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El Instituto Mexicano del Petróleo

El pasado 11 de marzo tomé posesión como Director General del Instituto Mexicano del Petróleo, un gran honor que me ha sido conferido. En esa ocasión, ante el Consejo Directivo reiteré mi firme voluntad de servirlo, poniendo toda mi pasión y experiencia para conducirlo hacia el logro pleno de su tarea: ser el brazo tecnológico de Pemex. También señalé, frente a la Secretaria de Energía, el Director General de Petróleos Mexicanos y los miembros del Consejo, que la ocasión en que se renueva la Dirección General es la oportunidad propicia para revitalizar el compromiso institucional e iniciar un proceso de transformación. Me he propuesto recuperar el indiscutible liderazgo tecnológico y científico del Instituto, para renovarlo, firmemente anclado en su vocación original, con la mira puesta en los requerimientos estratégicos de la industria más importante de México.

Por: José Enrique Villa Rivera*

El pasado 11 de marzo tomé posesión como Director General del Instituto Mexicano del Petróleo, un gran honor que me ha sido conferido. En esa ocasión, ante el Consejo Directivo reiteré mi firme voluntad de servirlo, poniendo toda mi pasión y experiencia para conducirlo hacia el logro pleno de su tarea: ser el brazo tecnológico de Pemex.

También señalé, frente a la Secretaria de Energía, el Director General de Petróleos Mexicanos y los miembros del Consejo, que la ocasión en que se renueva la Dirección General es la oportunidad propicia para revitalizar el compromiso institucional e iniciar un proceso de transformación. Me he propuesto recuperar el indiscutible liderazgo tecnológico y científico del Instituto, para renovarlo, firmemente anclado en su vocación original, con la mira puesta en los requerimientos estratégicos de la industria más importante de México.

Han transcurrido poco más de 60 días desde esa sesión. En este tiempo he recorrido casi todos los rincones del Instituto, me he reunido con el grupo directivo, he convocado a diversas reuniones de trabajo, he visitado las Regiones Centro, Norte y Sur —tengo programada para la siguiente semana la visita a la Región Marina y regresaré a la Región Norte—; también acudí a las oficinas del órgano Interno de Control y del Sindicato Nacional de Trabajadores del Instituto Mexicano del Petróleo. He enfocado una parte de mis esfuerzos para conocer a profundidad esta gran institución. Continuaré, durante mi gestión, visitando, y trabajando muy de cerca, con todas y cada una de las áreas.

Mi vida profesional ha estado ligada al Instituto Mexicano del Petróleo. Lo conocí como becario, llegué aquí recién concluidos mis estudios de ingeniería química. Años después me integré, como representante del Instituto Politécnico Nacional, a su Consejo Directivo. Puedo afirmar, sin temor a equivocarme que, hasta el final de 2009 en que concluyó mi responsabilidad al frente del Politécnico, fui el decano de los Consejeros. Hay que reconocer, sin embargo, que la posición desde la que se observa una institución es decisiva para la adecuada comprensión de sus fortalezas y debilidades, potencialidades y oportunidades. Ahora, desde una nueva perspectiva, la visión es más completa y, sin duda alguna, más compleja.

Esta mañana me da mucho gusto reunirme con todos ustedes, una representación amplia de la comunidad; mucho más amplia si consideramos a todos los que ahora reciben la señal que estamos transmitiendo, saludo a las Direcciones Regionales Norte, Sur y Marina, a quienes reciben la señal en sus equipos personales. Me acompañan en el presídium directores de especialidad, de la Región Centro y corporativos, los Titulares de la Unidad de Asuntos Jurídicos y del órgano Interno de Control, así como el Secretario General del Sindicato, mi afectuoso saludo para ustedes. Doy la bienvenida a coordinadores, jefes de proyecto y líderes, investigadores y expertos, gerentes, trabajadores y estudiantes. Muchas gracias por haber respondido a esta invitación.

Los he convocado para compartir ideas y reflexiones en torno al Instituto, así como para delinear, de manera breve, las estrategias y acciones que impulsaré. Al mismo tiempo, quiero pensar que seremos capaces de iniciar una etapa de mayores avances y consolidación, no solamente porque hay una nueva dirección general, sino por lo que habremos de lograr, todos juntos.

