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Peces ciegos en peligro

Los “peces ciegos”, que en México viven en oscuras cuevas de San Luis Potosí y Tamaulipas, están en peligro de extinción por la captura excesiva y el abandono de sus ecosistemas.

Peces ciegos en peligro

Estos animales son singulares, carecen de ojos, son totalmente blancos y fáciles de capturar cuando se logra entrar al lugar donde viven. Foto: UNAM

UNAM. Los “peces ciegos”, que en México viven en oscuras cuevas de San Luis Potosí y Tamaulipas, están en peligro de extinción por la captura excesiva y el abandono de sus ecosistemas, advirtió Víctor Hugo Reynoso Rosales, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.

“Estos animales son singulares, carecen de ojos, son totalmente blancos y fáciles de capturar cuando se logra entrar al lugar donde viven. Para muchas personas son atractivos y deciden llevárselos a sus casas, pero eso ha causado una seria disminución de sus poblaciones”, advirtió.

Al ofrecer la conferencia Peces ciegos, ante alumnos de secundaria en la teleaula de Universum, Museo de las Ciencias, en el marco del ciclo de charlas de divulgación que se realiza en el Mes del Medio Ambiente, señaló que esos vertebrados, pertenecientes al género Astyanax, requieren protección especial y respeto a su hábitat, constituido por cuevas subterráneas totalmente oscuras, con temperatura estable, poco oxígeno, escasa comida y sin enemigos.

“En cambio, la mayoría de peces de agua dulce que tienen ojos y viven en ríos y lagos, están adaptados al día y la noche, a temperaturas variables, mucho oxígeno, comida suficiente y bastantes enemigos con los que compiten para sobrevivir”, explicó.

Reynoso y sus colaboradores realizaron trabajo de campo en Cueva Chica y Cueva Pachón, ambas en San Luis Potosí, así como en cavernas del río Micos, en Tamaulipas, y encontraron una dramática declinación de las poblaciones nativas. “En Cueva Chica encontramos una población de 540 peces, mientras en 1971 había 8671”, dijo.

Singularidad evolutiva

Los “peces ciegos” representan un interesante caso evolutivo; las características del hábitat los condicionaron a adaptarse para vivir en la oscuridad, en entornos controlados y sin ojos.

“Al estudiar sus tejidos y genes, algunos investigadores descubrieron en 1988 que cuando son embriones sí tienen ojos, pero no crecen. Incluso, tienen una vesícula para desarrollar el cristalino”. La falta de esos órganos se relaciona con una pérdida de tejido, y no con el cese de la actividad de genes asociados al desarrollo del animal, abundó Reynoso.

Otras indagaciones demostraron que al cruzarse “peces ciegos” de dos especies distintas, sus descendientes nacen con ojos y cierta capacidad para ver. “Estos resultados son interesantes para la biología evolutiva”, resaltó.

Para equilibrar su carencia visual adquieren ciertas características, como una enorme sensibilidad que les permite sentir la superficie del agua con intensidad; almacenan más grasa para soportar la falta de alimento, y tienen un mayor desarrollo bucal, que incluye más papilas gustativas para identificar el alimento.

“En general, se trata de peces totalmente blancos, carentes de pigmentación, de formas singulares, metabolismo bajo y longevos, pues viven hasta 10 años en condiciones naturales”, añadió Reynoso.

Cuevas sin protección

A pesar de las condiciones especiales que las cuevas brindan a los peces sin ojos, se trata de sitios sin protección ecológica ni legal, aseguró el biólogo.

Su principal hábitat se ubica en las inmediaciones de Ciudad Valles, San Luis Potosí, donde la cuenca del río del mismo nombre forma cavernas subterráneas que tienen un millón de años de antigüedad.

La franja, de al menos 29 cuevas, se extiende hasta Ciudad Mante, en Tamaulipas, y en toda esa región vive la especie Astyanax mexicanus, conocida en algunos sitios como “sardina ciega”.

Además de la captura directa, al hábitat de los “peces ciegos” lo afecta la extracción de agua.

Ante la problemática, Víctor Hugo Reynoso recomendó trabajar en conjunto con las comunidades locales para revertir el daño, así como establecer una relación con la Comisión Nacional de Áreas Protegidas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales para proponer un santuario que detenga el daño a estas especies de aguas subterráneas.


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