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Debilidad científica y problemas de sostenibilidad en Yucatán

En la década de los 90, surgieron dos conceptos que empezaron a ser mencionados en los discursos públicos debido a que estaban relacionados con el manejo del crecimiento urbano y la instrumentación del desarrollo turístico: a) el impacto ambiental generado por tal desarrollo económico y social y b) la sostenibilidad temporal de tal desarrollo. La importancia de la aplicación global de estas dos mociones en los estudios avanzados de los ecosistemas marinos y terrestres, creció como consecuencia de las persistentes advertencias científicas de que la atmósfera de nuestro planeta estaba calentándose debido a la intervención humana, es decir padeciendo el terrible fenómeno conocido como efecto de invernadero con impactos sobre los glaciares, los mares y el clima. Las proposiciones de impacto ambiental y sostenibilidad temporal implicaron la participación activa de la ciencia en todas las escalas del desarrollo urbano y de proyectos de alta tecnología. Y bajo las amenazas del cambo climático global luego de la cumbre de Tokio, ya no había lugar para la improvisación y la arbitrariedad en esos procesos de enorme impacto sobre los patrimonios natural y cultural.

Por: Luis Capurro Filograsso, Jorge Franco Cáceres y Víctor Castillo Escalante*

En la década de los 90, surgieron dos conceptos que empezaron a ser mencionados en los discursos públicos debido a que estaban relacionados con el manejo del crecimiento urbano y la instrumentación del desarrollo turístico: a) el impacto ambiental generado por tal desarrollo económico y social y b) la sostenibilidad temporal de tal desarrollo. La importancia de la aplicación global de estas dos mociones en los estudios avanzados de los ecosistemas marinos y terrestres, creció como consecuencia de las persistentes advertencias científicas de que la atmósfera de nuestro planeta estaba calentándose debido a la intervención humana, es decir padeciendo el terrible fenómeno conocido como efecto de invernadero con impactos sobre los glaciares, los mares y el clima.   

Las proposiciones de impacto ambiental y sostenibilidad temporal implicaron la participación activa de la ciencia en todas las escalas del desarrollo urbano y de proyectos de alta tecnología. Y bajo las amenazas del cambo climático global luego de la cumbre de Tokio, ya no había lugar para la improvisación y la arbitrariedad en esos procesos de enorme impacto sobre los patrimonios natural y cultural. El Estado mexicano se adhirió finalmente a la aplicación institucional de  los dos conceptos, y el gobierno federal empezó a ponerlos en práctica en varias regiones a distintas escalas. Últimamente, se ha incorporado también a algunas políticas públicas otro requerimiento que, en nuestra opinión, esta implícito o es parte de los dos primeros y que se conoce como riesgo ambiental.  

Los temas de discusión a partir de los conceptos señalados son apasionantes y dan lugar reflexiones mucho más amplias, pero nuestro interés actual es menos altruista ya que se concentra en analizar si la Península de Yucatán cuenta con la infraestructura y el repertorio científico que permitan manejar los impactos ambientales, avanzar en términos de sostenibilidad y reducir los riesgos ambientales, frente al explosivo crecimiento urbano y el desarrollo turístico en la costa. Sin lugar a dudas, la debilidad científica en nuestra región a pesar de los esfuerzos de la UNAM, el Cinvestav, etcétera, sería determinante de la inoperancia cotidiana de estas mociones frente a los problemas de sostenibilidad, especialmente a partir de casos como los proyectos de infraestructura portuaria y los desarrollos turísticos Premium.      

Los Problemas de Sostenibilidad y la Situación Actual  

En la costa de la Península de Yucatán, estamos viviendo una etapa de crecimiento urbano y desarrollo turístico sin precedentes en nuestra historia moderna. Ello es bastante promisorio para nuestra gente más necesitada y también para el avance económico en general. Sin embargo, debemos admitir que a los científicos nos corresponde estar atentos de lo que ocurre en la vida pública con nuestro patrimonio natural y nuestro legado cultural; no deslumbrarnos con las obras de infraestructura portuaria y los servicios del turismo Premium que ahora impulsan las autoridades, debido a que estos proyectos tienen lugar en una región carente de leyes que impongan la sostenibilidad a todos los niveles y bastante pobre en el suministro recursos naturales. Una situación que además es causante de que la Península sea también la más región vulnerable a las amenazas ambientales y sociales preconizadas por los científicos.   