Me conduciré con estricto apego al marco jurídico que nos rige, con absoluta transparencia y austeridad en el manejo de los recursos institucionales. Aspiro a establecer mecanismos más ágiles de comunicación con y entre la comunidad para asegurar la construcción de objetivos y propósitos comunes. Dando certidumbre a los procesos, se agilizará y flexibilizará la gestión institucional. Promoveré la participación activa y responsable en el diseño y puesta en marcha de las estrategias y acciones que conduzcan al mejoramiento de nuestras actividades sustantivas. A las tareas por realizar me referiré en unos momentos más, antes quisiera hacer un breve recorrido por nuestro devenir y comentar los desafíos que percibo en el entorno. 

Cuarenta y cinco años son apenas el inicio en la trayectoria de una institución. Este año en el que celebraremos ese aniversario es el momento propicio para valorar lo realizado y nuestra posición en el contexto. El Instituto Mexicano del Petróleo nació con un mandato muy claro: atender los requerimientos de la industria petrolera, petroquímica y química mediante el desarrollo de investigación, la prestación de servicios tecnológicos que agregaran valor al quehacer de la industria y la formación de los recursos humanos.

La primera época marcó  la fisonomía y el carácter del Instituto. Al paso del tiempo sus rasgos iniciales se afianzaron. Ahora, al igual que en aquel entonces, se puede decir que nos caracteriza el conocimiento sobre Pemex y su negocio, el espíritu de servicio, la capacidad de trabajar en equipo, la voluntad de crear tecnología y contribuir al avance de la ciencia. Este espíritu está, sin duda, marcado por el pensamiento de un gran político mexicano. Hombre al que le gustaba calificarse como un intelectual político o como un político con ideas. Con las palabras de Enrique González Pedrero quiero recordar al hombre que, desde la dirección general de Petróleos Mexicanos, concibió al IMP: “Jesús Reyes Heroles murió en el servicio público 1, como mueren los hombres convencidos de su causa y de su oficio: sin alardes. Supo e hizo todo lo que pudo, que no fue poco. Tuvo vocación y fue un profesional de la política” 2.

La deuda del Instituto Mexicano del Petróleo con Reyes Heroles es enorme. Convencido de que el crecimiento de Pemex exigía que destinara a la investigación, a la ciencia aplicada y a la formación de recursos humanos “un adecuado porcentaje de recursos financieros” 3, de manera que, con el tiempo, México tuviera tecnología propia como una base sólida de la verdadera independencia, don Jesús pone su grano de arena al concebir y llevar a la realidad ese proyecto. Derivó los recursos necesarios para construir, equipar y contratar al personal, y mucho más importante que el dinero, tuvo la firme voluntad de avanzar en la consecución de esa idea. A la vuelta de 45 años, es claro que, como dijo su antiguo alumno González Pedrero, no fue poco lo que hizo.

La generación del 38, pléyade de brillantes ingenieros, dio forma a la iniciativa de Reyes Heroles y, de esta manera, también influyeron en el carácter institucional que nos va marcando a todos los que aquí nos desempeñamos. Que ha pasado el tiempo, ni duda cabe, es una verdad de Perogrullo. En ese devenir la claridad del origen ha sido la brújula que ha conducido nuestra navegación, en ocasiones por aguas turbias, en otras sobre aguas tranquilas. Independientemente de la facilidad del recorrido, se cumplieron las palabras de Reyes Heroles: “el Instituto tendrá que crecer, desarrollarse y ampliar sus campos de actividad para cumplir con la elevada misión que tiene encomendada” 4.

Los más de 10 mil metros cuadrados de construcción y 300 empleados con los que contaba el IMP al momento de su inauguración el 17 de marzo de 1966, apenas un año después se convirtieron en 18 mil metros cuadrados donde laboraban poco más de 900 personas. Los casi 46 mil metros cuadrados de terreno propiedad del IMP en 1966 ahora son parte de las 77.5 hectáreas que nuestra institución posee para el desarrollo de sus funciones, y los 139 mil metros cuadrados de laboratorios, plantas piloto, cubículos, oficinas, auditorios y otros espacios, ahora albergan a casi 5 mil personas, 851 de ellas con estudios de posgrado, que diariamente laboran en el Instituto. Sin duda crecimos como lo previó en su momento uno de nuestros fundadores.

