Analizan impacto del Colisionador de Hadrones
El fin del mundo no provendrá del Gran Colisionador de Hadrones, pues si se crearon agujeros negros microscópicos, como algunos han señalado, decaerían tan rápidamente por la emisión de la llamada radiación de Hawking, que tendrían un tiempo de vida de 10-27 segundos.
La especulación del fin del mundo provocado por el Colisionador, proviene de teorías no aceptadas en la física. En la imagen Guy Paic. Foto: UNAM.
UNAM El fin del mundo no provendrá del Gran Colisionador de Hadrones, pues si se crearon agujeros negros microscópicos, como algunos han señalado, decaerían tan rápidamente por la emisión de la llamada radiación de Hawking, que tendrían un tiempo de vida de 10-27 segundos (inferior a una cuatrillonésima parte de segundo). “Entonces, no habría manera de verlos”, afirmó Guy Paic, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM.
El proyecto científico internacional, denominado experimento del siglo, a cargo de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), en el que participan integrantes del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y del Instituto de Física de la Universidad, pretende recrear los primeros microsegundos de vida del universo, luego de la gran explosión, o Big-Bang.
Asimismo, busca encontrar el mecanismo de Higgs, que explicaría por qué las partículas tienen masa y son diferentes en cada caso.
Al respecto, Miguel Alcubierre Moya, secretario académico del ICN, sostuvo que los agujeros negros son regiones donde se ha concentrado tanta materia y energía, que el campo gravitacional se vuelve intenso, “tanto que ni siquiera la luz puede escapar”.
Se forman de tal manera, que se pueda concentrar una cantidad considerable de masa en un espacio relativamente pequeño. “Para darse una idea, formar un hoyo negro con la Tierra, implicaría concentrar la masa del planeta entero, en el tamaño de una canica”, explicó.
En la naturaleza, aclaró el experto, estos procesos ocurren cuando mueren estrellas masivas, 10 ó 15 veces más grandes que el Sol. “Pero también existen agujeros supermasivos, monstruosos, en el centro de las galaxias, incluso en la Vía Láctea, que tienen millones, incluso miles de millones de veces la masa del astro rey. Hasta ahora no se puede obtener esa reacción en un laboratorio”, sostuvo Alcubierre.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) puede acelerar una partícula elemental a una energía enorme, similar a la que se emplea para aventar una pelota a un niño –pareciera que no es mucha, pero sí lo es para una sola partícula–. “Pero las cuentas no salen, y con las teorías que conocemos de la naturaleza, las que son válidas, sería imposible generar un agujero negro en un laboratorio”.
La especulación del fin del mundo, presuntamente provocado por el Colisionador, proviene de teorías especulativas de la física, aún no aceptadas, que predicen “cosas curiosas”, como la hipótesis de cuerdas, que establece la existencia de 10 dimensiones en el espacio, incluido el tiempo, abundó.
Las seis dimensiones que no vemos estarían enrolladas en distancias pequeñas. “Sería como ver un popote largo, con dos dimensiones; pero si se observa desde lejos, sólo se percibe una línea”, dijo.
A esa escala la gravedad se comporta de diferente manera, se vuelve más fuerte, y es más fácil hacer agujeros negros, explicó.
Pero aún hay especulación sobre la especulación. Existen versiones de la teoría de cuerdas que establecen que las dimensiones extra son pequeñas, pero no tanto, quizá de milésimas de milímetro de tamaño. Si esto fuera verdad, entonces en el LHC sí podría comprimir energía y generar miniagujeros negros.
“En caso de ser cierto, tampoco desparecería el planeta, pues los hoyos serían tan pequeños, que no causarían daño. Quienes crean otra cosa, no entienden la ciencia”, aseguró.
En el seminario Tecnología de frontera para ciencia de frontera. El LHC, entre los logros y las expectativas, Guy Paic anunció que el Colisionador reiniciará actividades en mayo de 2009, luego de que se detuvo su funcionamiento por una fuga de helio líquido en un sector del túnel.
A pesar del inconveniente, se viven momentos especiales, como raras veces en la historia de la ciencia; por ello, “los mexicanos deben estar orgullosos de ser protagonistas y no espectadores”, consideró.
En el auditorio Marcos Moshinsky, del ICN, explicó que el LHC se aludió por primera vez en 1984, cuando se pensó en tener dos aceleradores: el Large Electron Positron Collider, y el LHC. Con el tiempo, sólo quedó el segundo, con cuatro grandes experimentos: A Large Ion Collider Experiment (ALICE); A large Toroidal LHC Apparatus (ATLAS); Compact Muon Solenoid (CMS), y Large Hadron Collider beauty (LHCb).
Todos ellos son grandes y pesados. El imán de ALICE pesa ocho mil toneladas, más que la torre Eiffel, que alcanza siete mil 300. En tanto, ATLAS tiene 45 metros de largo, por 25 de alto, y pesa siete mil toneladas; en su interior, contiene 150 millones de sensores, que brindan datos a razón de 40 millones de veces por segundo.
Mientras, el CMS pesa 12 mil 500 toneladas, mide 21 metros de largo y tiene un radio de siete metros; aquí se detectarán hadrones que se detienen en un cierto calorímetro, donde se registra una traza; pero también electrones que se detendrán antes, y muones, importantes para el descubrimiento del Higgs, que saldrán más allá de los siete metros.
Los universitarios participan en ALICE, optimizado para los estudios de colisiones de iones de plomo-plomo (Pb-Pb), aunque también podría aportar información en otras áreas, que no sería posible obtener por colisiones protón-protón en otros experimentos.
Ahí se calienta un sistema de hadrones para liberar sus constituyentes, quarks y gluones; con ello, se obtiene un nuevo estadio de materia, que existió probablemente unos microsegundos después del Big Bang, añadió Paic.
La información producida de los experimentos será trascendente. Si se tomaran los datos de las colisiones en ATLAS, se tendrían 100 mil CD’s por segundo, equivalentes a 50 billones de llamadas telefónicas al mismo tiempo, apuntó.
En ese proceso también estará presente la UNAM, al participar en el desarrollo de computación mundial llamado GRID. “En el ICN está el único nodo de esta red para ALICE en América Latina, donde se cuenta con 44 procesadores y un almacenamiento de 15 terabytes”, concluyó.