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La conservación del lobo mexicano en su etapa clave

Se vive una etapa clave en el futuro del lobo mexicano, pues se ponderan los esfuerzos de casi 30 años del programa de conservación de la especie que involucra criterios políticos, económicos, sociales y de biología para lograr las primeras liberaciones en el país en nichos ecológico.

La conservación del lobo mexicano en su etapa clave

Se capturaron ejemplares silvestres para iniciar la reproducción en cautiverio, donde también se determinó rescatar la variabilidad genética. Foto: Google.

UNAM. Se vive una etapa clave en el futuro del lobo mexicano, pues se ponderan los esfuerzos de casi 30 años del programa de conservación de la especie que involucra criterios políticos, económicos, sociales y de biología para lograr las primeras liberaciones en el país en nichos ecológicos.

Así lo dijo en la conferencia Ahí viene el lobo mexicano, organizada por la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM, Jorge Servín, del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UAM, plantel Xochimilco.

“Aparece una nueva etapa, la de gestión y toma de decisiones de política ambiental, que involucra a las autoridades federales, estatales, organizaciones no gubernamentales (ONG´s), investigadores y pobladores locales”, sostuvo.

De alcanzar la meta, sería el primer programa exitoso en Latinoamérica, de reintroducción de un depredador de esta naturaleza, explicó en el anfiteatro Alfredo Barrera, del Conjunto Amoxcalli de la Facultad.

Históricamente, el lobo ha visto reducida su área de distribución, por la fragmentación del hábitat, deforestación, erradicación o envenenamiento; pero, el motivo fundamental de la disminución, no sólo del lobo mexicano, sino de muchas otras especies, fue la falta de legislación ambiental, aseguró.

“Hacia los años 40 y 50, las políticas se dedicaron a apoyar la vida industrial, de servicios, de recursos agrícolas y ganaderos del país; pero no se percataron de la importancia de los recursos ecológicos, su conservación y manejo, para un aprovechamiento a largo plazo”, añadió.

No obstante, en la actualidad se ha dado un giro para que ese cánido comience a retomar su valor. El principal objetivo, desde que se diseñó e inició el programa de protección, fue establecer poblaciones silvestres sanas en los bosques templados del norte de México, o en los entornos originales.

El especialista recomendó reintroducirlos en regiones que incluyan un nicho ecológico, con superficies extensas, que estén interconectadas; donde los conflictos con las actividades humanas se minimicen y los pobladores locales los toleren, así como contar con recursos para indemnizar pérdidas de ganado.

Asimismo, son necesarios los programas de educación ambiental in situ, que lleven a la valoración de la vida silvestre.

El egresado de la FC, recordó que la campaña de exterminio del lobo mexicano duró todo el siglo XX, y para 1966 se dio a conocer que el sureste de EU estaba libre de la especie; fue entonces que los ejemplares sobrevivientes se refugiaron al norte del territorio nacional.

Años después, se planteó la necesidad de establecer un programa binacional para recobrarlos; en la década de los 80, se comenzó a construir la legislación ambiental que normó su recuperación, junto con la de los ecosistemas.

Se capturaron ejemplares silvestres para iniciar la reproducción en cautiverio, donde también se determinó rescatar la variabilidad genética. “Se trabaja para que la consanguinidad sea menor cada vez que se reproducen”, abundó Jorge Servín.

Hoy, se cuenta con una proporción sexual de uno a uno, y con unos 350 animales en cautiverio. “No fue fácil, pues para pasar el umbral de los 75 ejemplares–que en promedio viven 15 años– pasaron casi 20 años”.

En la Unión Americana, se eligieron parques y bosques nacionales de Arizona y Nuevo México para su reintroducción, a partir de 1998. A la fecha, se han liberado 91 en 21 eventos. “La meta es tener 100 animales libres, para que la población se estabilice entre 50 y 60”, acotó.

Según los últimos informes, existen 52 lobos libres; de ellos, 20 tienen radiocollar; 29 cuentan con territorio y manada en Arizona, y 23 en Nuevo México y están distribuidos en 12 manadas.

En el país, se buscan zonas grandes, con coberturas forestales adecuadas, disponibilidad de presas y agua. Se han identificado seis donde existe el nicho ecológico fundamental, cuatro en la Sierra Madre Occidental –Chihuahua, Sonora, Durango y Zacatecas–, y dos más en la Sierra Madre Oriental –Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas–.

Aunque en algunas de esas regiones no existen áreas naturales protegidas, éstas se podrían crear en el futuro para adecuarlas a favor de esta especie, finalizó Jorge Servín.


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