Muy pronto nuestra casa se transformó en muchas. Desde 1969 se establecieron representaciones en Guanajuato, Tamaulipas y Veracruz. Hoy contamos con instalaciones en 27 localidades ubicadas en 11 entidades federativas, lo que nos permite estar muy cerca de Petróleos Mexicanos.

Es fácil recrear esos primeros tiempos, plenos del entusiasmo por compartir un ideal, de la emoción de iniciar un recorrido, de tener un proyecto y una brújula, de intervenir en discusiones con personajes de la vida nacional como Javier Barros Sierra, Bruno Mascanzoni, Héctor Lara Sosa, Antonio Dovalí Jaime o Fernando Manzanilla Sevilla. Con ellos a la cabeza, en un breve lapso el IMP conformó un importante grupo de científicos y expertos en materia petrolera y petroquímica.

Es también fácil recrear la emoción por las primeras aportaciones del IMP a Pemex, la intensidad de los trabajos de capacitación al personal, los primeros resultados de estudios geológicos, la ingeniería de la planta de etileno en Pajaritos, las primeras patentes obtenidas y la aplicación industrial de productos químicos.

De aquel origen el IMP conserva muchas de sus características. Destaca la diversidad de formaciones disciplinarias y profesionales, así como de instituciones en las que se ha formado su personal. Esta diversidad explica el abordaje multidisciplinario en, prácticamente todas las tareas de servicio, investigación y desarrollo del Instituto, y proporciona riqueza de visiones y perspectivas con las que abordamos los problemas que nos plantea una industria altamente demandante de tecnología y conocimiento. No hay un área del negocio de Pemex a la que no haya llegado la creatividad, destreza e ingenio de un miembro del IMP. Con los años nuestras contribuciones se fueron afianzando y ampliando, para impactar en el corazón del negocio de nuestro cliente principal, casi único, especialmente en las de mayor valor estratégico.

Aquellos primeros esfuerzos en geología hoy forman parte de un complejo conjunto de servicios tecnológicos en exploración y producción que mejoran significativamente los resultados de la industria. Tenemos el orgullo de que catalizadores y productos químicos se utilicen intensivamente, y en ingeniería de proceso haber diseñado más de 200 plantas, el 90% de las que están o han estado en operación, así como de contar con uno de los grupos más potentes en ingeniería de proyecto en México. Los proyectos en materia de seguridad y medio ambiente se enriquecen con laboratorios únicos en América Latina.

Nuestra labor pionera en capacitación se ha convertido en una actividad altamente profesionalizada que aplica las más modernas teorías para transformar el quehacer de los empleados de Petróleos Mexicanos. Incursionamos en los temas de frontera que el futuro desarrollo requerirá. El Instituto fue creciendo y consolidándose a la par de Petróleos Mexicanos, pero también los tiempos difíciles han sido compartidos. 

Ese devenir nos debe llenar de orgullo. Independientemente de las debilidades o problemas de los que habremos de ocuparnos para superarlos, el IMP tiene un lugar destacado en el escenario de la ciencia y la tecnología nacionales. Unos cuantos datos comparativos permitirán dimensionar esta afirmación.

De los institutos de investigación sectorizados en la Secretaría de Energía, nuestra casa es la de mayor tamaño. La dimensión no significa únicamente contar con un mayor número de personas, sino que se refleja en la capacidad de llevar soluciones de alto contenido tecnológico a la industria, contar con más investigadores reconocidos en el Sistema Nacional de Investigadores y en la generación de nuevas propuestas para atender los grandes desafíos de Pemex.

En el conjunto de las instituciones públicas dedicadas a la investigación, el IMP ocupa el quinto lugar en número de investigadores nacionales, y el primer lugar en generación de recursos propios, indicador, este último, que muestra la fortaleza institucional en los servicios de alto contenido tecnológico que brindamos a la industria para mejorar su desempeño.