Si nos interesa sin cortapisas que el crecimiento urbano y el desarrollo turístico puedan perpetuarse en Yucatán, Quintana Roo y Campeche, es decir que sean sostenibles en términos ecológicos y sociales, nuestra preocupación científica y política debe considerar las siguientes preguntas: 1) ¿estamos respondiendo a los problemas inmediatos que se nos presentan con soluciones tácticas bien intencionadas, pero carentes del requerimiento básico para vislumbrar las consecuencias perjudiciales, es decir tenemos las bases científicas que justifiquen la racionalidad de los procesos instrumentados? Y si ello fuera el caso, 2) ¿la ciencia disponible en la región es capaz de lidiar con los daños patrimoniales y los reclamos ciudadanos que ocasionan las iniciativas urbanas de los gobiernos y los proyectos turísticos a corto, mediano y largo plazo?   

Hasta la década de los 70, la vida económica y social en la Península era la típica de una región agraria, relativamente aislada y bastante apacible a pesar de los recursos naturales limitados, además de explotados de modo artesanal y con mentalidad apegada a los recursos terrestres - a pesar corresponder a una península rodeada por agua y con enormes potenciales marinos y costeros. Los únicos desarrollos a nivel industrial eran los relacionados con el cultivo del henequén, el corte de madera declinando en la Colonia Yucatán, y la extracción de petróleo en aumento en la Sonda de Campeche. El impacto de la explotación de hidrocarburos sobre los patrimonios natural y cultural asociados a este último recurso natural no renovable, modificó radicalmente el tipo de vida económica y social en Ciudad del Carmen. Y los desastres ocasionados hoy día por la extracción petrolera en el Golfo de México, han sido letales para los ecosistemas marinos y la biota de los mares y las costas.  Muy poco o casi nada tenemos contemplado en las leyes vigentes y en los programas de protección civil frente a ese tipo de desgracias.  

El primer reconocimiento oficial del enorme potencial marítimo de la Península inició  una nueva era de cambios económicos y sociales. Correspondió este  privilegio al desarrollo turístico costero de Cancún, cuyo impacto socioeconómico a nivel global  resultó ser una pequeña muestra de su potencial turístico costero. Este modelo turístico y urbano se transfirió en distintas escalas a todo el litoral costero de la región a pesar de que -sin bases científicas y sin leyes que sancionaran la pertinencia de los procesos impuestos a las comunidades mayas, al entorno selvático y al subsuelo kárstico-,  se llevó cabo según los cánones de las obras portuarias y los servicios Premiun de otras regiones de los Estados Unidos y de Europa. Muy poco pudo hacer entonces la ciencia peninsular frente a los problemas de sostenibilidad, que actualmente se han tornado críticos debido a la contaminación antropogénica en las costas y el acuífero, agregada a la pérdida persistente de playas y la destrucción de humedales y arrecifes debido a los fenómenos extremos y el ascenso del nivel del mar.   

La ciencia Peninsular   

Debido a que nuestro propósito es evaluar si nuestra ciencia marina y costera está capacitada para proveer las bases para el manejo sostenible del desarrollo urbano de su suelo cuando el mismo es usado para fines de turismo y recreación costera, nos corresponde entonces cumplir con la misión considerando que la Península de Yucatán ha sido  catalogada en términos socioeconómicos como toda costa; y que es la región más vulnerable del país a las amenazas ambientales, en particular a las incidencias del calentamiento global de la atmósfera y al ascenso acelerado del nivel del mar.  

