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La estrategia contra la obesidad

La estrategia contra la obesidad del gobierno federal puede estar destinada al fracaso, sino hay una clara voluntad política y responsabilidad social. Estrategias, campañas y reconocimientos similares a los que ha realizado el Gobierno del Lic. Calderón, lo hicieron los gobiernos de Fox, de Zedillo y en la primera parte del gobierno de Calderón. Nada nuevo. En el Foro de Salud organizado por la LVII legislatura, en 1997, varios académicos demostramos evidencias del riesgo para la salud ocasionado por las sodas y las frituras. Pedimos la prohibición en las escuelas y en los anuncios televisivos de la comida chatarra. Las empresas de alimentos se opusieron y derrotaron a los políticos y a los académicos. Trece años después estas empresas han ganado más de 260 mil millones de pesos.

Por: Arturo Jiménez Cruz* 

La estrategia contra la obesidad del gobierno federal  puede estar destinada al fracaso, sino hay una clara voluntad política y responsabilidad social. Estrategias, campañas y reconocimientos similares a los que ha realizado el Gobierno del Lic. Calderón, lo hicieron los gobiernos de Fox, de Zedillo y en la primera parte del gobierno de Calderón. Nada nuevo. 

En el Foro de Salud organizado por la LVII legislatura, en 1997, varios académicos demostramos evidencias del riesgo para la salud ocasionado por las sodas y las frituras. Pedimos la prohibición en las escuelas y en los anuncios televisivos de la comida chatarra. Las empresas de alimentos se opusieron y derrotaron a los políticos y a los académicos. Trece años después estas empresas han ganado más de 260 mil millones de pesos.  

Hace un poco más de seis años, en Baja California, el PRI presentó una iniciativa para prohibir la comida chatarra en las escuelas. Se conoció como La Ley Chamoy. Representantes de las empresas de alimentos llegaron de la ciudad de México, presionaron al entonces gobernador Elorduy, y la ley Chamoy, como estaba contemplada se rechazó.  

Cualquier retraso en la regulación o aplicación del reglamento que prohiba los anuncios en la televisión significan más de 20 mil millones al año. El gobierno reconoce que, con los impuestos los mexicanos, se gastan más de 40 mil millones al año en problemas vinculados con la obesidad. Recursos que no son suficientes para prevenir y tratar las consecuencias de la obesidad con la suficiente calidad. 

Inmediatamente después que el Gobierno Federal, lanzó la estrategia en contra de la obesidad, el PAN, de acuerdo a la nota publicada por Enrique Méndez, en la Jornada (27 de enero de 2010), se opone a regular sobre la comida chatarra en las escuelas y en los anuncios de televisión. Demanda que el gobierno que encabeza realice un estudio sobre efectos de frituras y refrescos (¿porque no lo ha hecho en 10 años de gobierno?). Cada día de retraso, significan 50 millones para las empresas de alimentos  y probablemente algo de esos irán a parar a las campañas políticas. El argumento del PAN, si es cierto, es irresponsable.  

Señala Enrique Méndez que: “ante la presión de Televisa, Sabritas, Bimbo y Marinela, el congreso no ha dictaminado 60 iniciativas que se han presentado para frenar la venta de comida chatarra y la publicidad insertada en los programas destinados al público infantil”. También menciona que uno de los argumentos del PAN es que los responsables de la obesidad no son las televisoras ni las compañías, sino “las madres, por los alimentos que proporcionan a sus hijos diariamente”. 

La posición de la empresas de alimentos la ha declarado en una nota en el Universal, el Sr. Jaime Zabludovsky Kuper, Presidente Ejecutivo de Con México y de la Alianza por una Vida Saludable, Asociación, que representa a las principales y más grandes empresas y coorporativos de alimentos. Un día después del anuncio presidencial (26 de enero de 2010) en el periódico Universal señaló (con el mismo argumento que los legisladores panistas): ¨sólo en la medida en que la sociedad adopte estilos de vida saludables¨ y ¨Es responsabilidad de las personas adoptar un estilo de vida saludable¨. En contra de las evidencias que indican, basadas en la teoría del aprendizaje social, que la adopciòn de una vida saludable es corresponsabilidad de diversos entornos. Donde son corresponsables la escuela, la televisión, las empresas alimentarias, los legisladores y los gobiernos. 

