en su tiempo tal notoriedad que Miguel de Unamuno se refirió sobre él como “uno de los escritores que mas conviene estudiar porque me da pie como muy pocos para las reflexiones que más gusto. Espero siempre con ansiedad trabajos suyos, porque el tiene en la literatura americana el atractivo de un mirlo blanco. En un caso único por su sano sentimiento religioso, y cierta orientación que falta en los escritores de allá”.

El conjunto de sus obras se agrupa entre 1900 y 1935 Alexis o el significado del temperamento homosexual es de las de mayor notoriedad, De 1933 se encuentra un delicioso libro “El culto al árbol” obtenido por el autor de estas líneas en una librería de viejo de Donceles en un estado lamentable que no ameritaba la mayor atención de un bibliófilo, ni siquiera de uno incipiente como era mi caso, sin embargo, el poderoso titulo en un joven estudiante universitario de ciencias forestales impulsaron a su adquisición. El culto al árbol Ensayo de la interpretación de la naturaleza de las plantas y sus efectos sobre el alma humana  De eso hace más de 15 años. Unas cuantas líneas del libro nos muestran esta posibilidad humanista bajo una contemplación estrictamente académica.

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El hombre atisbaba en el árbol la imagen sensible de un poder que le gobernaba desde las oscuras entrañas de la tierra. Este culto al vegetal leñoso existió  en Asiria, en la Hélade, en Polonia y en la Galía. Walt Whitman, el Homero de la camaradería, pasó buena parte de su inquieta vida en los umbríos bosques de los Estados Unidos. Cuenta en uno de sus originales poemas que añoraba haber visto un día en la Luisiana un roble gigantesco que crecía solitario sin compañero alguno, desenvolviendo alegremente su personalidad en sus magníficas hojas de color verde sombrío. La aspereza del gigantesco vegetal, su inflexilidad, su poder, le llevaron a pensar en su propio ser, al cual aquel tanto se le asemejaba, más al propio tiempo se pasmo de asombro que dicho tronco rugoso y fuerte hubiera podido desplegar tan frondosamente sus ramas “completamente solo, sin tener cabe suyo a un amigo”, como él fuerte, poderoso y bello.

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En el mismo diapasón de entusiasmo conmovido se refiere a ellos un épico del sonido, Bethoven: “Un árbol me es más caro que un hombre, y en otra parte de su autobiografía dirige al vegetal dilecto, esta plegaría llena de férvida unción: ¡Dios mío, cuan feliz soy en los bosques, donde cada árbol es una voz tuya! ¡Cuánto esplendor, Dios mío! Aquí esta la paz que necesito para servirte, aquí en estas selvas, en estas colinas.

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El árbol viene  a ser un testigo de la vida de los pueblos, testimonio mudo, si se quiere, pero viviente y palpitante, de lo que fue, de lo que es y de lo que será. ¿Conservaran acaso, en su parte anímica, que es tan sensible, los gloriosos recuerdos de antaño? Es el árbol para la humanidad pensante, armónica imagen de la perennidad. Nuestros primitivos antepasados lo amaron instintivamente y le tributaron un culto respetuoso.

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El árbol dio siempre origen, en su torno, a naciones fuertes y tenaces en el sostenimiento de sus fueros de libertad. Parecería ser que al contemplar al vegetal leñoso, tan sereno y enhiesto, tan poco sujeto a las mutaciones incesantes de las cosas, le dijera al hombre: “Si luchas, si persistes en tu empeño, tu llegaras al dominio de todas las cosas en este mundo.

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Debajo de una copuda encina, en un bosque que aún se conserva a las puertas de la grande Paris, el bosque de Vincennes, gustaba el rey Luis, apellidado el Santo y el Justo, deliberar sobre los asuntos de Estado. Retrocediendo aún más en la noche o el alba de los tiempos, como mejor queráis designar al pasado, los actos solemnes de las tribus tenían por testigos a los hermosos árboles, imágenes de grandeza y duración. Para el hombre primitivo, así como para el de los comienzos de la preponderancia de la raza teutónica, el bosque tenía la misma importancia que para los modernos la ciudad de hoy día. La selva era un templo, un refugio, para los perseguidos, un tribunal más solemne que cualquier de los más monumentales palacios de justicia, un santuario de refugio para los que estaban fuera de ley, los que no eran pocos, en los tiempos turbulentos de antaño.

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En la India, tan llena de misterios, y en la paradisíaca Isla de Ceylan, se venera a un árbol llamdo El Bo. Narrase que una rama el precioso árbol plantado por el mismísimo Buda, fué llevada a la isla antes mentada y colocada en el sitio más céntrica de la misma. Allí se le rinde el homenaje que s tributa a un Dios desde hace mas de mil años. Acaso ya no existía el mismo árbol, y sea uno de la prole inmortal del primitivo, el que mantiene  viva la fe y la esperanza en el corazón de las almas creyentes . Siempre verde y con un aspecto de perenne juventud, ante su enigmática fisonomía se prosternan los peregrinos en busca de salud y dicha. Es este bo, sin duda, el ídolo más antiguo de cuantos se conocen. Según los primitivos filipinos, la especie humana salió de un enorme bambú de dos nudos 

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Con el Decreto Presidencial publicado el 1 de julio de 1959 en el Diario Oficial de la Federación se instauró oficialmente la celebración del Día del Árbol, asignando para ello el segundo jueves de julio e instituyendo la Fiesta del Bosque, que se celebra todo el mes. La decisión presidencial fue tomada bajo la consideración de que “la celebración del Día del Árbol debe mantenerse por tratarse de una popular tradición mexicana, de gran importancia en la educación de la niñez”, y también porque, “para ampliar la verdadera conciencia forestal, sobre todo en la población adulta, debe hacerse hincapié en los variados y notables beneficios que brindan los bosques”.