Si consideramos la totalidad de las instituciones y empresas, públicas y privadas, que a nivel nacional cuentan con miembros en el Sistema Nacional de Investigadores, el IMP ocupa el lugar número 20. Los primeros lugares corresponden a la Universidad Nacional Autónoma de México, al Instituto Politécnico Nacional, a la Universidad Autónoma Metropolitana, a la Universidad de Guadalajara, a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y a la Universidad Autónoma de Nuevo León, de las que distamos mucho en tamaño y vocación. A pesar de estas diferencias, y al igual que en la comparación con las instituciones públicas dedicadas a la investigación, el Instituto también ocupa la primera posición en la generación de recursos, que en 2009 ascendieron a 4,120 millones de pesos, en ingresos provenientes de los 688 proyectos facturables, regalías recibidas y proyectos de investigación ejecutados el año anterior.

Un importante indicador del posicionamiento del Instituto Mexicano del Petróleo en el contexto científico y tecnológico nacional es el número de patentes concedidas. Como bien lo sabe nuestra comunidad, desde hace 15 años hemos tenido el honor de mantener el liderazgo indiscutible como generadores de patentes de base tecnológica en México, contamos con el 58.8% de las patentes concedidas a instituciones del sector educativo y científico, y en el ámbito de los Institutos del sector energético concentramos el 93%. En la actualidad, comercializamos 31 de dichas patentes, sin duda un triunfo ante las condiciones que se enfrentan.

Estos logros, junto con los numerosos premios y reconocimientos que ha obtenido tanto el Instituto como su personal, hablan de una institución vigorosa, consolidada, pero que requiere hacer valer todas sus fortalezas para tener un mayor reconocimiento social y del sector.

Desde hace por lo menos 20 años, la Secretaría de Educación Pública, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior han venido realizando estudios e implementando políticas y programas para incentivar la vinculación entre la educación superior y la empresa.

Uno de los problemas para llevar el conocimiento y sus aplicaciones al mercado es la escasez de una oferta de conocimientos sólida, nacida de las capacidades científicas y tecnológicas, cuyos niveles de calidad y cantidad sean suficientes para permitir la comunicación fluida con los posibles demandantes, así como la disponibilidad de unidades de interfase que faciliten la relación entre las instituciones científicas o educativas con los establecimientos del sector productivo.

Desafortunadamente, esas capacidades son escasas. Un ejemplo de ello es la formación en el área de ingeniería y tecnología en México, cuyas matrículas se han mantenido, en el mejor de los casos, estancadas en términos relativos. El crecimiento en licenciatura es prácticamente estacionario, y en el posgrado va en declive. En diez años (1996-2006) el área redujo su participación relativa en licenciatura, de 34.9 a 33.2 por ciento. En posgrado, para los últimos tres años que registra la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (de 2004 a 2006), las matrículas son de 20 200, 18 400 y 18 678, para proporciones de 13.5, 11.9 y 11.5 por ciento del total nacional, respectivamente. Si solamente revisáramos algunos de los programas relacionados más directamente con la industria petrolera, por ejemplo las matrículas en geología, geofísica, química o ingeniería petrolera, el panorama no podría ser más delicado. En un mundo que basa la riqueza de las naciones y la competitividad de sus productos en la capacidad de introducir conocimiento e innovaciones en el mercado, esta situación no favorece al país, ni a su industria petrolera.

Como se puede desprender con facilidad de los datos que he comentado, este no es el caso del Instituto Mexicano del Petróleo; es por eso que tiene un perfil muy distinto al de muchos de los centros de investigación y las instituciones educativas del nivel superior de corte tradicional. En este rubro se aloja, indudablemente, una de las mayores fortalezas institucionales. 

1. Al momento de su deceso, el 19 de marzo de 1985, era Secretario de Educación Pública.

2. González Pedrero, Enrique. “Jesús Reyes Heroles: El político humanista”, Revista de la Universidad de México, Nueva época, número 59, enero de 2009.

3. Instituto Mexicano del Petróleo, Aportaciones del Instituto Mexicano del Petróleo a la industria petrolera nacional 1965-2008, México, 2008, IMP.

4. Ídem. 

Nota del editor. El presente texto cuyo título original es: El Instituto Mexicano del Petróleo: la oportunidad de aprovechar el conocimiento y la tecnología en beneficio de la nación, fue leído por el doctor José Enrique Villa Rivera ante la comunidad del Instituto Mexicano del Petróleo, en reunión celebrada en el Auditorio Bruno Mascanzoni el pasado 21 de mayo de 2010. Tomado de la página de internet del IMP. 
 

*Director del Instituto Mexicano del Petróleo.

 


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