Además, el Sr. Zabludovsky, acota que a medida en que asumen su corresponsabilidad solamente  en cuatro líneas. Las cuatro son de continuidad y lo específica de la siguiente manera: 1) Continuará con el proceso de innovación y desarrollo de nuevos productos, y explorará las posibilidades de reformulación de líneas de producto existentes,  2) promoverá a los consumidores de mayor y más clara información sobre la composición nutrimental de los productos, 3) Adoptará, como ya lo ha venido haciendo, medidas voluntarias en la publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas, especialmente la dirigida a niños, y 4) Seguirá promoviendo la actividad física, el deporte y estilos de vida saludables entre la población, incluido el lugar de trabajo. Todas ellas, que han demostrado su ineficacia. Las tendencias y mangnitud de la obesidad reconocidas por el licenciado Calderón y el Secretario de Salud, lo comprueban.

Existen evidencias que rechazan los argumentos del PAN y de los empresarios de la alimentación. Hemos demostrado el alto consumo de refrescos y frituras en las escuelas (Arch Med Res, 2002), la alta prevalencia y rápido incremento de la obesidad infantil (Int J Obesity, 2002; Obesity, 2003, Int J Obesity, 2003; Rev Enf, 2004; Nutrición Hospitalaria, 2007; Journal of Pediatrics, 2007; Bol Med Hosp Inf de Mex, 2007; Nutr Hosp, 2009; Ecology of Food and Nutrition, 2009) , la riesgos ambientales de la obesidad y diabetes (Diabetes Care, 2004). TambIén hemos documentado la asociación entre el alto consumo de frituras y la obesidad en escolares (Ann Nutr Metab, 2007; Nutrición Hospitalaria, 2010) y el alto nivel de exposición a anuncios de alimentos en televisión, a los que estan expuestos los niños mexicanos (Journal of Public Health, 2009). Otros académicos mexicanos han hecho lo propio.

En el Reino Unido, en 2003 (Hastings y cols), la Food Standard Agency, concluyó que la promoción de alimentos tiene efecto sobre la preferencia y conductas sobre la compra y  consumo de los alimentos, particularmente en niños. El Instituto de Medicina (equivalente a la Academia de Medicina) de los Estados Unidos, reportó en 2005 que entre muchos factores, los anuncios de bebidas y alimentos influyen sobre las preferencias y demandas para comprar alimentos por parte de los niños, y por lo tanto estos son un probable contribuyente de dietas menos saludables y riesgos para los niños y la juventud. La OMS (2003) señala que los anuncios de bebidas y comida no deben explotar la inexperiencia y credulidad de los niños. La Asociación Médica Británica ha recomendado la prohibición total de los anuncios de alimentos dirigidos a los niños (Nov 2004).

El Instituto de Medicina de los Estados Unidos señaló que si las empresas de alimentos no retiran voluntariamente los anuncios de alimentos, estos deberían legislarse. En Suecia, el país con uno de los sistemas sanitarios más eficientes y de calidad en el mundo, (con menos de la mitad de obesidad infantil y del adulto que en México) los anuncios de alimentos están prohibidos por ley.

Las evidencias que buscan el PAN y las empresas productoras de alimentos no son faciles de realizar, son costosas, y no son necesarias. En los países con más prestigio por la eficacia de sus actividades preventivas, las políticas se toman en ausencia de las evidencias ¨perfectas¨. Las políticas de prevención debe utilizar el principio de prudencia y responsabilidad social. La restricción de los anuncios de alimentos para prevenir riesgos de salud en los niños y adultos debe ser un imperativo ético. Hay evidencias de estudios transversales que asocian la exposición a los anuncios en la televisión, con mayor consumo de alimentos no saludables, de energía, y mayor índice de masa corporal.

Las evidencias existentes, la alarmante prevalencia de obesidad, el incremento del costo económico, en vidas y en calidad de vida como consecuencia de la obesidad son suficientes para prohibir los anuncios en televisión, en lugares públicos y la comida chatarra en las escuelas.

Buscar un consenso para un problema de salud pública tan relevante, como lo han señalado las autoridades, con las empresas productoras de alimentos, ha sido un despropósito.  Querer implicar y consensuar en las estrategias de salud pública a los corresponsables que tienen conflicto de interés es perverso. Es similar a esperar un consenso con los lenones y los narcotraficantes para prevenir el SIDA y la inseguridad. Las implicaciones son demasiado grandes para el país. El verdadero compromiso, tiene que pasar por el gobierno y el legislativo mediante regulaciones apropiadas y una eficaz aplicación de las mismas. 

 

 

*Profesor de la Universidad Autónoma de Baja California


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