Una idea de la magnitud y calidad de la ciencia que necesitamos para dar respuestas a los impactos del crecimiento urbano y el desarrollo turístico en Yucatán, Quintana Roo y Campeche, surge cuando reconocemos que nos hace falta distinguir los aspectos centrales del ecosistema ambiental de los mares y las costas. Este incluye al litoral marítimo: shore, playa y hinterland, ya que ahí es donde se realiza el desarrollo urbano,  y el impacto de los procesos costeros que actúan sobre el mismo. Los procesos incluyen también los estudios de las olas oceánicas, las corrientes, las mareas y la erosión costera; los análisis geográficos y los estudios comprensivos, particularmente en términos de procesos físicos en las playas a través de las influencias que contribuyen a la variación del sistema de playas. Para captar en forma adecuada nuestras debilidades frente a los daños patrimoniales ocasionados por las obras de infraestructura y los desarrollos turísticos, podemos empezar a destacar algunos tópicos científicos en los que tenemos que investigar de modo integral y sistemático:   

1 - Morfodinámica de la cara delantera y posterior del shore, zonas de rompiente y derrame de olas, morfodinámica de la cara anterior y posterior de la playa

2 -  Ecología de playas

3 -  Playas dominadas por forma y estructura, por las olas

4 – Estratificación de playa y duna

5 -  Morfodinámica de barrera

6 -  Riesgo y seguridad de playa (entre otros)  

Estamos muy lejos de cumplir con esos requerimientos temáticos. Nos costará mucha imaginación y se necesitará enorme respaldo de los poderes del Estado para contar con al menos un experto en cada tema. Creemos que lo mismo se aplica para los estudios de la componente socioeconómica de los problemas de sostenibilidad en los tres estados peninsulares. Aquí conviene destacar que esta conclusión no está basada en nuestras opiniones personales, sino que es resultado de los estudios comparativos de las estructuras académicas de universidades de países marítimos. Un concluyente ejemplo al respecto, lo tenemos gracias a la incorporación del doctor Paul Blanchon en el cuerpo académico de la Unidad Puerto Morelos de la UNAM. Porque su brillante estudio paleográfico sobre el ascenso acelerado del mar, de renombre mundial en la actualidad, es una pequeña muestra de lo que significa contar con expertos en el tema en nuestra región.   

La tarea por delante no es nada fácil, pues así pudiéramos identificar y reclutar expertos marinos y costeros que necesitamos, nos encontramos con la carencia de plazas calificadas y la insuficiencia fondos para  investigación, ya que la mayor parte del capital existente para la ciencia en la Secretaría de Educación y el Conacyt, debe ser asignado a otros campos de la ciencia y no se dispone de mayor cobertura financiera para los requerimientos específicos de los estudios avanzados en estos campos. Prevalece así la necesidad de contar con ellos desde una Ley de Costa Nacional y también desde leyes de Costa en los Estados Marítimos. Otras acciones tácticas son los avances que podamos hacer en estudios de la Comunidad Europea como las Playas en Riesgo y el trabajo en marcha de las redes marinas y costeras. Por sobre todas las iniciativas y leyes, prevalece la necesidad de un reconocimiento federal de los intereses marítimos nacionales y regionales o estatales en el caso de la Península de Yucatán.  

Hace tiempo que, en la Unidad Mérida del Cinvestav, estamos formando un grupo multidisciplinario, multisectorial de colegas y estudiantes de grado y postgrado, con personal de distintos sectores de la ciencia, para al menos ir concibiendo la importancia y magnitud del desafío que nos genera el impresionante desarrollo urbano turístico y recreacional. Ya contamos con valiosos colegas en el campo socioeconómico, pero nos falta mucho para remontar las impresionantes debilidades regionales de la ciencia marina y costera. Hemos propuesto a algunos de estos valiosos colegas a la Red de Medio Ambiente y Sustentabilidad del Conacyt para tratar de hacer algo al respecto.  En tal sentido, se nos presenta una dificultad que no debemos soslayar o intentar superarla con nuestra intuición, como es la ausencia del valor socioeconómico de nuestro suelo, mismo que padecemos por no incorporar el concepto de sostenibilidad en los estudios. Esto es lo que en la jerga  moderna se conoce como el valor de la organización territorial del suelo que incorpora este concepto básico.  

Para concluir, solo nos queda mencionar que pretendemos desarrollar estos conceptos con información más detallada y más trabajo de investigación, como por ejemplo el diseño de currícula para los distintos aspectos de la ciencia mencionados arriba. 

Tal vez este artículo sirva como preámbulo de los estudios que necesitamos en la región. 


* Investigadores del Cinvestav. Unidad Mérida


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