A 50 años de la instauración del Día del Árbol se deben evaluar los compromisos adquiridos y su real cumplimiento sobre todo en lo que respecta a la conservación, fomento y aprovechamiento sustentable de los recursos forestales, por ser éstos el hábitat de una extraordinaria biodiversidad, por los beneficios económicos y productivos que ofrecen al país, y por las funciones ambientales que realizan para la conservación del suelo, el mantenimiento del ciclo hidrológico, y en general, la vida en el planeta.

El territorio considerado forestal ocupa tres cuartas partes de la superficie nacional, bosques, selvas y zonas áridas, en los que habitan por lo menos diez millones de personas. Estos recursos naturales son estratégicos para las economías regionales y la nacional, tanto por los ingresos y los empleos que generan, como por ser un insumo básico en la producción de numerosos productos. Actualmente uno de los desafíos más importantes para México es mantener su cobertura forestal y, más aún, recuperar superficies que se han perdido a lo largo de las últimas décadas por diversos factores, principalmente por cambio de uso del suelo a favor de las actividades agropecuarias y de la expansión de las áreas urbanas.

La revisión del decreto resulta interesante a la luz de media centuria

Sus considerandos señalan:

Primero.- Que el acrecentamiento y la protección de los recursos forestales del país son de utilidad pública, por ser los bosques un factor de especial importancia para el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria, así como para la conservación de los suelos, la regularización de las corrientes de agua, el refugio de la fauna silvestre, la belleza del paisaje

Segundo.- Que el constante progreso de la industria nacional eleva paralelamente la demanda de productos de los bosques y por lo mismo se hace necesario el aumento de las reservas forestales del país, no solo protegiéndolas sino tambien ampliando las superficies boscosas y repoblando las zonas deforestadas.

Tercero.- Que, siendo recomendable la divulgación de toda clase de propaganda a favor de los bosques, es insustituible para la educación popular la practica de labores fundamentales de protección y repoblación forestales.

Cuarto.-  Que la sociedad y el Estado deben esforzarse conjuntamente para lograr el incremento de los recursos forestales de la Nación.

Es decir, hace cincuenta años ya se tenia plena conciencia del potencial forestal e incluso del riesgo que corria. Asi mismo, se esboza la necesidad de un programa de concientización a través de la difusión entre la población de su importancia para la sociedad. 

El Decreto propiamente señalaba:

Primero.- Queda institutida permanentemente la Fiesta del Bosque, que deberá celebrarse en todo el país durante el mes de julio de cada año y que tendra por objeto enaltecer las valiosas funciones del bosque, divulgar y llevar a la práctica metodos de protección y aprovechamiento forestales , y al mismo tiempo establecer, restaurar y ampliar zonas boscosas en terrenos de tipo forestal.

Segundo.- La celebración del Día del Árbol tendrá lugar en toda la República el segundo jueves del mes de julio de cada año, en forma tradicional en que ha venido efectuandose, y estará coordinada con las actividades de la Fiesta del Bosque.

Tercero.- La Secretaria de Agricultura y Ganadería por conducto de la Subsercretaría de Recursos Forestales y dd Caza, organizará y dirigirá una campaña para coordinar el esfuerzo nacional tendiente a lograr el mayor éxito en la celebración

Cuarto.- Todas las dependencias del Poder Ejecutivo Federal prestarán su activa cooperación en la campaña a que se refiere el punto anterior, y la Secretaría de Agricultura y ganadería solicitará de los Gobiernos de los Estados, de las autoridades municipales y de las instituciones y personas que estime conveniente, su colaboración para el mismo fin.

Quinto.- La Secretaría de Agricultura y Ganadería, dentro de sus labores de divulgación y propaganda de la Fiesta del Bosque y del Día del Arbol, podrá crear estímulos para quienes se distingan en labores tales como la plantación yla conservación de los bosques, el combate de plagas forestales, la prevención y extinción de incendios de montes, la protección del bosque contra el pastoreo incontrolado, la denuncia de explotaciones ilegales y desmontes perjudiciales, la defensa de los animales silvestres, el descubrimiento de nuevos usos de los productos de origen silvícola, el mejoramiento de metodos de producción e industrialización de materiales forestales, la localización de rodas boscosas de singular belleza o de interés especial, etc.; igualmente podrá convocar concursos para la creación de obras didacticas o artísticas de cualquier genero, que en forma efectiva ayuden a crear e incrementar la conciencia civica forestal.

Post Script

Nin Frías llegó  a Suardi, Santa Fe, Argentina, en el ocaso de su vida y en la pobreza, traído por su amigo el presbítero Badanelli, y se instaló en la fonda de Lahitte, luciendo su habitación numerosas obras pictóricas e gran cantidad de libros. Falleció el 27 de marzo de 1937. Al presbítero Badanelli le había efectuado un pedido verbal en el cual revelaba el deseo de que sus restos descansaran a la sombra de dos árboles. El deseo fue cumplido, pero con el paso del tiempo y posiblemente por desconocimiento, a lo cual se sumó la necesidad de espacio en el cementerio, esos árboles fueron talados. 

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Los bosques preceden a los pueblos, los desiertos le siguen.

Chateaubriand. 
 

* Investigador Titular,  Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias. 


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