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La actividad neuronal retrasa la aparición de Alzheimer

Los sucesos o eventos decisivos en la niñez o juventud de un ser humano definen, en cierta medida, su percepción del mundo, personalidad y, en definitiva, lo que es hoy en día; la importancia de la memoria reside en el acceso a esos recuerdos, que mantienen activa la función cerebral.

La actividad neuronal retrasa la aparición de Alzheimer

Se ha demostrado que entre más activa es la mente, más se retrasa la aparición de enfermedades del sistema nervioso. En la imagen Federico Bermúdez Rattoni. Foto: IFC.

UNAM. Los sucesos o eventos decisivos en la niñez o juventud de un ser humano definen, en cierta medida, su percepción del mundo, personalidad y, en definitiva, lo que es hoy en día; la importancia de la memoria reside en el acceso a esos recuerdos, que mantienen activa la función cerebral.

Durante años se creyó que al llegar a la edad adulta, las neuronas (células nerviosas) ya no tenían la capacidad de modificarse y morían, sin posibilidad de retrasar el proceso, pero recientemente se demostró que entre más activa es la mente, más se retrasa la aparición de enfermedades como el Alzheimer.

“Los seres humanos están expuestos todo el tiempo a experiencias y, con ello, las neuronas se activan y producen cambios plásticos en el cerebro”, aseguró Federico Bermúdez Rattoni, investigador del Departamento de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM.

Nuevas conexiones neuronales en la edad adulta

A finales del siglo XIX, el español Santiago Ramón y Cajal sostuvo que la información es almacenada en el cerebro mediante cambios anatómicos entre las conexiones o uniones (sinapsis) de las neuronas; más tarde, se propuso el término plasticidad sináptica, para describir las variaciones en las propiedades funcionales de una sinapsis, como resultado de su actividad.

Basados en esa teoría, Bermúdez-Rattoni y un equipo de investigadores sometieron a ratas adultas a sesiones de aprendizaje espacial en un Laberinto Acuático de Morris (LAM). Después de analizar el cerebro de los roedores con un microscopio electrónico, los científicos confirmaron que sí se puede inducir la formación de nuevas sinapsis (sinaptogénesis) en las fibras musgosas del hipocampo, región que forma parte del lóbulo temporal medial.

Comúnmente, esas fibras musgosas establecen enlaces en la región del cerebro denominada stratum lucidum, pero muy pocas en la región externa, conocida como stratum oriens.

A lo largo de cinco días, las ratas recibieron 10 sesiones diarias de entrenamiento; semanas después recordaban mejor su tarea (memorizar la posición de las referencias externas al LAM, para orientarse y encontrar una plataforma que les permitiera escapar del agua fría), no sucedió así con las que fueron entrenadas sólo 48 horas.

Los resultados sugieren que las nuevas conexiones sinápticas podrían estar relacionadas con la formación de la memoria de largo plazo y la representación espacial.

“Esos cambios en la morfología de las neuronas se generan con rapidez; antes se pensaba que ocurrían en semanas”. No obstante, aún no se sabe si esas variaciones se mantienen por periodos largos, puntualizó Bermúdez Rattoni.

A lo largo del desarrollo humano se forman contactos sinápticos en regiones de la corteza cerebral; sin embargo, conforme envejece el dinamismo disminuye, pues los procesos celulares en general se hacen más lentos, aunque se siguen creando nuevas neuronas o redes de conectividad.

Memorias de corto y de largo plazo

La memoria se ha clasificado en dos tipos: de corto y largo plazo. La primera permanece unos cuantos segundos, minutos u horas; la segunda días, meses, años y hasta la vida entera.

La información adquirida recientemente es frágil y susceptible de ser olvidada, pero puede convertirse en memoria de largo plazo mediante la consolidación, proceso que fija los recuerdos recientes por la producción de nuevas proteínas a nivel celular, que permiten modificaciones funcionales o estructurales en las neuronas.

La lectura y el ejercicio, en pro de la memoria

Asimismo, se demostró que los ambientes enriquecidos modifican el cerebro. Animales a los que se ubicó en sitios con carruseles, tubos y plataformas, y donde podían entrar, salir, dar vueltas, subir, bajar, incrementaron su número de espinas dendríticas (terminales neuronales), pues el aprendizaje de cosas nuevas aumenta la cantidad de dendritas.

En los seres humanos, la lectura es uno de los actos que más contribuyen a ese proceso. “Todo lo que sea información es benéfico; los textos impresos desatan la imaginación pues enfrentan al lector con el autor, con ideas, conceptos, personajes y lugares”, señaló el investigador del IFC.

El trabajo intelectual es funcional, pero también lo es el ejercicio físico. Una sustancia conocida como factor de crecimiento neuronal (Brain Derived Nerve Growth Factor o BDNF), que normalmente cubre todo el cerebro, se incrementa con la actividad y ayuda a mejorar las conexiones. “Si hacemos ejercicio mental y físico constante, tendremos un cerebro en mejor estado”, concluyó.


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